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Ecos Del Tercer Cielo

Ecos Del Tercer Cielo

Status: En proceso
Genre:Demonios / Ángeles / Fantasía épica
Popularitas:197
Nilai: 5
nombre de autor: Maicol Castañeda

Obra narrativa de fantasía espiritual que narra la formación de cuatro hermanos elegidos por el Padre Celestial para proteger la Tierra tras una antigua guerra en el cielo. Esta primera saga está centrada en la profecía, el entrenamiento espiritual de los protagonistas y la revelación progresiva de su propósito divino. Inspirada en valores espirituales con fuerte simbolismo del bien, el mal, la fe y el propósito eterno.



NovelToon tiene autorización de Maicol Castañeda para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LA IRA DEL MALIGNO

En lo profundo del inframundo la oscuridad no era ausencia de luz, sino algo más denso, casi vivo.

En una cámara tallada en roca negra, Baal permanecía inmóvil frente a un espejo de obsidiana líquida que no reflejaba… absorbía.

En su superficie se abrían imágenes de Solárium: columnas quebradas, incendios que aún ardían entre las ruinas y cuerpos de Golden reducidos a polvo que el viento arrastraba por las calles.

En medio del desastre, cuatro figuras seguían en pie.

Heridas. Inestables. Pero vivas.

A varios metros detrás, un demonio menor cayó de rodillas.

—Mi señor… Belgor ha caído. Los cuatro han despertado por completo.

Baal no respondió de inmediato.

Su mano se cerró lentamente.

El espejo se contrajo sobre sí mismo hasta fracturarse. Grietas oscuras recorrieron la cámara y el suelo se abrió en varias líneas mientras vapor negro emergía desde las profundidades. Las cadenas colgadas en la bóveda comenzaron a chocar entre sí con un eco metálico que se propagó por las cavernas.

Baal se puso de pie.

La roca bajo su talón se resquebrajó.

—Belgor nació fuerte —dijo con calma—, pero confundió fuerza con superioridad.

El demonio menor bajó aún más la cabeza.

—Creyó que podía aplastar sangre celestial con criaturas hechas de barro corrompido. Pensó que bastaba con brutalidad.

Baal hizo una pausa.

—La brutalidad es útil. La ignorancia no.

Sus ojos volvieron al lugar donde antes flotaba el espejo.

—Ellos no son simples humanos.

Su voz se mantuvo baja.

—El Fénix renace incluso en la ruina.

—El Dragón domina lo que otros temen tocar.

—El Oso resiste donde cualquiera se quiebra.

—Y el León no retrocede aunque todo a su alrededor caiga.

Luego añadió con serenidad:

—Ya no son una posibilidad. Ahora son un problema.

Baal caminó hasta el altar al fondo de la cámara. La piedra parecía latir bajo las runas grabadas en su superficie.

Apoyó la palma.

Un pulso recorrió el abismo.

En cavernas lejanas, criaturas ocultas en la oscuridad se encogieron instintivamente.

—Belgor actuó solo. Esa fue su primera falla —continuó—. La segunda… subestimarlos.

Levantó la mirada.

—No repetiremos ese error.

Desde las sombras emergió una figura enorme cubierta por placas de hueso oscuro.

Dargan inclinó la cabeza.

—Ve —ordenó Baal—. Termina lo que quedó incompleto.

Dargan dio un paso.

—Espera.

La voz cruzó la sala con una claridad que detuvo todo movimiento.

Varios demonios levantaron la mirada.

—No puede ser…

—Es él…

—El Duque…

Una figura avanzó desde las regiones más profundas del abismo.

Astaroth avanzó con paso tranquilo. Su figura destacaba incluso en aquel lugar: alto, de cabellera larga que caía sobre sus hombros y un rostro de una belleza casi perfecta.

Nada en él recordaba a los otros demonios.

Precisamente por eso resultaba más inquietante.

Algunos inclinaron la cabeza sin que nadie se lo ordenara.

—El Duque Infernal…

—El tercero de la Trinidad…

Astaroth se inclinó ante Baal.

—Mi señor, permitid que sea yo quien descienda.

Baal giró apenas el rostro.

—¿Por qué?

Astaroth sostuvo su mirada.

—Porque ellos no necesitan otro monstruo que intente aplastarlos. Belgor lo intentó con fuerza. Yo lo haré con estrategia.

Continuó con serenidad:

—Los Elegidos ya no reaccionan como niños. Observan, analizan. Si enviamos solo poder, lo convertirán en desafío. Si enviamos inteligencia… lo convertirán en miedo.

El silencio se volvió pesado.

—¿Aceptarás las consecuencias si fallas? —preguntó Baal.

—No fallaré.

Baal lo observó unos segundos más… y finalmente asintió.

—Ve.

Dargan retrocedió sin protestar.

Astaroth se retiró en silencio, perdiéndose entre las sombras.

Cuando la sala volvió a quedar vacía, Baal permaneció frente al altar.

—Ellos creen que hoy vencieron —murmuró.

Sus ojos se alzaron lentamente.

—No comprenden el tablero completo.

Una grieta fina se abrió bajo el altar y desde lo profundo emergió un susurro antiguo.

Baal ladeó la cabeza.

—El juicio no fue castigo —dijo en voz baja— Fue advertencia.

Una leve sonrisa apareció en su rostro.

—La verdadera sentencia… todavía no ha comenzado.

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