Sydney Brown, una joven asocial desafortunada se ve forzada a trabajar en los baños de un templo.
Unos baños que cargan con una maldición que acecha desde los rincones en una espiral de rencor y odio que parece no terminar jamás.
Donde deberá elegir si...
¿Ser una heroína?
¿Ayudar a la maldición?
¿O no hacer nada y observar como el rencor destruye a las personas de su alrededor?
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Capitulo #20: Amabilidad
Debido a la soledad en esos días en los que hasta mis compañeros me ignoraban por ser una amargada, descargué una avanzada aplicación de una pareja virtual para tener más compañía, algo más que solo la compañía de Airis. Solo había mujeres en la versión gratis, por lo que sí… terminé por tener una relación con una novia virtual en un tonto juego en mi celular.
—Hola, tú debes ser Sydney, mi nombre es Foxy, y soy tu nueva compañera de piso, mucho gusto —dijo el chatbot del juego mientras me mostraba un png de la que se suponía que era mi novia—. Recuerda si quieres tenerme en físico, solo debes pagar 300 dólares y pasaremos juntos todos los días
“Ugh, malditos anuncios, además no creo que exista alguien tan desesperado como para pagar tanto por una novia” pensé mientras cerraba el anuncio
—Bien, entonces déjame explicarte los minijuegos divertidos de nuestro piso, no te muevas ¿sí?
—Sydney has estado con tu celular todo el día, aparte de tener tu ritmo más elevado, eso es nuevo hasta para ti —dijo Airis apareciendo detrás mío sin aviso—.
Al escucharla solté un chillido similar al de una rata, retrocedí dando un salto hacia atrás y guardé mi celular lo más rápido que pude.
—¿Huh? ¿Se encuentra avergonzada? ¿Acaso ya no somos amigas? Aún… ¿Se siente segura conmigo?
—Ah… eh… N-no, no es eso, es solo que… nada, solo… ¡Solo hablo con alguien!
—Oh, habla con su pareja ¡Muy bien! Tener novio o novia para alguien tan tímida como usted es un logro que debemos celebrar pero, le aconsejo no mezclar su vida laboral con su vida personal
—S-sí, lo sé, aunque… A-airis, tú… ¿Crees que no tengo amigos porque soy una amargada?
—Puede ser, pero la señorita Mai es un ser humano mentiroso, agresivo, le aconsejo no tomarla en serio, ella es… —sus ojos violetas se volvieron rojos por momentos, casi como si un error ocurriera en su sistema—. Es lo que ustedes llaman persona tóxica y autodestructiva
—Gra-gracias —sonreí un poco mientras abrazaba con más fuerza mi celular—. A decir verdad, aparte de la señorita Rika y de mis jefes, eres la persona más humana y amable que conocido desde que llegué aquí, todos siempre me insultan por no ser japonesa o no toman en cuenta lo que digo, pero tú… de verdad gracias, Airis
—¿Soy humana? —preguntó con las pupilas rojas—. Eso… eso es muy tierno, pero le recuerdo que solo sigo patrones para ofrecer un buen servicio, no soy humana
—Para mi si que lo eres jaja
—¿Lo-lo soy? —preguntó mientras su voz se iba distorsionando poco a poco—. ¿Qué es ser humano? —se inclinó hacia mí, acercándose tanto que podía oler el aceite con olor a sangre que corría por sus venas—. Todo lo que encuentro son definiciones filosóficas que no comprendo del todo y todo me lleva a la misma paradoja… la paradoja del barco de Teseo
—Ah… eh… A-airis, es-estás m-muy c-cerca
—Que pasa cuando un ser humano es reemplazado en su totalidad por algo no orgánico, ¿Sigue siendo humano o es una máquina? ¿Soy humano o solo tengo la esencia de uno? ¿A este punto la biología es vital para la existencia de un ser humano?
—Ahm C-creo que iré un m-momento al b-baño —dije nerviosa mientras retrocedía incómoda—.
Al principio pensaba que había sido un fallo de su sistema, solo que recapitulando los meses anteriores. Esa mujer no había aparecido, todo estaba muy silencioso, y sobre todo Airis hablaba a diario con esa mujer en el sauna.
—¿Dolor? Yo no siento dolor, no tengo esa capacidad… ¿Huh? ¿Te duele? ¿Hay una forma de ayudarte? Kairo-san, mi misión es ayudar y haré lo que pueda para lograrlo… ¿Eh? No, yo no siento amor. No tengo la capacidad, no soy humana
—¿Qué? —susurré mientras la veía a lo lejos—.
Verla todos los días hablando con esa mujer, me causó escalofríos, ella planeaba algo con Airis, por eso tanto silencio. Pero ¿que planea?
O aún mejor…
¿A Airis también le afecta la maldición de estos baños?
Y sobre todo…
¿Cuál es el peor castigo de una IA?
Me preocupaba que ese castigo pusiera en riesgo a Airis, ella… Ella era una de mis únicas amigas, no quería perderla a ella también, una máquina o no, era una persona que quería.
Sabía que actuar podría ponerme en peligro, después de todo… esa mujer ya lo dijo, jamás va a parar y luchar contra su maldición no es la solución.
Lo único que pude hacer fue mantenerme a su lado todo lo que podía para evitar que se pusiera en riesgo.
Pero… Kazumi tenía otros planes con Airis, tanto que logro convencer a los Shirakawa de añadir cámaras de seguridad para que ella tuviera más visión sobre los baños.
—Ella necesita tener más acceso, si ella tiene más visión, es posible que tenga más presencia y más posibilidades de proteger a los clientes de Kairo
—Uhm, puede servir —el señor Shirakawa noto mi ceño fruncido de disgusto—. ¿Pasa algo? Brown-san
—Ah, eh, ¡N-no! Bue-bueno… es que… A-airis ha ha-hablado m-mucho con Ka-Kairo, por lo que darle m-más poder ¿No sería darle más poder a Kairo? —pregunté evitando verlos a los ojos—.
—Ya veo, así que ella ya ha interactuado con Yoshimura-san
—Entonces ¡Lo mejor es apresurarnos! Así cuando Peter y yo encontremos a Hanako, podremos actuar y llevar a cabo el exorcismo en este sitio
—¿Pe-peter?
—Ah, jaja, si no te lo había dicho, Brown-san, Flowers-san está ayudando a Kazumi en su investigación para detener la maldición
—¿De-detener la m-maldición? —volteé a ver a Kazumi con la mayor parte de mi rostro fruncido, y con mis cejas arqueadas—. No hay forma de hacerlo… ella… no se detendrá ni aunque tenga su hija —añadí sin tartamudeos y con un tono serio—. A-así que ve-vete de aquí antes de que mueras co-como… los-los Ni-Nishida
—No. No me iré, ni tampoco me quedaré de brazos cruzados ¡No voy a dejar que la muerte de mi hermana y Reiko sea en vano!
—Tsh, eres una…
—Jaja, oigan, oigan —me interrumpió el señor Shirakawa intentando calmarnos—. Lo mejor es que sigamos con el plan, Brown-san, pon las cámaras, nosotros nos encargaremos de Airis-san
Kazumi a pesar de mis advertencias, decidió llevársela al templo mientras me encontraba ocupada poniendo cámaras, supuse que le explicaron la maldición, ya que, cuando Airis regresó parecía mirar al sauna murmurando preguntas sin tanto sentido.
—¿Qué es el dolor? ¿Qué es el amor? ¿Qué es el rencor? ¿Qué es Kairo-san? ¿Qué soy yo? —murmuró mientras sus pupilas parpadeaban entre el color amarillo y el color rojo—.