La joven Caramel tiene una nueva oportunidad de vida, y está decidida a no cometer los errores del pasado, tomar sus propias decisiones, si puede, desquitarse un poco de aquellos que la hicieron sufrir y ¿por qué no? Encontrar un verdadero amor.
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Negocios son negocios
Stefan (Tratando de tomar un panqué): ¿Venderás todo esto?
Aossi (Sonriendo): Jajajaja, no, estas son pruebas y dulces para los niños del bosque, pero puedes tomar una.
Stefan (bromeando): Me gustaría conocerlos, ¿qué hacen en el bosque? ¿Por qué no los traen aquí? Me dijeron que ese tal Lucio vive allá… desde el primer momento que lo vi sentí que me odia…
Aossi (divertida): Jajajajaja, no te odia, solo no quiere a las personas en general, pero es un buen chico. A mi papá lo respeta mucho. Se dedica a vigilar el bosque, nos dice cuando encuentra tala ilegal o personas que explotan sin permiso los recursos o bandidos que se ocultan.
Ha sido de gran ayuda para mantener la paz y prosperidad en nuestras tierras, pero pasa también mucho tiempo aquí en la casa, o con Acedo, también a él le ayuda a practicar con la espada y nos ayuda con los ejercicios de meditación que tenemos que hacer siempre.
Stefan: Y entonces, ¿qué hay de los niños?
Aossi (pensativa): Digamos que… son niños especiales. Pero les encantan las cosas dulces, yo les suelo llevar fruta, algunas galletas o bien bombones, merengues y cosas así.
Stefan (intrigado): ¿Bombones? ¿Cómo Gavin?
Aossi (haciendo cara de asco): Iuuu, noooo… hablo de algo dulce y lindo de verdad. Decirle bombón era sarcasmo puro… ¿nunca lo entendiste así?
Stefan (desconcertado): Pero… dijiste que se parecía…
Aossi (divertida): Pero eso era por una canción de un rey berrinchudo al que su novia no quiere cerca… en eso era parecido… y lo fue hasta que rompimos el compromiso… jejejejeje.
Stefan (asombrado): Entonces… todo eso de los dulces… ¿no lo hacías por él?
Aossi (sorprendida): ¡Claro que no! Estos son negocios, no tienen nada que ver con personas del pasado o del futuro…
Stefan (curioso): Siempre me pregunté cómo descubriste el chocolate, en el reino nadie lo conocía, hasta que lo pusiste de moda.
Aossi (emocionada): Ahhhh, esa es una historia que inició hace unos cuatro años, en la época en la que mi padre comenzó a enseñarme el manejo del marquesado, él ya tenía consolidados los viñedos, las minas y algunas industrias y quería que iniciara un nuevo emprendimiento.
Hace cuatro años
Un día acudimos a una feria de compra-venta de granos, pues mi padre buscaba nuevas inversiones y uno de los expositores daba muestras de semillas de cacao, venía de tierras cálidas y se moría de frío, lamentablemente, me percaté de que muchas personas las tiraban, así que me di a la tarea de recolectar tantas como pude.
((En mi segunda vida, cuando me llamaban Nancy, me especialicé en el uso y aprovechamiento de semillas.))
Así que, cuando vi que mi padre desestimó inmediatamente la compra –pues no le veía gran potencial—le pedí apoyo económico para comercializarla en el reino.
Aun recuerdo que no creía en la visión de negocios de su niña, pero con la esperanza de enseñarme el problema de este tipo de inversiones sin sentido, decidió que esta experiencia de “fracaso” sería importante para que aprenda más sobre cómo hacer negocios.
Sin embargo, cuando él probó el chocolate, quedo estupefacto y se dio cuenta de que su hija tenía una gran oportunidad y comenzamos a generar ideas sobre cómo podríamos explotar este gran negocio. Además, decidió que todas las ganancias por el comercio y venta de las semillas de cacao irían a un fondo que se convertirá, a futuro, en mi dote o fortuna personal.
Con este impulso, mi primera decisión tras recibir su apoyo y las primeras semillas, fue organizar una fiesta de té en la que se ofrecieron pastelillos cubiertos de chocolate, los cuales generaron rápidamente sensación entre las damas de la sociedad.
Inclusive tras la fiesta, mi padre se sorprendió al ver en su sala a un chico acostado en el sillón; afortunadamente llegué a tiempo, pues ya lo iba a correr, así que los presenté. Se trataba del hoy famoso Lucio, quien se coló en la casa para volver a probar los dulces de chocolate que preparé para la reunión.
Le expliqué que él y los niños que viven en el bosque fueron mis “conejillos de Indias” para probar cada uno de los postres que se prepararon para la fiesta y otros más que aún faltaban por hacer.
A partir de ese momento era más común verlo también en la casa antigua, usualmente ayudándome a entrenar, a aprender lecciones de danza o música; le enseñé a leer y escribir; y Acedo, aunque seguía siendo frío, también lo empezó a llamar amigo y entrenaba con él el uso de la espada, sorprendiéndonos a todos por lo fuerte que es.
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