Julie Winters y Elis Lovette están obligados a existir en la vida del otro desde nacimiento, pero se volvieron enemigos por mera elección.
El destino parece tener una obsesión retorcida con ellos, pues tras un accidente mortal, ambos terminan despertando dentro de la novela de fantasía que debían leer para un proyecto universitario.
Julie, ahora Odette Montgomery y Elis, ahora Oriel Langford, se ven obligados a contraer matrimonio bajo el papel de la pareja más envidiada del imperio, aunque las ganas de estrangularse continúan evidentes.
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Verdades Inevitables
La mañana llegó envuelta en una intranquilidad colectiva. La llegada de Sky y el cura estaba siendo más expectante que cualquier otro suceso, provocando que todo el mundo anduviera de arriba para abajo.
En los aposentos del príncipe la situación no era muy distinta.
Odette estaba recargada en el pecho de Oriel, ambos con las manos entrelazadas mientras eran testigos de la Guerra Fría entre el emperador y el comandante del reino. Ambos padres, en compañía de sus esposas, llegaron desde temprano con el propósito de compartir sus ideas a la pareja; sin embargo, el retardo de la planeación había vuelto a abrir una brecha de enemistad entre esos dos.
—Realmente no hay prisa para que la boda sea mañana —aceptó la emperatriz, tomando la taza de té que ofreció Ruby.
—Su majestad tiene razón —aceptó la madre de Odette—. De cualquier manera, las noticias ya han llegado a cada rincón de estas tierras, y ya todo el mundo sabe del embarazo temprano de mi hija; es absurdo tratar de ocultarlo.
—Aun así, el matrimonio de mi hija y Oriel es más que suficiente para asegurarme del bienestar de mi preciada joya —respondió el comandante—. No puedo permitir que sea objeto de palabrerías humillantes.
—La boda se realizará después de que Lord Sky y el cura nos confirmen que el embarazo de Odette está en buenas condiciones —declaró el emperador—. Su necia insistencia empieza a mostrarme que parte del consejo tiene razón, Montgomery.
El aludido rechinó los dientes, tensando la mandíbula. Julie, entendiendo un poco de los sentimientos ajenos, apretó la mano de Elis, y este carraspeó la garganta, atrayendo la atención.
—Odette y yo nos casaremos porque nuestros sentimientos son verdaderos; sin embargo, ambos preferimos que la preparación de la ceremonia se tome su debido tiempo, pues Odette aún presenta secuelas de su amnesia.
—Sea como sea, mi única demanda ahora es que mi hija esté en buenas manos durante esta etapa.
—Señor Montgomery —llamó Oriel, levantándose de su lugar con el mentón alto—. Primero desearía morir, antes de permitir que algo le suceda a Odette.
—¡Sus Majestades!
La puerta se abrió y la doncella personal de la emperatriz se asomó con la vergüenza en el rostro cuando las miradas se concentraron en ella; aun así, levantó la mirada con firmeza.
—¡¿Por qué una plebeya ingresa de ese modo?! —espetó el comandante.
—Lo siento mucho, lo siento —reverenció—. El carruaje de Lord Sky acaba de ingresar al palacio.
La noticia los dejó congelados. La emperatriz agradeció y la mujer salió de vuelta, dejando el revuelo a sus espaldas. Julie alcanzó la mano del rubio, tirando de él con suavidad para que volviera a su sitio, mientras las miradas de todos se encontraban entre sí, con un cúmulo de sensaciones concentradas en sus ojos.
Para gusto de todos, la espera no resultó infinita. Lili se encargó de abrir la puerta desde afuera, donde el castaño se hizo presente luego de una semana esperando por él. Su mirada fue directamente a Odette y esta solo pudo quedarse quieta, correspondiendo a su mirada sin tratar de mostrarse incómoda por ello.
—Oh, Sky —se levantó la madre de Odette para abrazarlo—. Lamentamos que el viaje se haya suspendido de esta manera.
—No hay problema —le sonrió, buscando tranquilizar a todos—. Mi prioridad siempre ha sido cuidar de la que es como una hermana para mí.
Los Montgomery sonrieron, pero Julie se mordió la lengua cuando sintió el fuerte apretón en la mano por parte de Elis. Vio al castaño moverse por la habitación con el resto de los ojos encima de él; sin embargo, un ápice de incertidumbre la incitó a negarse y huir de ahí.
—Voy a revisar la condición física de Odette —informó, dejando su maletín en la mesita—. Pero voy a necesitar que todos salgan.
—¿Por qué? Nosotros necesitamos saber lo que ocurre con ella —declaró el comandante.
—Es por protocolos de protección a la intimidad del paciente —explicó—. Les diré todo lo que necesitan, pero es mejor si mantenemos a Odette tranquila.
El silencio explotó. Los mayores esperaban que alguno se negara, pero no lo hicieron; no pudieron contradecir al que en ese momento parecía tener mayor poder que el mismísimo emperador.
—Oriel puede quedarse —agregó, con su atención sobre el maletín.
—De acuerdo, te dejaremos a mi preciada joya en tus manos, Sky —aceptó el comandante—. Estaremos afuera.
La pareja asintió y todo el mundo salió. Julie y Elis intercambiaron una mirada, sin tratar de llamar la atención.
El chico sacó algunas de sus herramientas y se acomodó junto a la sala pequeña, dejando un set de agujas sobre la mesa, junto a un jarabe y alcohol.
El castaño se movió como un experto que sabía perfectamente lo que hacía. Se sentó en la mesita y tomó la mano de Odette, insertando una de las agujas en su palma, mientras empezaba a analizarla en silencio, importando menos la atención de los otros dos sobre él.
—¿Cuándo comenzaron los malestares?
—Hace una semana.
—¿Cuáles fueron los síntomas?
—Vómito, dolor abdominal, mareos y fatiga —murmuró la azabache.
Sky asintió e insertó otra aguja sin romper la concentración.
—¿Qué estuviste tomando?
—Sus doncellas trajeron la medicina que nos diste cuando estuvimos inconscientes —respondió Oriel esta vez.
Los comentarios del castaño no llegaron. Julie notó las cejas arrugadas de Sky, pero intentó mantener la compostura. No obstante, la conmoción se le impregnó en el rostro cuando Sky alzó el rostro con una sonrisa que significaba todo, menos algo bueno.
—¿Qué pasa? —preguntó Oriel.
—No hay ningún heredero en el vientre de Odette —respondió, comenzando a quitar las agujas—. Sufriste una intoxicación alimentaria, pero sanaste debido a mi menjurje.
Los ojos violeta y los esmeralda se cruzaron entre sí. El silencio lleno de una tensión pesada los rodeó y solo fue gracias a la burla del castaño que la pareja pudo volver un poco en sí.
—Fue muy apresurado afirmar que se trataba de un embarazo —comentó, acercando el jarabe a su lugar—. Pero si no quieren una crisis, entonces ustedes dos pueden intentar crear un verdadero embarazo.
—¡Claro que no! —gritó Oriel.
—¡Sobre mi cadáver! —apuntó Odette.
El sobresalto de ambos provocó las cejas altas del tercero. Julie jadeó una risita, tratando de recomponer la postura, acomodando la falda de su vestido con torpeza.
—Quiero decir, no estamos listos para un heredero real —agregó.
—Ustedes dos no deberían actuar tan incómodos con el tema si ya ha surgido un rumor que no se molestaron en negar —aclaró el castaño, con la taza en la mano, levantándose tranquilamente de la mesa—. Quizá pueden engañar a medio mundo, pero a mí ya no.
—¿Qué quieres decir, Sky? —preguntó Julie con la preocupación en la garganta.
—Ya pueden dejar de esforzarse conmigo —los miró—. No sé cómo es esto posible, pero sé que ustedes dos no son la Odette, ni el Oriel que conozco, así que es momento de que escupan toda la verdad antes de que los mande al exilio —exigió.