"Lo soñé mil veces antes de conocerlo. Ahora, él es mi única salvación... o mi perdición."
Bibiana siempre soñó con un hombre misterioso y con el sabor de la sangre. Al mudarse a Finlandia, el hombre de sus sueños se vuelve real. Adam es protector, letal y oculta un secreto que podría matarla.
Mientras su padre huye de un pasado oscuro, el cazador está cada vez más cerca. En un mundo donde los vampiros dominan las sombras, Bibiana descubrirá que no es una humana común: ella está Destinada a un Amor Inmortal.
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Capítulo 15 - Corazones rotos
El Bosque de Finlandia – El enfrentamiento
.—¡Bibiana! —el grito de Matt rasgó el aire como un látigo.
Los dos se separaron de golpe. Bibiana sintió que la sangre se le helaba en las venas al ver el rostro desencajado de su novio.
—¡Matt!
—¿Cómo pudiste hacerme esto? —preguntó él, con la voz rota y las lágrimas corriendo por sus mejillas—. ¡Dime cómo pudiste!
—Matt, no es lo que piensas… —balbuceó ella, intentando dar un paso hacia él, pero el sentimiento de culpa la anclaba al suelo.
—¿No es lo que pienso? ¡Te estabas besando con este tipo! ¡Y no era un beso cualquiera, Bibiana! —rugió Matt, señalando a Adam con desprecio.
Adam dio un paso al frente, tratando de desviar la furia de Matt hacia él.
—Es mi culpa. Yo la besé sin su consentimiento —mintió, intentando proteger a Bibiana de la humillación.
—¡Y a ti te voy a romper la cara por meterte con mi novia! —gritó Matt, perdiendo el control por completo.
—¡Matt, no! —suplicó Bibiana.
Matt se lanzó hacia adelante, lanzando un puñetazo con toda su rabia, pero Adam fue más rápido. Con una velocidad que ningún humano podría igualar, atrapó el brazo de Matt en el aire. La fuerza de su agarre fue tal que se escuchó un crujido leve.
—¡Ah! ¡Mi brazo! —exclamó Matt, retorciéndose de dolor.
—A nadie le permito que me golpee —sentenció Adam con una frialdad gélida, sosteniéndolo con una fuerza de acero.
—¡Desgraciado! ¡Suéltame! —Matt forcejeaba inútilmente, dándose cuenta de que la fuerza de aquel hombre no era normal.
—¡Adam, suéltalo, por favor! —gritó Bibiana, desesperada al ver la violencia en los ojos de Adam.
Adam la miró por un segundo y, al ver el miedo en su rostro, su expresión se suavizó. Soltó a Matt de golpe, como si fuera un estorbo. Matt retrocedió, sujetándose el brazo herido y jadeando.
Bibiana intentó acercarse. —¿Matt, estás bien?
—¡No me toques! —espetó él, apartándose de ella como si su contacto le quemara—. No quiero saber nada más de ti. Te dejo con tu amante. Espero que seas muy feliz.
Matt se dio la vuelta y se alejó por el sendero, herido en su orgullo y en su corazón. Bibiana se derrumbó allí mismo, rompiendo en un llanto amargo.
—Yo hablaré con él —dijo Adam, sintiéndose miserable al verla sufrir—. Me meteré en sus sueños y le aclararé que yo fui el único responsable…
—No —lo cortó ella, secándose las lágrimas con rabia—. Esto es algo que yo misma tengo que arreglar.
Bibiana se fue, siguiendo el rastro de Matt, dejando a Adam solo en el claro. Él observó sus propias manos, aquellas que acababan de lastimar a un humano solo por celos.
—¿Qué he hecho? —susurró para sí mismo, con la culpa pesándole más que su propia inmortalidad—. Acabo de destruir lo único que la hacía feliz.
Las Calles del Pueblo
Bibiana seguía a Matt a paso rápido, intentando alcanzarlo mientras él caminaba con los puños apretados y el corazón destrozado.
—¡Matt, por favor, escúchame! —suplicó ella, con la voz entrecortada.
—¡No quiero escucharte! ¡Déjame en paz! —gritó él sin detenerse, con una furia que ella nunca le había visto.
—¡Deberías hacerlo porque es importante! —insistió Bibiana, logrando que él se detuviera en seco.
Matt se giró de golpe, con los ojos rojos por la rabia y el llanto.
—Está bien, habla. ¿Desde cuándo me estás engañando con ese imbécil?
—Yo nunca te he engañado con Adam —respondió ella, tratando de mantener la calma.
—¡Qué cínica eres, Bibiana! —espetó él con una risa amarga.
—¡Es la verdad!
—¿Y cómo explicas lo que vi en el bosque? ¿Cómo explicas ese beso?
Bibiana bajó la mirada, sintiendo que el peso de la culpa la asfixiaba.
—Está bien... él y yo nos besamos. Pero solo fue eso, Matt. Te lo juro, de ahí no ha pasado nada más.
Matt dio un paso hacia ella y la sujetó suavemente por los hombros, obligándola a mirarlo. Su voz se volvió un susurro cargado de dolor.
—¿Estás enamorada de él?
—¿Por qué me preguntas eso? —balbuceó ella, intentando esquivar su mirada.
—¡Quiero saberlo! ¿Te enamoraste de él? —insistió Matt, buscando una respuesta en sus ojos.
Bibiana se quedó callada. El silencio se prolongó, volviéndose una respuesta en sí misma. Sus labios temblaban, pero no podía mentirle más.
—Respóndeme —exigió él, con un nudo en la garganta.
—Sí... me enamoré de él —confesó Bibiana al fin, dejando que las lágrimas cayeran libremente.
Matt retrocedió como si le hubieran dado un golpe físico.
—No puede ser... no es posible.
—¡Pero también estoy enamorada de ti! —gritó ella con desesperación—. ¡Ese es mi problema, Matt! ¡No sé a quién quiero más de los dos!
—Si de verdad me amaras, no te habrías enamorado de otro hombre —sentenció él con una frialdad absoluta—. Ahora lo veo todo claro. La razón por la que me rechazaste en aquel hotel, la razón por la que no pudiste entregarte a mí... era porque estabas pensando en él.
—Perdóname, Matt... yo no quería hacerte daño —sollozó ella, cubriéndose el rostro con las manos.
—Lo hiciste, Bibiana. Y de la peor manera posible —Matt se dio la vuelta, dándole la espalda definitivamente—. No tengo nada más que decirte. Desde este momento, lo nuestro se terminó.
Él se alejó sin mirar atrás, dejándola sola en medio de la calle fría. Bibiana se hundió en su dolor, viendo cómo el hombre que había sido su seguridad se marchaba para siempre.
—Matt... lo siento tanto —susurró para nadie, mientras su mundo terminaba de desmoronarse
Casa de los Anderson – Habitación de Bibiana
Horas más tarde, Bibiana estaba sumida en un mar de lágrimas en su cama. Elena entró y se sentó a su lado, escuchando el relato de la catástrofe.
—Te lo advertí, Bibi —dijo Elena con tristeza—. Ese hombre te enamoró poco a poco hasta que destruyó lo que tenías con Matt.
—¡Adam no tiene la culpa! —defendió Bibiana entre sollozos—. La culpa es mía por no ser sincera. Pero ahora solo quiero estar sola. Necesito aclarar mis sentimientos.
—No seas tonta. Si no recuperas a Matt ahora, será demasiado tarde —insistió Elena, pero Bibiana solo se cubrió con la manta, hundiéndose en su dolor.
El Reino de los Sueños – El sacrificio de Adam
En la cabaña, Adam no podía dejar de pensar en el rostro destrozado de Bibiana. "Ella amaba a Matt antes de que yo llegara. Soy un intruso en su destino", se recriminó. Tomando una decisión dolorosa, cerró los ojos y buscó la mente de Matt, que dormía un sueño inquieto y lleno de resentimiento.
Matt se vio a sí mismo caminando por el bosque del encuentro. De pronto, Adam apareció frente a él.
—¿Qué haces en mis sueños, infeliz? —le gritó Matt, intentando despertar.
—Escúchame, Matt —dijo Adam con calma—. Vine a decirte que Bibiana te ama a ti. Yo fui quien la forzó, quien entró en su vida sin permiso. Ella aún no se da cuenta, pero tú eres su verdadero amor.
—¡Mientes! —replicó Matt—. La vi besarte con ganas.
—Fue una confusión momentánea. Ella es humana, pertenece a tu mundo, no al mío —mintió Adam, sintiendo que cada palabra le desgarraba el alma—. No la dejes ir por mi culpa. Yo me haré a un lado.