Wishcalia es una mujer de carácter férreo: fuerte, dominante y acostumbrada a que nadie le doble la voluntad.
Al conocer a Alexander, un amor profundo e inesperado nace entre ellos. Se casan, forman una hermosa familia y llenan su hogar de risas y hijos. Juntos parecen invencibles.
Sin embargo, la armonía se quiebra cuando su suegra empieza a manipular y sembrar conflictos con sus intrigas. Como si eso no fuera suficiente, el primer amor de Alexander reaparece con una pasión renovada, removiendo viejos sentimientos y poniendo a prueba los límites de su matrimonio.
Entre celos, secretos familiares y deseos del pasado que resurgen con fuerza, Wishcalia deberá usar toda su fuerza y astucia para proteger lo que más ama. Porque en esta historia, incluso la mujer más poderosa puede verse obligada a luchar por su felicidad.
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El nacimiento y la sombra
El parto llegó dos semanas antes de lo esperado.
Era una noche de tormenta. Wishcalia se despertó con un dolor agudo que le recorrió la espalda y el vientre. Se incorporó en la cama, respirando con control, y despertó a Alexander con voz firme pero tranquila.
—Está llegando. Llama al doctor y prepara el auto.
Alexander se levantó de un salto, todavía medio dormido, pero actuó con rapidez. La niñera se quedó con Mateo y Sofía, que dormían profundamente. En el camino al hospital, Wishcalia apretaba la mano de Alexander con fuerza, pero su rostro permanecía sereno.
—No voy a perder el control —susurró entre contracciones—. Ni ahora ni nunca.
El parto fue largo pero sin complicaciones graves. A las 4:17 de la mañana nació una niña. Pequeña, con el cabello oscuro como el de Wishcalia y los ojos verdes de Alexander. La llamaron Valentina.
Cuando la enfermera colocó a la bebé sobre el pecho de Wishcalia, ella sintió una oleada de amor tan intensa que le llenó los ojos de lágrimas. Besó la cabecita húmeda de su hija y miró a Alexander, que lloraba sin vergüenza.
—Es perfecta —dijo él con voz quebrada.
—Es nuestra —respondió Wishcalia, con voz ronca pero fuerte—. Y la voy a proteger como a los otros dos.
Los primeros días en el hospital fueron de felicidad contenida. Mateo y Sofía fueron a conocer a su hermanita y se emocionaron tanto que no querían irse. Wishcalia, aún recuperándose, mantenía el control: organizaba las visitas, revisaba los informes de seguridad desde la cama y hablaba con su asistente sobre la empresa.
Al cuarto día, cuando ya estaban por regresar a casa, recibió una llamada de su detective.
—Señora, tengo información urgente. Elena se reunió con Camila ayer por la tarde. No fue una reunión casual. Hablaron durante casi una hora en un café privado. Camila le entregó un sobre. No pude ver el contenido, pero Elena salió muy satisfecha.
Wishcalia apretó el teléfono con fuerza, mirando a la pequeña Valentina que dormía en su cunita.
—Quiero que sigas a las dos las 24 horas. Y quiero saber exactamente qué había en ese sobre lo antes posible.
Cuando colgó, Alexander entró a la habitación con un ramo de flores.
—¿Todo bien? —preguntó al ver su expresión.
Wishcalia lo miró directamente.
—Elena y Camila se reunieron ayer. No creo que sea coincidencia que lo hagan justo cuando Valentina nace.
Alexander se sentó en la cama y tomó su mano.
—Wishcalia… han pasado seis meses. Tal vez mi madre realmente quiere cambiar.
Ella soltó una risa corta y amarga.
—Las personas como tu madre no cambian. Solo esperan el momento perfecto para atacar. Y este momento —miró a su hija recién nacida— es perfecto para ellas.
Al día siguiente regresaron a casa. La mansión estaba llena de globos y detalles preparados por la niñera. Mateo y Sofía recibieron a su hermanita con besos y abrazos cuidadosos. Wishcalia se sentó en el sofá, con Valentina en brazos, y sintió por un momento que todo estaba en su lugar.
Pero esa misma noche, mientras Alexander dormía, Wishcalia recibió otro mensaje del detective:
“Elena ha solicitado una audiencia de emergencia para revisar las condiciones de las visitas ahora que hay un nuevo miembro en la familia. Quiere incluir a Valentina desde el principio.”
Wishcalia se quedó mirando la pantalla en la oscuridad. Luego miró a su hija, que dormía plácidamente en la cunita junto a la cama.
—No —susurró—. No vas a tocarla.
Al día siguiente, Wishcalia convocó una reunión con su abogado desde casa. A pesar de estar en recuperación, su voz era firme y su mente clara.
—Quiero oponerme a cualquier intento de Elena de acercarse a Valentina antes de que cumpla al menos seis meses. Y quiero que se refuerce la supervisión en todas las visitas. Si Elena menciona a Camila aunque sea de pasada, la visita se cancela inmediatamente.
Alexander, que estaba presente en la llamada, apoyó todas sus decisiones.
Esa noche, después de que los niños mayores se durmieran, Wishcalia se duchó con cuidado y se puso un camisón suave. Se metió en la cama junto a Alexander y lo despertó con besos lentos en el cuello.
—A pesar de todo —susurró—, todavía te deseo. Todavía te necesito.
Alexander la miró con ternura y pasión.
—Estás recién parida… ¿estás segura?
—Estoy segura —respondió ella, tomando el control como siempre.
Se movió sobre él con cuidado, pero con la misma dominación que lo volvía loco. Sus movimientos fueron más suaves por la recuperación, pero sus manos y su mirada seguían exigiendo entrega total. Alexander la sujetó con devoción, besando su cuello y su pecho, susurrando cuánto la amaba mientras ella marcaba el ritmo.
Cuando terminaron, Wishcalia se quedó abrazada a él, con la cabeza sobre su pecho.
—Vamos a tener una familia hermosa —dijo en voz baja—. Pero si alguien intenta quitármela… voy a destruirlos.
Alexander la apretó más fuerte.
—No dejaré que nadie lo intente.
Sin embargo, tres días después, llegó la notificación: Elena había presentado la solicitud para incluir a Valentina en las visitas supervisadas. Además, pedía que las visitas pasaran de una a dos veces al mes.
Wishcalia leyó el documento con una sonrisa fría.
—Que lo intente —susurró.
Miró a Valentina, que dormía en sus brazos, y luego a Mateo y Sofía que jugaban en el suelo.
Esta vez no solo defendía su matrimonio.
Defendía a sus tres hijos.
Y Wishcalia nunca había sido más peligrosa que cuando protegía a su sangre.
La guerra, que parecía dormida, acababa de despertar de nuevo.
Y ella estaba lista para enfrentarla.