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Una Jugada Del Destino

Una Jugada Del Destino

Status: En proceso
Genre:Triángulo amoroso / Reencuentro / Amor eterno / Romance
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Abigail Limón

La vida de Ricardo parece estar completa, tiene una novia hermosa y un empleo prometedor pero un día al reencontrarse con un amor del pasado se dará cuenta que su vida había estado vacía todo ese tiempo. Sin dudarlo más tiempo decide recuperar el amor de aquella mujer que alguna vez tiempo atrás lo había sido todo para él, aunque no le será del todo fácil.

NovelToon tiene autorización de Abigail Limón para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La esperanza

¡Quiero que te alejes de mi hija! ¿¡Me escuchaste!?—dijo la madre de Angie mirándome directo a los ojos; yo no tenía miedo, al menos no como ella esperaba. Las palabras de esa mujer sonaban amenazantes, pero no me dejaría intimidar por ella, yo no iba a dejar a Angie sola, menos después de que ví como esa mujer la había maltratado —¡no voy a permitir que te sigas interponiendo en nuestros planes! 

Ante la hostilidad de esa mujer solo tenía una opción, no sería fácil, mis padres también me habían pedido que la dejara, no podría contar con su apoyo, pero con la valentía que me infundía el que Angie no estuviera dispuesta a renunciar a lo nuestro me atreví a responder. 

—Y que si no lo hago, señora. Que pasa si no me quiero alejar de ella. 

—¡No me retes, mocoso!

El relámpago de furia que ví en sus ojos me hizo retroceder un paso, entonces sí tuve miedo, un poco por mi pero más aún por Angie, me inquietaba que esa mujer le pudiera hacer algo malo; era su madre sin embargo, me preocupaba que la siguiera golpeando. 

—Angelica aún es menor de edad y tú ya cumpliste los dieciocho, o me equivoco —una sonrisa burlona se dibujó en su rostro, de qué cosa sería capaz esa mujer, era como si esa señora intuyera  mis planes —podría acusarte de violación. 

—Eso no es verdad —me defendí y quizás levanté un poco la voz pero no pude evitarlo. 

—Estaba en tu casa, sabe Dios que estaban haciendo ahí —se rió, era como una hiena que se burlaba de mi. 

—No pasó nada. 

—Pero pasará, si te la llevas te voy a denunciar, y si eso no es suficiente no me va a importar lo que ella diga, me la llevaré lejos de aquí para que jamás la vuelvas a ver. 

—Usted no puede hacernos eso —probablemente esa mujer notó la desesperación en mí voz y se aprovechó de eso, no lo sé. 

—Es mi hija y puedo hacer lo quiera con ella, si yo quiero… la mató a golpes. 

Sus palabras hicieron eco en mi mente y me paralizaron por completo; acaso una madre sería capaz de hacerle eso a su hija, esa mujer sería capaz de hacerle daño a mi Angie. 

Los días seguían pasando apurados, yo solo trataba de no dejarme envolver por el ajetreado ritmo del trabajo. Trataba cada día de encontrarme de frente con Angie para saludarla y detenernos a hablar un poco, pero no estaba haciendo suficiente, ella era amable y seguía mirándome de esa forma pero no sabía cómo podía invitarla a salir si cada vez que hablábamos ella hacía mención de su amiga Mónica. Angie ya sabía que Mónica y yo habíamos terminado, pero seguía viéndome como el novio de su amiga y eso no hacía más que agrandar la distancia entre nosotros. La frustración comenzaba a formarse en mi interior como un pequeño remolino que amenazaba con hacerse más y más grande, necesitaba hacer algo pronto.  

—Hola, Angie. ¿Vas de salida?

Angie estaba de pie en la puerta de su oficina buscando algo en su bolsa, se veía tan hermosa con el vestido que llevaba, era negro con pequeñas flores rosas; así como estaba inclinada con el cabello cayendo sobre la mitad de su rostro no podía darse cuenta de la manera en que yo estaba mirando sus piernas largas y bien torneadas; o la forma en que su estrecha cintura se unía a sus hombros. De repente su bolso cayó al suelo, un lápiz labial rodó hasta mis pies. 

—¡Maldición!

—Oye por qué la agresividad —dije divertido al escucharla maldecir y me apresure para ayudarle a levantar sus cosas —¿porque estás tan enojada? —Nunca había podido tomar en serio los insultos que llegaran a salir de su boca, Angie no podía decir una mala palabra sin avergonzarse y después disculparse veinte veces por ser tan grosera. 

—Ricardo, disculpa —dijo apenada —es solo que estoy algo nerviosa. Lo siento, no quise ser grosera. 

—Angie, no te preocupes ¿qué pasa? —le pregunté preocupado cuando noté un ligero temblor en su voz —¿Puedo ayudarte en algo?

—No es nada, no te preocupes —respondió con sus llaves en mano; más que nerviosa ella se veía triste, como si se sintiera sola, cansada e incapaz de confiar en nadie; lo que hubiera dado yo por abrazarla y darle consuelo, cómo era posible que aún después de diez años Angie siguiera sufriendo, era injusto. —Entiendo, Angie; pero quiero que recuerdes que yo siempre estaré para ti. 

—Gracias, Ricardo. Debo regresar por mi teléfono, lo olvidé adentro. 

—Claro. 

Por la expresión en su cara y su voz apagada supe que era difícil que pudiera tomar en serio mis palabras, cómo podría después de que yo la había dejado sola aquella vez,  aún así no podía rendirme tan fácil, en aquel entonces era muy joven con solo dieciocho años, no supe qué hacer pero ahora, yo podría enfrentarme al mundo por ella. Lo más probable es que no confiaba lo suficiente en mí, no me fue difícil de entender pues solo llevábamos poco tiempo de habernos reencontrado, nuestras vidas se habían hecho lejos del otro y necesitaría tiempo para que se formarse de nuevo ese vínculo. 

—Angie, ¿aceptarías salir a almorzar conmigo mañana?

—Ricardo yo… no creo poder. Lo siento —me dijo apenada. Yo lo sentía más —los sábados los dedico a mis niños. 

—Oh, ya veo. No te preocupes, Angie. Entiendo —le dije fingiendo que no tenía importancia estaba a punto de darme la vuelta cuando me surgió una idea —Entonces te invito a ti y a los niños a almorzar y después dar un paseo ¿Qué dices? —Angie abrió la boca para responder, seguramente pensaba decirme que no sin embargo no dijo nada —asi también puedes darme algunos consejos para recuperar a la mujer que amo —le dije aprovechando el breve momento de duda que ella tuvo. 

—Está bien —fue su respuesta acompañada de una pequeña sonrisa dibujada en sus labios. Yo también sonreí, satisfecho con su respuesta —mañana al mediodía, ¿te parece bien? 

—Me parece perfecto, Angie. 

Esa noche llegué a casa tan emocionado que me costó trabajo conciliar el sueño, pasé un buen rato pensando en la mejor manera de conquistar el corazón de esa mujer, estaba seguro de que ella aún sentía algo por mí, pero yo debía desenterrar ese sentimiento. Cuándo por fin logré dormir no hice más que soñar con ella, soñaba con la manera en que sus ojos parecían sonreír al mismo tiempo que sus labios y solo para mí, dulce Angie.

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