NovelToon NovelToon
Ecos Del Tercer Cielo

Ecos Del Tercer Cielo

Status: En proceso
Genre:Demonios / Ángeles / Fantasía épica
Popularitas:111
Nilai: 5
nombre de autor: Maicol Castañeda

Obra narrativa de fantasía espiritual que narra la formación de cuatro hermanos elegidos por el Padre Celestial para proteger la Tierra tras una antigua guerra en el cielo. Esta primera saga está centrada en la profecía, el entrenamiento espiritual de los protagonistas y la revelación progresiva de su propósito divino. Inspirada en valores espirituales con fuerte simbolismo del bien, el mal, la fe y el propósito eterno.



NovelToon tiene autorización de Maicol Castañeda para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

SANGRE Y BARRO

El campo de batalla vibraba con cada golpe. La tierra temblaba bajo el peso de los Golden, que avanzaban con una furia incansable. Las criaturas de barro eran enormes, deformes, y atacaban sin pausa, aplastando árboles, derribando muros y dejando grietas profundas a cada paso.

Uno de los Golden se desgarró el torso sin dudar. La masa oscura se retorció en el aire hasta formar una lanza grotesca que salió disparada hacia los hermanos con velocidad brutal.

Maion la vio apenas a tiempo. Se lanzó hacia un costado; la lanza pasó rozándolo y le abrió el costado, rasgando tela y piel.

—¡Ah… maldición! —gruñó, apretando los dientes mientras caía rodando y volvía a ponerse en pie.

No tuvo respiro. Otro Golden se abalanzó.

Gahiel, cubierto de barro y sangre, rugió y se lanzó de frente. Sus puños se hundieron en el pecho de una de las criaturas, atravesándolo con fuerza salvaje. El barro explotó hacia afuera, pero antes de que pudiera rematarlo, un segundo Golden lo golpeó por la espalda.

El impacto lo lanzó varios metros. Su cuerpo chocó contra una roca gigantesca que se partió con el golpe.

—¡Gahiel! —gritó Maion.

El oso cayó de rodillas, respirando con dificultad. Escupió sangre, apoyó un puño en el suelo… y se obligó a ponerse de pie.

—Sigo aquí… —murmuró con voz áspera.

En el centro del caos, Dervian corría con movimientos precisos, midiendo cada golpe. Atacó las articulaciones de barro, buscando puntos débiles, pero un Golden logró atraparlo por el torso. El brazo monstruoso lo alzó y lo estrelló contra el suelo con violencia, abriendo un cráter bajo su cuerpo.

El polvo cubrió el aire.

Maion reunió energía en sus manos, la luz envolviendo sus puños.

—¡Muévanse!

Lanzó el ataque directo al pecho de una criatura.

La explosión de energía celestial iluminó el campo… pero el barro la absorbió. La luz fue tragada lentamente hasta desaparecer.

El Golden no retrocedió ni un paso.

Los tres hermanos intercambiaron miradas. Estaban agotados. Heridos. Y esas cosas no parecían debilitarse.

A lo lejos, estructuras caían. Los gritos de los civiles se mezclaban con el estruendo de la destrucción. Cada paso de los Golden abría nuevas grietas en la tierra.

Gahiel volvió a alinearse junto a sus hermanos, respirando con dificultad.

—No pienso caer antes que esas cosas —dijo, limpiándose la sangre del rostro con el antebrazo.

Maion soltó el aire con una media sonrisa cansada.

—Perfecto. Porque yo tampoco tengo ganas de morir hoy.

Dervian se incorporó con esfuerzo, sintiendo el peso del golpe en los huesos.

—No bajen el espíritu… todavía no estamos solos.

Un Golden alzó ambos brazos. El barro de su cuerpo comenzó a hincharse y agrietarse. La energía oscura vibró en el aire y, de pronto, liberó una explosión masiva directa hacia ellos.

Los tres levantaron los brazos por instinto, sabiendo que no sería suficiente.

Y entonces el cielo rugió.

No fue trueno.

Fue fuego.

Una lanza incandescente descendió atravesando la onda de energía y perforó al Golden en el centro del torso. El barro se agrietó, ardió desde dentro y en segundos se redujo a ceniza que el viento dispersó.

El calor se sintió real. Quemaba la piel.

El humo comenzó a disiparse.

Entre las llamas, una figura avanzaba con paso firme. Las alas de fuego se desplegaron amplias, iluminando el campo de batalla antes de recogerse lentamente en brasas flotantes.

Maion parpadeó, incrédulo.

—…Jael.

Gahiel dejó escapar una risa corta, aliviada.

—Sabía que no te habías muerto.

Jael aterrizó frente a ellos. Su fuego no era descontrolado; era contenido, denso, como un horno sellado.

Observó sus heridas sin dramatismo.

—Les dejo solos cinco minutos y casi destruyen el mundo.

Maion soltó una exhalación que casi fue una risa.

-Tranquilo. Todavía está en pie… más o menos.

Jael alzó la vista hacia los Golden restantes.

Desde lo alto, en su trono de piedra, Belgor se puso de pie lentamente.

Su voz descendió profunda, grave, cargada de una antigüedad inquietante.

—Fuego que no se extingue… alas que no se consumen… solo eres un humano. No eres ángel. No perteneces al barro ni al cielo. ¿Qué aberración ha osado tomar forma ante mí?

Jael sostuvo su mirada sin alterarse.

—La que va a bajarte de ese trono.

El suelo vibró con una energía sorda.

Belgor dio un paso al frente.

—He visto civilizaciones implorar clemencia mientras sus salvadores ardían en mis manos. He oído a reyes prometer eternidad antes de convertirse en polvo bajo mi sombra. Y ahora tú, llama efímera, vienes a desafiarme.

La temperatura alrededor de Jael aumentó apenas.

—No soy efímero.

Belgor descendió un escalón más.

—Todo lo es… ante mí.

Jael no respondió de inmediato. Dio un paso adelante. El suelo crujió bajo sus pies, la piedra ennegreciéndose por el calor.

—Belgor es mío —dijo sin girarse—. No intervengan.

Gahiel gruñó.

—No te tardes.

—No planeo hacerlo.

Maion se acomodó los hombros, volviendo a encender su energía.

—Bien. Entonces nosotros limpiamos esto.

Dervian respiró hondo, observando el movimiento de los Golden.

—No se distraigan con lo que cae… ataquen lo que los mantiene en pie.

—Recibido —respondió Gahiel.

Los tres se lanzaron nuevamente al combate.

Mientras tanto, Belgor finalmente pisó el suelo frente a Jael.

La tierra se agrietó bajo su presencia.

—Ven entonces, portador de llamas —dijo con voz que parecía arrastrar ecos antiguos—. Muéstrame si tu fuego es digno de arder ante la oscuridad que devora eras.

Jael avanzó un último paso.

—Vamos a averiguarlo.

El aire se tensó.

Y entonces comenzó el verdadero choque.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play