Laura entró en Valdez Enterprises buscando una carrera, pero encontró una perdición.
Bastó una mirada de Adrián Valdez, su jefe, para que la ingenua joven viera desmoronarse su mundo. Lo que comenzó como una admiración profesional se transformó rápidamente en una obsesión voraz: Laura ya no trabajaba para él, vivía para él. Cada gesto, cada orden fría y cada segundo en su presencia se convirtieron en el combustible de un deseo insaciable.
Pero tras la fachada de poder de Adrián se esconden sombras que ella no está preparada para enfrentar. En esta oficina, el deseo no es un juego, es una trampa. Y Laura, cegada por su propia fijación, está a punto de descubrir que entregarse a su jefe es un placer tan intenso como peligroso.
¿Estás listo para cruzar la línea donde la obsesión se vuelve irreversible?
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Capítulo 24: El Movimiento del Rey.
El sol de la mañana se filtraba por las persianas de nuestra cocina, dibujando líneas de luz sobre la mesa de madera donde yo intentaba, sin éxito, concentrarme en un boceto.
La paz que había sentido tras la noche en el bar con Benjamín se sentía ahora como un cristal fino a punto de romperse.
Escuché los pasos frenéticos de Mariana antes de verla. No era su caminar seguro de siempre; era el paso de alguien que lleva una noticia atravesada en la garganta. Mariana apareció en el umbral con el cabello aún húmedo y una carpeta de cuero apretada contra el pecho.
—Dime que esto es una broma —soltó, dejando caer la carpeta sobre mis planos, justo encima del diseño en el que estaba trabajando—. Dime que la facultad ha cometido un error administrativo.
Dejé el lápiz a un lado, sintiendo un nudo frío instalándose en mi estómago.
—¿Qué pasó, Mari? ¿Te dieron los resultados de las prácticas?
—Peor. Me dieron una sentencia —empezó a caminar de un lado a otro en el reducido espacio de la cocina—. Sabes que este año la Facultad de Derecho decidió que ya no podíamos elegir bufetes. "Convenios de exclusividad", dijeron. Pues bien, el sistema acaba de lanzarme a los leones.
La observaba en silencio, tratando de mantener la calma. Mariana era una mente brillante, la mejor de su clase, pero verla así, al borde del colapso en nuestra propia casa, me inquietaba.
—Me asignaron al departamento legal de Valdez Enterprises —soltó de golpe, deteniéndose frente a mí.
El nombre golpeó las paredes del apartamento como una explosión silenciosa. Sentí que el oxígeno desaparecía de la habitación. Valdez. El imperio de cristal y acero desde donde Adrián gobernaba con una mano de hierro envuelta en guante de seda. El lugar del que yo había logrado escapar a duras penas.
—¿Valdez? —logré articular. Mi voz salió plana, carente de emoción, esa máscara que había aprendido a usar para que él no viera mis grietas.
—¡Sí! —Mariana volvió a ponerse en marcha, gesticulando con desesperación—. Es una pasantía obligatoria de seis meses. Si no acepto, pierdo el año y no puedo titularme este semestre. Empiezo el lunes, Laura. ¡El lunes!
Bajé la mirada a la carpeta, pero ya no veía documentos. Veía la cara de Adrián en el bar hace dos noches, su sonrisa de suficiencia, esa seguridad absoluta de quien sabe que siempre tiene un as bajo la manga.
No era una coincidencia.
Vivíamos juntas; él lo sabía perfectamente. Sabía que Mariana y mi tía eran mi debilidad, mi familia, mi sangre. Haber movido los hilos para que la facultad enviara a mi prima precisamente a su empresa era una jugada maestra de control. Una trampa diseñada para obligarme a levantar el teléfono y suplicar.
—Es una empresa enorme, Mariana —dije, haciendo un esfuerzo sobrehumano para que mis manos no temblaran sobre la mesa—. Estarás en el departamento legal, en las plantas bajas. Él... el CEO... está en su burbuja de cristal arriba. Es probable que ni siquiera sepas que existe.
Mariana se detuvo y me miró con el ceño fruncido. Me conocía demasiado bien.
—Te has quedado pálida, Laura. Sé que trabajar con Adrián Valdez no fue una buena experiencia, pero ¿es tan terrible como dicen? ¿Crees que será un infierno trabajar allí?
Sentí un impulso violento de contarle la verdad. De decirle que Adrián no era solo un jefe difícil, sino un depredador emocional que usaba a las personas como piezas de ajedrez. Quise advertirle sobre cómo te envolvía con su carisma antes de asfixiarte. Pero me detuve justo a tiempo.
Si le contaba lo que Adrián me había hecho, Mariana entraría a ese edificio con un miedo paralizante que la haría cometer errores. O peor, renunciaría a su carrera por protegerme. No podía permitir que Adrián le robara también el futuro a ella.
—Es un hombre extremadamente exigente —respondí, eligiendo cada palabra como si caminara sobre minas—. No tolera errores. Pero tú eres brillante, Mariana. Solo tienes que ser profesional, mantener la cabeza baja y hacer tu trabajo. No dejes que el nombre de la empresa te intimide.
Mariana suspiró, dejando que sus hombros cayeran un poco. Se sirvió una taza de café con manos todavía algo temblorosas.
—Tienes razón. Es solo una empresa. Un edificio de oficinas. No puedo dejar que mi carrera se detenga por una mala reputación. Solo espero no tener que cruzarme con él en un ascensor.
—No pasará —mentí, forzando una sonrisa—. Estarás demasiado ocupada con contratos como para verle la cara.
Mariana terminó su café, pareciendo recuperar un poco de su chispa. Se enderezó la chaqueta del pijama como si fuera un traje de luces y me dio un beso rápido en la mejilla antes de irse a su cuarto a cambiarse.
—Bueno, al menos estaré en casa todas las noches para contarte el drama. Prepárate, prima, porque el lunes esta cocina se convierte en una zona de guerra jurídica.
Cuando se cerró la puerta de su habitación, me quedé sola en la cocina. El silencio del apartamento ya no era cálido; se sentía como la calma antes de un asedio.
Caminé hacia la ventana y miré hacia el horizonte de la ciudad. A lo lejos, la torre de Valdez Enterprises destacaba contra el cielo, un monolito de espejos que parecía vigilarme. La jugada de Adrián era clara: si quería proteger a Mariana, si quería saber qué le estaba haciendo o cómo la estaba tratando, yo tendría que acercarme a él. Él no había ido a buscarme esta vez; había traído el peligro a mi propia casa.
Tomé mi teléfono y vi un mensaje de Benjamín: "Encontré unos acabados para el cliente difícil, que te van a encantar. ¿Nos vemos el lunes?".
Apreté el dispositivo contra mi pecho.
La paz que Benjamín me ofrecía era real, pero la sombra de Adrián ahora dormiría en la habitación de al lado.
—No vas a usarla, Adrián —susurré para mí misma, con una rabia fría naciendo en mis entrañas—. No te lo permitiré.
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💕Queridas lectoras... Por favor den me gusta cuando terminen de leer un capítulo.💕
solo la quiere de espectadora y a ser la sufrir más
y más loca ella sintiendo celos de su prima 🙄🙄🙄 patética Adrian solo las utiliza como trapos y las desecha y ella cree que con ella cambiará
jajajaj