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Aprendiendo A Amar

Aprendiendo A Amar

Status: En proceso
Genre:Completas / Amor eterno
Popularitas:21.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Aram526

—Pablo Santander es un enólogo y bodeguero muy conocido en su pueblo, y un día, rescata a su sobrina Antonella de un orfanato, quien vivió situaciones traumáticas, pero es carismática y sonriente. Con el paso del tiempo, Antonella va viendo la rivalidad en la que se ve involucrada sin desearlo.
Muchos adolescentes/jóvenes inexpertos descubriendo el amor por otro lado.
—<<<Rivalidades, amor, amistad, amor sano, romance, amistad, romance estilo "RyJ", infidelidades, dr, problemas de autoestima, mafia, negocios, realismo, bodegas, viñedos, familia disfuncional, clasismo, amor eterno, etc>>>
—Idioma: español (Argentina)
—Pueblo de Buenos Aires.
—Ambientado en: Junio 2002- Febrero 2006.
—Cantidad de temporadas: 4.
—Duración de capítulos: 45/50 minutos.

NovelToon tiene autorización de Aram526 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

T1 E9

*Después de un rato, Pablo estaba sentado en la mesa, pensativo*

*Gina se acercó con una taza de té humeante, sonriendo con ternura*

Gina: Hola, Pablo, te traje esto para que te relajes un poco...

Pablo: [tomando la taza con agradecimiento] Muchas gracias, Gina... ¿Antonella sigue ahí?

Gina: Ehh, no, se fue directo a su cuarto, enojadísima.

Pablo: Yo ya no sé qué hacer con estos chicos...

Gina: Pablo, tranquilo, no te hagas mala sangre por eso.

Pablo: [pasándose la mano por el cabello] Es que no sé qué hacer. Se pelean todos los días, y ahora Antonella se anda peleando con personas en la calle.

Gina: Antonella tiene un carácter muy fuerte...

Pablo: Y la entiendo, pero Lorenzo tiene un poco de razón en lo que dijo...

Gina: ¿Te avergonzas de ella?

Pablo: No, pero no sé cómo controlarla ya.

*Antonella, escuchando desde detrás de la escalera, sintió una punzada de tristeza al oír las palabras de su tío*

Gina: Capaz, en lugar de controlarla, debas aceptarla como es...

Pablo: [incrédulo] ¿Cómo que aceptar? ¿Cómo voy a aceptar que se ande agarrando a golpes con la gente?

Gina: Lo que digo es que no te hagas mala sangre. Antonella es así y no la vas a poder cambiar.

Pablo: ¿Y qué hago entonces? ¿Acepto que se pelee con todo aquel que vea?

Gina: Vos tenés que entenderla a Antonella. Ella viene de sufrir un montón de cosas, por eso es así...

*Antonella, sintiéndose abrumada, decidió irse lentamente hacia su cuarto*

Pablo: Y te juro que lo entiendo, pero... No sé qué hacer...

Gina: Después lo charlás con ella. Dale tiempo.

Pablo: Aparte, yo ya no sé qué hacer con ella y Lorenzo. Hago de todo para que se lleven bien y parece imposible.

Gina: Para mí, Lorenzo simplemente está celoso. Y quiere protegerla, pero su forma no es la mejor...

Pablo: Sí, eso está a la vista...

Gina: Para mí, deberías pensar en frío...

Pablo: [suspiro profundo] Sí... Tengo que encontrar la forma de unirlos...

*Él suspira nuevamente, sintiendo el peso de la situación en sus hombros*

*Luego de un rato, Gina llevó a Antonella al living, donde Pablo ya estaba conversando con Lorenzo. Lorenzo y Antonella se miraban con enojo*

Gina: [sonrisa forzada] A ver, chicos...

Pablo: ¿Jugamos a algo?

Lorenzo: ¿A qué?

Pablo: [pensativo] No sé... al Uno, al... al bingo, capaz... ¿no? Anto, ¿a vos te gusta?

Antonella: [tono sarcástico] Juego de ricos.

Lorenzo: Claro, era obvio...

Antonella: Perdón, ¿qué me estás queriendo decir?

Lorenzo: ¡Antonella la especial acaba de hablar!

Antonella: ¿Cuál es tu problema?

Gina: Yo tengo un juego mucho mejor. Se llama "una de cal y una de arena".

Antonella: [curiosa] ¿Eh? Nunca lo escuché...

Lorenzo: Yo tampoco.

Gina: Porque lo acabo de inventar yo. El juego consiste en decir una cualidad mala y buena del otro. No hay mal sin bien ni bien sin mal. ¿Qué les parece?

Antonella: Ay... ¿en serio?

Gina: Dale, Anto, no tienen nada que perder...

Antonella: Bueno...

Lorenzo: ¿Empiezo yo?

Antonella: Claro, porque el hombre empieza primero en todo, ¿no?

Pablo: No, Anto, tranquila, empezá vos, si querés.

Antonella: Bueno, yo... lo malo de él es que... es frío, duro, cruel...

Lorenzo: [exclamando, con sorpresa] ¡Ah, bueno!

Gina: Shh, Lorenzo...

Pablo: Exacto, bien...

Antonella: [suspiro, suavizando su expresión] Y lo bueno... qué sé yo, no lo conozco mucho, pero podría ser... que es inteligente, interesante y... en el fondo, un buen chico...

*Lorenzo sonrió, sintiéndose un poco halagado por las palabras de Antonella*

Gina: Perfecto, ahora vos, Lorenzo.

Lorenzo: Bueno, yo... lo que no me gusta de vos es que... hablás medio raro... siempre tirás una de tus frasesitas raras y te vas...

*Antonella escuchaba atentamente, sintiendo que el ambiente se volvía más ligero*

Lorenzo: Y lo bueno... es que sos única, y especial...

*Antonella sonrió, sintiendo que las palabras de Lorenzo le llegaban al corazón*

Antonella: Lo malo de vos es que... sos un 'tosto', y no tenés paciencia... y lo bueno... es que sos muy leal... cuando querés, obvio...

*Lorenzo volvió a sonreír, disfrutando de la dinámica*

Lorenzo: Lo malo es que... sos un poco mentirosa, y lo bueno... es que sos muy divertida, y se puede hablar de uno y mil temas con vos...

*Antonella se iluminó con una sonrisa, sintiendo que la conversación estaba fluyendo de manera positiva*

Antonella: Lo malo es que sos muy duro, y es muy difícil hablar con vos, y lo bueno... es que sos sincero, muy sincero, a veces algo bruto para decirlo, pero sincero...

*Lorenzo sonrió, sintiéndose más conectado con Antonella*

Lorenzo: Lo malo es que estás siempre a la defensiva, y que te hablás con el enemigo... y lo bueno, es que sos muy bondadosa y siempre pensás en el otro...

*Antonella se emocionó, sintiendo que las palabras de Lorenzo resonaban en su interior. Lorenzo, al ver su reacción, también se sintió alegre*

*Sin pensarlo, Antonella y Lorenzo se abrazaron*

Antonella: [sonrisa] Me caes re bien...

Lorenzo: Vos también, podremos tener una y mil discusiones, pero eso no quita que estoy empezando a quererte...

*Gina y Pablo se miraron, compartiendo una sonrisa de aprobación y alivio*

*Rato más tarde, en la cocina, Gina estaba recogiendo las cosas de la mesa, organizando los platos y cubiertos con una sonrisa en el rostro. Pablo se acercó a ella, sintiendo gratitud*

Pablo: [sonriendo] Sos re grosa, Gina...

Gina: [confundida, levantando la vista] ¿Por qué lo decís?

Pablo: Por la idea esa que tuviste del juego, sirvió bastante.

Gina: Ah, sí, fue algo espontáneo que se me ocurrió sobre la marcha... que desahoguen todo lo malo que piensen del otro, y que a la vez vean sus buenas cualidades.

Pablo: Sos re genia, a mí nunca se me hubiera ocurrido eso.

Gina: [risa ligera] Ay, tampoco para tanto, che...

Pablo: Gina, se abrazaron, ¿vos entendés eso? Desde que llegaron, esta es la primera vez que se abrazaron. Fue un milagro total...

*Gina se rió, sintiendo la alegría de ese momento*

*Por mientras, en el cuarto de Lorenzo, la atmósfera era tranquila. Lorenzo estaba sentado en su cama, mirando una foto con una expresión alegre. Antonella, sintiéndose animada, decidió entrar en su habitación*

*Al acercarse, notó que Lorenzo estaba concentrado, así que se acercó sigilosamente para ver de qué se trataba. Al asomarse por encima de su hombro, se sorprendió al ver que era una foto de los Montero, especialmente de Giuliana*

Antonella: [sonrisa traviesa] ¿Qué hacemos?

*Lorenzo, asustado, rápidamente ocultó la foto, sintiéndose nervioso*

Lorenzo: [titubeando] Ehh... ¿qué?

Antonella: Estabas muy contento mirando la foto de los Montero...

Lorenzo: ¿Ah, sí? No me di cuenta...

Antonella: Ay, dale, contame...

Lorenzo: Nada, solo miraba a...

Antonella: ¿A quién? ¿A Giuliana?

Lorenzo: [leve sonrojo] Sí... no lo mal pienses, solo... estoy viendo la foto porque...

Antonella: ¿Por qué?

Lorenzo: Qué sé yo, es una chica linda, interesante... tiene lindo pelo, lindos hoyuelos, ese vestido rosa le queda muy lindo...

Antonella: [sorprendida] ¡Ay, jodeme que te gusta! ¡Qué bello!

Lorenzo: ¡Shh, Antonella! ¡Es un secreto!

Antonella: [sonrisa traviesa, bajando la voz] Uy, perdón...

Lorenzo: Es como un amor platónico, imposible. Solo me atrae, es linda. Yo soy consciente de que tiene marido, y a mí tampoco me interesa estar en una relación ahora...

Antonella: Claro, entiendo... pero si algún día querés que te ayude, solo es cuestión de pedírmelo. Yo la conozco muy bien a Giuli...

Lorenzo: Gracias, Anto, pero dudo que pase...

*Antonella, sintiéndose juguetona, comenzó a cantar mientras se movía de un lado a otro*

Antonella: [cantando y riendo] Lorenzo está enamorado, Lorenzo está enamorado...

Lorenzo: [diversión y vergüenza] Ay, Antonella, basta...

*Por mientras, en la cocina, Pablo estaba hablando por teléfono*

"Chiara: ¿Hola?"

Pablo: Hola, Chiara.

"Chiara: Ah, Pablo, sos vos. ¿Cómo andás?"

Pablo: Bien, bien, ¿y vos?

"Chiara: Bien, acá ando, cosiendo unas telas."

Pablo: Ah, bueno, perdón por molestarte, esto va a ser rápido. Quería hacerte una pregunta.

"Chiara: Sí, sí, decime."

Pablo: ¿Me podés contar más o menos a qué te referías cuando dijiste que habías visto a Antonella pelearse?

"Chiara: Ahh, sí, eso. Bueno, es que yo estaba paseando con mi hijo, Thiago, por la calle... ¿viste donde está la casa de los Espósito? Bueno, por esa calle."

Pablo: [asintiendo] Ajá.

"Chiara: Bueno, y Antonella estaba ahí, y se estaba peleando con una chica. La estaban molestando, me parece. La conocés a la muchacha, de hecho."

Pablo: [confusión] ¿Cómo que la conozco? ¿Quién es?

"Chiara: Malena, era amiga de Giuliana antes."

Pablo: [incredulidad] Pará, ¿cómo que Malena? ¿Malena... ESA Malena?

"Chiara: Sí, la hija de la irresponsable de Sandra."

Pablo: [frustrado y sorprendido] No, no puede ser... ¿es en serio?

"Chiara: Sí, mirá, esa chica es muy bravucona. Yo me metí porque se estaban peleando a golpes, y Antonella me dijo que la había molestado, que le había sacado el cuaderno y se lo había tirado al agua."

Pablo: [molesto] ¡Tenía que ser, tenía que ser! ¡De tal madre, tal hija! ¡Yo me prometí que esas personas no iban a estar cerca de mi familia nunca más, y parece que es imposible!

"Chiara: Qué sé yo, Pablo, tampoco podés evitarla toda tu vida..."

Pablo: ¡Claro que puedo, por supuesto que puedo! Yo voy a hablar con esa mujer. Esta vez se metieron con Antonella y no lo pienso aguantar.

"Chiara: Igual tratá de calmarte, ¿sí? No hagas alguna impulsividad..."

Pablo: ¡Al contrario, jamás lo pensé mejor! ¡Gracias por haberme contado, Chiara!

"Chiara: No hay de qué, Pablo. Para lo que necesites, estoy."

Pablo: Muchas gracias. Bueno, no te molesto más, te dejo que sigas con tus cosas.

"Chiara: Bueno, Pablo, está bien, cuidate. Chau."

Pablo: Dale, igualmente, chau, chau.

*Entonces Pablo cortó la llamada. Se quedó en silencio, pensando en la situación, sintiendo una mezcla de preocupación y frustración*

*Rato más tarde, por la noche, la hora había llegado a las 9, y una luna radiante iluminaba todo con su luz plateada. Antonella estaba afuera, de pie junto a la cerca, observando los cultivos que se extendían ante ella*

*De repente, Lorenzo se acercó a ella, rompiendo el silencio nocturno*

Lorenzo: [sonriendo] ¿Sabías que la luna también influye en los cultivos?

*Antonella lo miró, confundida pero intrigada*

Antonella: ¿En serio? No tenía idea...

Lorenzo: Este último año lo estuve estudiando.

*Antonella lo miró con una sonrisa, sintiendo curiosidad por su pasión*

Lorenzo: [voz animada] Con cada nuevo conocimiento que descubro día a día, me convenzo más de que...

Antonella: ¿De qué?

Lorenzo: [mirando hacia la luna] De que las plantas, los cultivos, son los seres más sensibles y nobles que pueden haber en la tierra...

Antonella: ¿Te digo algo?

Lorenzo: Claro...

Antonella: Es tan lindo escucharte hablar con tanta pasión de tu trabajo...

Lorenzo: [sonriendo tímidamente] ¿Sí?

Antonella: Sí, pero tengo una duda...

Lorenzo: Decime...

Antonella: ¿Qué hay de tu vida más allá del trabajo?

Lorenzo: [frunciendo el ceño] ¿Cómo?

Antonella: Así como lo escuchaste... ¿cómo es tu vida más allá de tu trabajo?

Lorenzo: Preguntame lo que quieras saber...

Antonella: Contame todo lo que vos quieras. Es tan inspirador escucharte...

Lorenzo: [riendo] Bueno, no sé por dónde empezar...

Antonella: Por ejemplo, contame... ¿cómo te va en el amor?

Lorenzo: Bueno... todavía no pensé en el matrimonio porque, a mi parecer, tiene que haber madurez antes de tomar una decisión tan determinante.

Antonella: [sonrisa cómplice] ¿Y alguna noviecita...? Cuentele todo a Antonella.

Lorenzo: Eso... solo una vez en toda mi vida. Y eso me ayudó a convencerme de que el vino es mi única compañera...

Antonella: Sonás muy apasionado pero, a la vez... tan solo...

Lorenzo: Yo siempre fui así. Nunca me gustaron las formalidades si no es algo serio. Solo espero que esa mujer llegue pronto, y sea tan fiel como lo es el vino conmigo...

Antonella: ¿Y cómo se siente el amor?

Lorenzo: Es como el vino. Cuando lo sentís en tu boca, sentís el equilibrio justo entre la fuerza y la delicadeza. Entre la magia y la misma belleza...

*Antonella sonrió, sintiendo que sus palabras resonaban en su corazón*

Antonella: Qué linda tu forma de describir el amor, me encantó... Sos como un poeta, solo que yo no te creía así. Te creía más serio...

Lorenzo: [sonrisa traviesa] Eso es una fachada que elijo demostrarle al resto. No quiero que sepan que, muy en el fondo, soy un romántico incurable con alma de poeta...

Antonella: Deberías ser como sos, no demostrarle nada al resto.

Lorenzo: [pensativo] Capaz tengas razón...

*Antonella se levantó del suelo, con una sonrisa de satisfacción*

Antonella: Me tengo que ir a dormir, ya debe ser muy tarde...

Lorenzo: Bueno, andá, entonces. Yo me voy a quedar acá mirando el paisaje y el campo...

Antonella: [sonriendo] ¡Dale!

Lorenzo: Buenas noches, Antonella...

Antonella: Buenas noches...

*Antonella se alejó, y Lorenzo se quedó contemplando el paisaje, sintiendo que la noche estaba llena de posibilidades. La luna brillaba intensamente*

*Al día siguiente, alrededor de las 11 de la mañana, en la cafetería, Mariano estaba allí, solo con Miguel. El ambiente era tranquilo, con el suave murmullo de conversaciones de fondo*

*Miguel estaba disfrutando de un jugo mientras Mariano limpiaba la mesada, frunciendo el ceño al enfrentarse a una mancha que no salía*

Miguel: Ey, amigo, ¿todo bien?

Mariano: Sí, sí, solo tratando de sacar una mancha, pero nada más.

Miguel: Es que tenés una cara...

Mariano: Ahh, sí, pero eso es por cosas sin importancia.

Miguel: ¿Qué cosas?

Mariano: [evitando la mirada] Nada, en serio...

Miguel: ¿Es por la chica? ¿Antonella?

*Mariano dejó de limpiar y lo miró, su expresión cambiando a una de seriedad*

Mariano: Sí, es por ella.

Miguel: ¿Pero por qué?

Mariano: [frustrado] Ayer la llamé, y me dijo que estaba muy ocupada. Pero... noté algo.

Miguel: ¿Qué cosa?

Mariano: Ayer le hablé, y me cortó el rostro. Me contestaba cosas para sacarme de encima... Le pregunté si íbamos a seguir hablando y dijo que "no sabía si había chance..."

Miguel: ¿Y si estaba ocupada en serio?

Mariano: Me dijo eso, pero me parece muy raro. Nunca me atendió cuando la llamaba, y una vez que me atiende, se comporta así...

Miguel: ¿Y vos qué pensás?

Mariano: Yo pienso que la embarré. Que de alguna forma me está evitando por lo que pasó aquella vez.

Miguel: Hmm... no creo, Mariano.

Mariano: Es que Nella es así... ella siempre me evita cuando digo algo incómodo o pasa algo incómodo.

Miguel: [sonriendo] Es gracioso. Como conociéndola hace poco, ya conocés hasta su forma de ser. Yo nunca te vi así con ninguna chica.

Mariano: Con ella es raro lo que me pasa. Es mi amiga, no quiero arruinar todo, pero la realidad es que me pasan cosas con ella. Que con ninguna chica me pasó antes. Siento una energía inexplicable por mis venas...

Miguel: [sonriendo] Para mí, a ese sentir se le llama enamoramiento.

Mariano: [titubeando] ¿Qué? ¡No, o sea...! ¿Pero cómo voy a enamorarme? No tenemos casi nada en común, y sé muy pocas cosas de ella...

Miguel: A veces el amor es así. Puede que no conozcas a la persona del todo, pero sentís que esa persona es la indicada, y te da como un flechazo.

Mariano: Pero sería raro. Yo nunca me enamoro ni me enamoré de nadie.

Miguel: Pero a mí me parece raro que te preocupes tanto así por una persona que solo es tu "amiga", más para vos, que no sos tan amistoso con las personas. Sin ofender.

Mariano: [risa] No, está bien, tenés razón. Yo soy medio antipático a veces, lo admito. Pero con ella nunca sería así. No sé...

Miguel: Y también que digas que tenés esos sentimientos...

Mariano: [suspiro] Igual, ¿qué importa si me enamoré o no de ella? Capaz ni me vuelva a hablar...

Miguel: No seas tan negativo, amigo. Capaz cuando vuelva de viaje, vuelve acá, como si nada. Si por ahí está enojada o algo como vos pensás, se le va a pasar.

Mariano: [tristeza] Espero, porque la verdad es que la extraño.

Miguel: Ya va a pasar, amigo. Tranqui.

*Miguel le apoyó la mano en el hombro, transmitiéndole un sentido de camaradería y apoyo*

*Después de un rato, en casa de Pablo, Antonella estaba sentada en la mesa tomando un té. Gina la acompañaba, también con su taza en mano*

*De repente, Lorenzo apareció por la puerta, visiblemente angustiado, con varias bolsas y unos papeles en las manos. Las miradas de Antonella y Gina se dirigieron hacia él*

Antonella: ¿Qué pasa, Lorenzo?

Gina: ¿Todo bien?

Lorenzo: No, todo mal.

Antonella: ¿Por?

Lorenzo: Porque tengo que terminar de llenar todos estos papeles, tengo un montón de trabajo por hacer, y encima, papá me encargó que vaya a devolver esta ropa a una tienda.

Antonella: ¿Devolver para qué?

Lorenzo: Porque esta es ropa que compré hace un rato, pero que después de probármela, no me anduvo. Y como él salió, me pidió que yo fuera a devolver esto. Si me tardo tanto, capaz ni me lo aceptan.

Antonella: ¿Y no te diste cuenta de que no te andaba antes de comprarla?

Lorenzo: No, porque me la probé después de comprarla.

Gina: Ahh, bueno, sos un caso, Lorenzo. Escuchame, ¿quién se compra ropa sin probársela primero?

Lorenzo: [risa nerviosa] No me di cuenta, andaba sin tiempo y pensé que me andaba, porque era el talle que tenía yo antes, pero crecí y no me anda.

Gina: Bueno, que te sirva para la próxima.

Lorenzo: Pero igual, no sé si devolverla o regalársela a alguien, ya está. Después de todo, ya la compré.

Gina: La devolución debe ser inmediata, querido, sino no te lo aceptan ni te dan reembolso.

Lorenzo: Ahh, bueno, estoy jodido entonces. ¿A quién le regalo toda esta ropa? Es un montón.

Antonella: Mirá, se me ocurre una idea. ¿Y si lo llevamos a un hogar para los niños necesitados?

Lorenzo: No sé, ¿vos decís, Antonella? Esa ropa es grande...

Antonella: Ay, obvio, el más mínimo detalle sirve. Haceme caso. Si estás tan ocupado, lo puedo llevar yo.

Lorenzo: ¿En serio? Me ayudarías un montón, pero ¿sabés dónde queda el hogar?

Antonella: [sonrisa nerviosa] Ehh, sí...

Lorenzo: Bueno, acá tenés, entonces. Gracias, Anto.

Antonella: De nada.

*Antonella tomó las bolsas con una mezcla de entusiasmo y nerviosismo, lista para ayudar, y se dirigió hacia la puerta*

Gina: Para la próxima, aprendé la lección, Lorenzo.

Lorenzo: Ya sé, ya sé. Lo que pasa es que estoy muy estresado.

Gina: Ay, querido, tanto estrés a la edad que tenés. ¿Querés que te haga un café?

Lorenzo: La verdad, me vendría bien.

Gina: Dale, ahí te lo preparo.

*Ella se levantó y se dirigió a la cocina, dejando a Lorenzo pensativo*

*Por mientras, Antonella caminaba por la calle sin rumbo, sintiéndose perdida*

Antonella: Ay, ay, Antonella, ¿en qué lío te metiste? Eso te pasa por no decir que no sabías dónde estaba el hogar. ¡Vos y tu orgullo!

*Un poco más adelante, Miguel estaba hablando por teléfono, pero su atención se desvió cuando vio a una chica a lo lejos cruzando la calle. Su corazón se detuvo al notar que un auto se acercaba rápidamente en su dirección. Era Antonella*

Miguel: [gritando] ¡Cuidado, nena!

*Antonella, al escuchar su voz, miró hacia el auto, asustada. Antes de que pudiera reaccionar, Miguel corrió hacia ella y la sacó de la calle justo a tiempo, mientras el auto pasó de largo*

*Antonella, temblando de miedo, se giró hacia Miguel, que la miraba preocupado*

Miguel: [preocupado] ¿Estás bien?

Antonella: [respirando agitada] Sí... ahora sí...

Miguel: ¿No viste el auto?

Antonella: No, iba confundida...

Miguel: Tenés que tener más cuidado y mirar a la calle. Imaginate lo que pudo haber pasado.

Antonella: [sonriendo sorprendida] Me salvaste la vida, gracias...

Miguel: [sonriendo aliviado] De nada, pero por favor, tené cuidado la próxima.

Antonella: Gracias, juro tener más cuidado de ahora en más.

*Él le sonrió y se alejó un poco, dándole espacio. Sin embargo, Antonella, sintiéndose un poco tímida, se acercó a él*

Antonella: Shh, ey...

Miguel: [volviéndose hacia ella] Sí, decime.

Antonella: ¿Cómo te llamás?

Miguel: Soy Miguel.

Antonella: [sonriendo] Bueno, Miguel, ¿conocés bien el pueblo?

Miguel: ¡Uff, como la palma de mi mano! ¿Por?

*Antonella se quedó pensativa, buscando las palabras adecuadas*

Antonella: Porque... porque...

Miguel: [sonriendo] Sos tímida, eh...

*Ella se rió, relajándose un poco*

Antonella: Es que me da pena pedir ayuda...

Miguel: [riendo] Ah, orgullosa la bapi.

Antonella: Sí, tengo ese problema...

Miguel: Decime a qué lugar querés ir y te digo...

Antonella: Yo... quería saber dónde quedaba el hogar... Le quería llevar algunas prendas que mi primo se probó y no le anduvieron...

Miguel: [entusiasmo] ¡Ah, me hubieras dicho antes! Yo sé perfectamente dónde hay uno, de hecho, no está tan lejos de acá.

Antonella: [sonrisa amplia] ¡Qué bueno! ¿Serías tan caballero de llevarme?

Miguel: ¡Claro! Los dinosaurios se extinguieron, la caballerosidad no. ¿Cómo te llamabas, chica copada?

Antonella: Soy Antonella.

Miguel: [pensativo] Antonella... me parece que escuché ese nombre antes, en algún lado...

Antonella: Puede ser, no creo ser la única Antonella en el pueblo.

Miguel: Gracias, Antonella. ¿Me dijiste que ibas al hogar?

Antonella: Sí, pero no sé dónde queda... por eso me desorienté y terminé acá...

Miguel: Yo sé dónde queda. Si querés, te acompaño.

Antonella: ¿En serio? ¡Me ayudarías un montón!

Miguel: Claro, sin problema. Vení conmigo.

*Entonces, él comenzó a caminar y Antonella lo siguió, sintiéndose aliviada y agradecida por su compañía*

*Minutos después, mientras caminaban, ambos charlaban y reían, disfrutando del momento. Antonella, en un gesto juguetón, le sacó la vincha de la cabeza a Miguel y se la puso ella, riendo mientras él la miraba con sorpresa*

*El camino continuó lleno de risas y complicidad, y pronto llegaron al hogar. Al entrar, hablaron con una mujer amable que los recibió con una sonrisa*

*Antonella le dio la bolsita con la ropa, y la mujer, visiblemente feliz, le dio unos billetes a Antonella como agradecimiento*

*Después de intercambiar algunas palabras amables, la mujer regresó al interior y Antonella y Miguel salieron del hogar, sonrientes*

*Ellos siguieron caminando, disfrutando de la conversación y el aire fresco. Pronto llegaron a la casa de Antonella*

Antonella: Gracias por acompañarme hasta acá...

Miguel: No, de... nada...

*Él miró confuso hacia la casa, como si algo le resultara familiar*

Miguel: Conozco esta casa...

Antonella: ¿Cómo?

Miguel: [leve fruncimiento de ceño] ¿Con quién vivís?

Antonella: [sonriendo] Con mi tío, mi primo y Gina, la ama de llaves.

Miguel: Con todo respeto... ¿por acá no viven los Santander?

Antonella: [asintiendo] Ehh, sí.

Miguel: ¿Estás emparentada con ellos?

Antonella: [orgullosa] Ehh, sí, Pablo es mi tío y Lorenzo mi primo. ¿Por qué?

Miguel: Ehh... no, por nada.

Antonella: No te molesta, ¿no?

Miguel: No, no, yo no sigo la rivalidad estúpida que hay por el pueblo, tranquila.

Antonella: [suspiro de alivio] Ahh, menos mal, gracias...

*Antonella comenzó a alejarse, pero luego se detuvo y volvió a él, recordando algo importante*

Antonella: [sonriendo] Casi me olvido, tomá, esto es tuyo.

*Ella le dio la vincha que le había sacado antes, sonriendo*

Miguel: Gracias, Anto, por esto. La pasé re bien. En serio, gracias.

Antonella: No hay de qué. Yo te tengo que dar las gracias a vos. Por haberme salvado.

Miguel: No pasa nada, pero por favor, la próxima...

Antonella: [riendo suavemente] Sí, ya sé, tranquilo.

Miguel: ¡Bueno, chau, nos vemos!

Antonella: ¡Chau, cuidate!

*Antonella entró a su casa, sintiéndose liviana y feliz. Miguel, mientras tanto, se alejó, con una sonrisa en el rostro*

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