Morí sin haber amado…
y desperté en un mundo donde el destino se divide en Alfas, Deltas, Omegas y Enigmas.
Reencarnado como un omega en una era antigua llena de magia y alquimia, Arion finge amnesia para sobrevivir.
Todo cambia cuando conoce a Eryndor, un poderoso Enigma capaz de escuchar los pensamientos más profundos del omega… incluso los recuerdos de una vida pasada.
Un amor prohibido.
Un destino que desafía las leyes.
Una familia nacida contra todo pronóstico
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Capítulo 20: Preparativos de la boda
Los días siguientes fueron un torbellino de emociones para Arion. Nunca había imaginado que planear una boda pudiera ser tan… abrumadoramente hermoso. Cada detalle parecía encender su corazón de manera nueva, mezclando nerviosismo, felicidad y un rubor constante que ni él mismo podía controlar.
Elección del vestido
Arion entró en la sala destinada para probar el atuendo nupcial. La habitación estaba iluminada por la luz cálida de antorchas y espejos grandes que reflejaban cada movimiento, cada gesto. Frente a él, la diseñadora, una elfa experta en telas mágicas, sostenía un vestido blanco perlado que parecía flotar.
—Arion, este te quedará perfecto —dijo con una sonrisa—. Suave, ligero… y con un toque elegante que refleja tu esencia.
El omega inspiró profundamente, sintiendo cómo su corazón latía rápido, mezclando emoción y un calor inesperado. Al colocarse el vestido, la tela se ajustó delicadamente a su cuerpo, resaltando su figura sin ser provocativa, pero sí transmitiendo una sutil elegancia que lo hizo sentir… vulnerable y poderoso al mismo tiempo.
En ese instante, Eryndor apareció en la puerta. Arion no lo había oído acercarse, y cuando sus ojos se encontraron, se quedó congelado.
—Arion… —susurró el Enigma, sus ojos dorados brillando con admiración—. Te ves… increíble.
El rubor de Arion subió al instante. Su corazón latía con fuerza y su respiración se volvió más rápida. Nunca había sentido algo así por un simple cumplido, y menos de Eryndor.
—Gracias… —dijo apenas, sin poder articular más palabras—. Yo… nunca pensé…
—No tienes que decir nada —interrumpió suavemente el Enigma, acercándose un poco más, pero respetando su espacio—. Solo mírame.
El omega permitió que una sonrisa tímida se dibujara en su rostro, mientras un calor nuevo recorría su pecho, suave y persistente.
Traje del Enigma
Eryndor, por su parte, eligió un traje oscuro con bordados dorados que armonizaban con sus ojos y reflejaban su autoridad tranquila. Cuando apareció frente a Arion, la visión hizo que el corazón del omega se acelerara y que un suspiro escapara de sus labios.
—Te ves… —murmuró, sin poder completar la frase.
Eryndor inclinó apenas la cabeza, y la respiración cálida rozó la mejilla de Arion.
—¿Qué quieres decir? —preguntó con una sonrisa ligera.
—Te ves perfecto… para mí —dijo Arion, con un rubor intenso, casi apenas audible.
El Enigma extendió su mano y rozó suavemente la de Arion, entrelazando los dedos por un instante. No había prisa, solo intimidad silenciosa, un calor compartido que parecía recorrer todo su cuerpo.
Elección de flores y anillos
Juntos caminaron por los jardines, seleccionando flores para el ramo de Arion. Cada pétalo parecía tener un significado especial: rosas blancas para la pureza, lirios dorados para la alegría y capullos azules para los sueños compartidos.
—Quiero que cada flor represente algo nuestro —dijo Arion, acariciando suavemente los tallos—. Que cuando las mire, recuerde cómo me siento ahora.
Eryndor lo observó con una sonrisa cálida:
—Entonces no olvides que también elijo mi anillo pensando en ti —dijo, mostrando un pequeño cofre con un anillo sencillo, elegante, que brillaba con luz propia.
Sus miradas se cruzaron y ambos sintieron un rubor intenso recorrer sus mejillas. Sus manos se rozaron al intercambiar los anillos, y un hormigueo suave recorrió sus dedos y su pecho, un calor íntimo que hablaba más que cualquier palabra.
La noche antes de la boda
noche, mientras se retiraban a sus habitaciones, Arion se detuvo frente a Eryndor.
—Estoy nervioso —susurró, los ojos brillantes y el rostro teñido de rubor—. Todo es tan… real.
Eryndor le acarició la mejilla con delicadeza.
—Y lo será —dijo con suavidad—. Pero no estás solo. Siempre estaré contigo.
Arion inhaló profundamente, dejando que la seguridad y la cercanía del Enigma lo envolvieran. Por primera vez en su vida, se permitió sentir sin miedo, desear sin culpa, y aceptar que su corazón podía latir libremente junto a alguien que lo comprendía.
La boda no era solo un ritual. Era el inicio de una vida juntos, un lazo profundo que no dependía de jerarquías ni expectativas. Y mientras el cielo nocturno brillaba sobre ellos, iluminando sus rostros y el jardín con un resplandor plateado, ambos supieron que nada, ni nadie, podría separarlos ahora.