Sebastián, un huérfano de 16 años rechazado por su heterocromía, solo encontraba consuelo en las novelas BL… especialmente en el villano, a quien siempre admiró.
Tras morir de hambre en un orfanato, despierta en un mundo imposible:
ha reencarnado como el hijo del villano.
Ahora llamado Sirio, con recuerdos intactos y una mente adulta atrapada en un cuerpo de bebé, decide cambiar el destino después del final de la historia.
Su objetivo es claro: hacer feliz a su papá villano.
¿El candidato perfecto para ser su mamá?
El asistente omega serio, elegante y demasiado ignorado por el destino original.
Entre escenas tiernas, momentos ridículamente graciosos y un bebé que claramente sabe demasiado, comienza una comedia BL de reencarnación donde el más pequeño… es quien manda.
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Capítulo 19 — La aclaración que aclaró muy poco
Lucien decidió que no iba a “aclarar” nada.
No porque los rumores no le importaran —le importaban lo suficiente como para no permitir que dañaran a Noctis—, sino porque cualquier aclaración pública corría el riesgo de volverse un espectáculo. El castillo no necesitaba más ojos curiosos. Necesitaba normalidad.
El problema era que la normalidad, últimamente, se veía muy distinta a lo que todos recordaban.
Noctis fue quien recibió la invitación formal para una reunión breve con representantes del consejo menor de la ciudad. El tono era educado, el motivo vago: “ordenar percepciones”. Noctis entendió la frase al instante.
—Quieren que se diga algo —murmuró, entregándole la carta a Lucien—. Algo que tranquilice.
Lucien leyó el mensaje sin expresión.
—No vamos a tranquilizar a nadie con palabras —respondió—. Lo haremos con hechos.
Sirio, en brazos de la niñera, miró la carta con atención como si pudiera leerla.
☁️ Hechos > palabras.
☁️ Perfecto. Eso significa escena pública con proximidad controlada.
La reunión se llevó a cabo en el salón lateral del consejo, un espacio menos solemne que la gran sala, pero lo bastante visible como para que cualquier gesto se multiplicara en comentarios al día siguiente. Los representantes esperaban con sonrisas diplomáticas que ocultaban la curiosidad.
Lucien entró primero. Noctis a su lado. La niñera detrás, con Sirio despierto y atento.
—Mi lord —saludó uno de los consejeros—. Agradecemos su disposición para… aclarar ciertos malentendidos.
—No hay malentendidos —respondió Lucien—. Hay personas mirando más de lo que corresponde.
El consejero carraspeó.
—Lo que queremos es evitar interpretaciones que puedan afectar la imagen del castillo.
Noctis tensó los hombros. Lucien lo notó.
—La imagen del castillo es su estabilidad —dijo—. Y su estabilidad depende de que quienes trabajan aquí puedan hacerlo sin convertirse en objeto de especulación.
Sirio decidió que era un buen momento para exigir brazos.
Estiró los deditos hacia Noctis con un pequeño sonido de protesta. No era llanto; era demanda. La niñera, por costumbre, miró a Lucien en busca de permiso.
Lucien asintió.
Noctis tomó al bebé. Sirio se acomodó de inmediato contra su pecho.
Los consejeros observaron la escena con una atención que no disimulaban.
—El heredero parece… preferir al asistente —comentó uno, midiendo cada palabra.
Lucien respondió sin levantar la voz:
—Mi hijo prefiere a quien lo calma. Eso no es un mensaje político.
El silencio se instaló.
Sirio, satisfecho, pensó:
☁️ Mensaje emocional: entregado.
Los consejeros intentaron reconducir la reunión hacia términos más “neutrales”: protocolos, horarios, límites de exposición pública. Lucien escuchó con paciencia estratégica. Noctis respondió cuando era necesario, con precisión.
En un momento, un consejero joven se atrevió a decir:
—Tal vez… una aclaración explícita ayudaría a detener los rumores.
Lucien lo miró.
—¿Qué aclaración espera? —preguntó—. ¿Que declare que confío en mi asistente? Eso ya es evidente. ¿Que declare que mi hijo está a salvo con él? Eso es un hecho.
El consejero se quedó sin réplica.
Noctis sintió un calor inesperado en el pecho. No era romanticismo. Era reconocimiento.
Sirio bostezó, como si la política le pareciera aburrida.
☁️ Adultos hablando de “percepciones” cuando lo único real es quién te sostiene cuando tienes sueño.
Al salir del salón, el rumor ya estaba mutando otra vez.
No hacia el escándalo.
Hacia la certeza tibia de que el castillo estaba cambiando.
En el patio, un grupo de sirvientes se apartó con respeto. Noctis bajó la vista por costumbre. Lucien, sin pensarlo, ajustó la manta del heredero con un gesto breve.
Sirio, viendo la proximidad perfecta, estiró la mano hacia la capa de Lucien y la apretó.
Lucien no la retiró.
Noctis lo miró de reojo.
—No tiene que…
—Lo sé —respondió Lucien—. Pero no molesta.
Sirio, triunfante, se acomodó mejor.
☁️ Proximidad normalizada: éxito.
Esa tarde, en el ala del heredero, ocurrió el “accidente” que Sirio había planeado sin saber que lo planeaba.
Noctis se inclinó para dejar al bebé en la cuna. Lucien estaba demasiado cerca revisando la temperatura del brasero. En un movimiento torpe de bebé, Sirio soltó un pequeño sonido de protesta y estiró los brazos al mismo tiempo hacia ambos.
Noctis se detuvo. Lucien también.
Ambos quedaron inclinados sobre la cuna, a una distancia peligrosamente corta. Demasiado cerca para ser indiferente. No lo bastante cerca para ser algo más.
El silencio fue espeso.
—Puedo… —empezó Noctis.
—Yo… —empezó Lucien al mismo tiempo.
Se quedaron callados.
Sirio miró de uno a otro con la seriedad de quien acaba de ejecutar una maniobra de alto nivel.
☁️ Escena de proximidad forzada: completada.
Lucien fue el primero en retroceder un poco, carraspeando.
—Déjalo dormir —dijo.
Noctis asintió.
Ninguno mencionó lo cerca que habían estado.
Esa noche, Lucien volvió a detenerse frente a la cuna.
—No voy a aclarar nada —murmuró—. No voy a desmentir lo que no existe.
Sirio respiró tranquilo.
☁️ No hace falta aclarar cuando el presente se construye solo.
Lucien exhaló.
Tal vez no hace falta “aclarar” cuando el presente se construye solo.