El destino los unió… pero no para salvarlos. Cuatro jóvenes, atados por cadenas invisibles, vivirán en un mundo donde la traición se respira y los reinos se arrebatan con sangre. La maldad intentará borrarlos. Ellos aprenderán a usarla. Porque en esta historia, la libertad tiene un precio… y no todos están dispuestos a pagarlo.
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INESPERADO.
...Reino de Norvak ...
El pasillo estaba en silencio mientras Erian y Aria caminaban hacia los aposentos del joven.
—No debió pasar así —La reina rompió el silencio —. Mi esposo no suele mostrarse de ese modo. — añadió apenada.
Erian solto una risa pequeña mientras negaba con la cabeza.
—No es enojo —respondió—. Es rechazo.
Aria lo miró de lado, como si buscara las palabras correctas.
—No lo veas así, por favor.
—Es difícil no hacerlo. Cada vez que avanzo, cada vez que aprendo… —se detuvo un segundo—. Cada vez que me acerco más a ser Melgar, parece incomodarlo más. Como si preferiría que fallara —Se detuvo o frente a su puerta y se giró para vela de frente.
Aria notó que ya era mucho más alto que ella.
—Fueron ustedes quienes me pidieron esto —añadió—. Que me convirtiera en él.
Aria respiró hondo antes de responder.
—Hablaré con Reynar —dijo—. Te lo prometo, Melgar.
Erian asintió cansado por la situación.
Pero Justo antes de entrar antes de que Aria se marchara. —¿Cómo es que nadie se ha dado cuenta? —preguntó—. Los maestros… los médicos… todos.
La reina suspiró y bajo la voz. —Muy pocas personas vieron al verdadero príncipe. Solo el antiguo sabio del reino y su maestro de magia práctica, ambos murieron durante la guerra, igual que él. — Erian notó que a ella se le cristalizaron los ojos.—Era peligroso que estuviera fuera del confinamiento —continuó—. Los sirvientes tenían horarios estrictos para acercarse a sus aposentos. Solo cuando se sabía con certeza que Melgar no estaria ahí. — Hizo una pausa. —Cuando yo llegué al castillo, empezó a salir un poco más… parecía que todo comenzaba a ordenarse.— La tristeza le cruzó el rostro. —Entonces el ala fue destruida. Murió junto con su maestro y el gran sabio.— Guardó silencio. —Fingimos que fue secuestrado. Dijimos que no habíamos logrado recuperarlo.— Aria levantó la mirada hacia él. —Melgar se volvió importante para mí —dijo con suavidad—. Más de lo que debía.
Erian asintió, despacio. —Gracias por decírmelo.
Aria asintió con una sonrisa. —Descansa —dijo—. Mañana continuarás con tu preparación.
Erian abrió la puerta. —Buenas noches, majestad — hizo una reverencia.
La puerta se cerró tras él.
Aria permaneció unos segundos en el pasillo, suspiró y luego se marchó.
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Erian había aprendido el camino hacia los Rulkans, le gustaba mucho ir a verlas, pero se acercaba demasiado, era peligroso, solo se sentaba en una roca de la cueva y las observaba por horas.
—Te advertí que no vinieras aquí.— La voz de Reynar sonó dura.
Erian no se sobresaltó, llevaban un par de años de conocerse pero convivían poco.
El rey estaba evidentementee molesto.
—Este lugar es un secreto de la corona —continuó—. Lo que acabas de hacer es una falta grave.
—Solo estoy observando —respondió Erian—. No he tocado nada.
—No importa —Reynar avanzó—. Tu presencia aquí pone en peligro todo.
Erian frunció el ceño.
—¿Qué peligro? —preguntó—. LosRulkans no se vinculan. No lo han hecho en siglos y no lo harán. No hay nada que proteger.
Reynar apretó la mandíbula ante la desobediencia. —No sabes de lo que hablas.
—Lo que sé — Erian se puso de pie, cruzando sus manos por detras. — es que ocultarlas no cambia nada. Son solo criaturas encerradas por un miedo antiguo.
Reynar se detuvo frente a él. — Sabía que no tenías lo necesario.
— Tengo lo necesario para lo que me propongo. Lo que puedan obtener de mi en el proceso no me importa.
— Sal de aquí — ordenó Reynar
Erian lo reto con la mirada —. ¿O que? ¿Va a castigarme por mirar majestad? ¿Por intentar entender?
A Erian no le daba miedo el rey, no había cosa en el mundo que le provocara miedo ahora.
El rey lo sujetó de la camisa con fuerza.
—Yo soy tu rey muchacho.
— Yo no tengo un rey. — Declaró Erian.
—No entiendes nada —dijo entre dientes—. No sabes lo que espero de ti. No sabes lo que está en juego.
Erian apretó los puños, por un segundo olvidó que estaba frente a su rey.
“No permitiré que nadie, vuelva decirme que hacer, no permitiré que nadie vuelva a tratarme como un maldito títere.”
—¿Y cómo se supone que lo sepa —espetó— si nunca se acerca a hablarme?
El aire se volvió denso.
Reynar respiraba con dificultad. Erian también.
Entonces un rugido resonó desde las alturas, un rugido que parecia desgarrar la garganta de una de las bestias.
Una descendió, sus alas se desplegaron con fuerza, levantando polvo y hojas volando hacia ellos.
Ambos se tensaron, pensaron que los atacaría, lo que hizo que Reynar aflojara el agarre.
La creatura se posó frentes a ellos haciendo el suelo vibrar y rugió, ambos retrocedieron, la bestia se acercó lentamente, provocando que Reynar y Erian se alejaran el uno del otro en sentidos opuestos.
La bestia seguía rugiendo sin apartar la vista del rey, hasta que quedó entre ambos, los ojos blancos de ambos se cruzaron.
Rugió de nuevo.
Erian quedó inmóvil, el corazón golpeándole el pecho.
La criatura mantuvo su posición.
¿Acaso estaba… protegiendo Erian?
Reynar miró al Rulkan … luego a Erian.
¿Que carajo era lo que pasaba?
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...Reino de Zayon ...
Había pasado mucho tiempo desde que el matrimonio de Amaia había sido anunciado.
Ese mismo tiempo era el que llevaba sin bajar a los calabozos.
No se le permitía.
Su padre lo había dejado claro la única vez que lo intentó de nuevo. Se dio cuenta. Y Amaia entendió que insistir solo haría que el castigo hacia su hermana fuera peor, así que no volvió a intentarlo.
A pesar de su magia, de su título, de todo lo que poseía, no podía ayudar a su hermana. No podía siquiera verla. Los calabozos se habían convertido en un lugar prohibido, y se frustraba.
Enzo, quien se había ganado su confianza, siguió cerca de él a pesar de no ser correspondida, pero ya no como antes, aún le guardaba cariño, pero ahora lo miraba como una pieza más, algo que, llegado el momento, podría usar a su favor.
El dia que debía partir habia llegado, Amaia iba a casarse, con el rey de otro reino.
El carruaje llegó, Su padre ni siquiera apareció para decir adiós pero eso no le sorprendía en lo absoluto.
Enzo tampoco iría con ella, El hombre con quien había conspirado contra su propio padre se quedaría en el reino.
Amaia subió al carruaje dirigiéndole una última mirada a lord Enzo.
Cuando las puertas se cerraron y los caballos comenzaron a avanzar, Amaia no lloró, se quedó quieta, con la espalda recta y el corazón hecho pedazos, mientras el reino de Zayon desaparecía lentamente detrás de ella.
El viaje fue largo tedioso, el trayecto era largo y agotador. El reino de Norvak estaba a semanas, quizá a meses de distancia, avanzaban durante días, se detenían a descansar, y luego volvían a partir, hubo un momento en el que cruzaron por una bosque justo antes de que cayera la noche, jamás había visto tal paisaje, algunas flores brillaban, quiso detenerse para observar mejor, pero uno de los guardias dijo que era peligroso, no le quedó más que obedecer pero nunca olvidaría tal vista.
Se sorprendió, pues se suponía que el reino de Norvak se cubría principalmente por nieve.
Para mantenerse ocupada, llevaba el libro de hechizos prohibidos, que había encontrado y lo repasaba, tambien se dio a la tarea de investigar, había llevado libros del reino de su futuro prometido.
Había investigado sobre el cuando se enteró del compromiso, sabía poco de él., casi nadie lo había visto, decían que era un joven príncipe, heredero al trono del reino de Norvak un reino golpeado por una guerra civil que había terminado hacía varios años.
Tenía sentido lo más seguro era que el reino hubiese terminado en ruinas y por eso su padre ahora la casaba, para luego invadir ese reino.
—Qué estupidez… —murmuró para sí misma, con amargura.
El viaje continuó ya estaba cansada de permanecerse en el carruaje.
Cuando Amaya bajó, lo hizo con cuidado. El castillo frente a ella la impresionó de inmediato. No era más lujoso que el de Zayon, pero sí era distinto. La decoración, las formas, los colores… todo hablaba de otra historia, de otra magia. El castillo parecia una maldita fortaleza. Y los jardines a su alrededor eran bastos y coloridos.
Guardias la rodearon en silencio.
Una mujer mayor se acercó. No vestía como noble.
—Princesa Amaia Halberock del reino de Zayon —dijo con voz clara e hizo una reverencia.—. Bienvenida al reino de Sloughware.
Amaya frunció el ceño.
¿Sloughware?
—¿Reino de Sloughware? —repitió, confundida.
—Así es majestad, por favor acompáñeme.
El cuerpo de Amaya se tensó por completo ¿No iba a Norvak? ¿No iba a casarse con el príncipe que había investigado, con el heredero caído de un reino en ruinas? No puede ser estaba en estaba en Sloughware, un reino del que no sabía nada o no demasiado.
Esto provocó que soltara algo impropio de una princesa.
— ¡Ay mierda!