Cinco años atrás, Agustina perdió al amor de su vida. Hoy, Louis ha regresado.
Lo que él no sabe es que tiene un hijo.
Y acaba de salvarlo.
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El peso de aquella noche
Cristian se había despertado.
Miró su reloj y luego hacia la ventana, que estaba cubierta de copos de nieve.
—¡Hay escarcha! —sonrió.
Salió de su habitación y se dirigió al living. Allí vio un saco.
—¿Un saco? Esto no es mío.
Lo tomó entre sus manos y lo olió.
Era un perfume de marca.
—Ufff... Este perfume solo lo usan los grandes —comentó, mirándolo.
Entonces encontró una billetera.
—Mmm... ¿Será de Andrés?
La abrió y encontró un documento.
Louis Adams.
Cristian se quedó mirando el nombre durante unos segundos.
—¿Louis?
En ese momento tocaron la puerta.
—¿Quién será?
Se acercó y abrió.
Allí estaba Andrés, con tres cafés en las manos.
—¡Hola, Cristian! Vine a ver a Leo y, de paso, a acompañar a Agustina al médico —sonrió mientras entraba—. Ten, te compré un café. ¿Estará...?
Cristian lo miró.
—Andrés, creo que sería mejor que esperaras aquí.
Andrés frunció el ceño.
—Está bien. Aunque tengo que ver a Leo.
Comenzó a subir las escaleras.
Cuando llegó al cuarto, abrió la puerta.
Se quedó quieto.
Allí estaban Louis y Agustina junto a Leo.
Andrés apretó el vaso que llevaba en la mano.
El café caliente cayó sobre sus dedos.
—¡Ah!
Cerró la puerta rápidamente y bajó las escaleras.
Cristian lo miró.
—¿Pasó algo?
Andrés sonrió, intentando disimular.
—No pasa nada. Se ve que Leo está bien cuidado.
Cristian asintió, pero luego miró su mano.
—Bueno, supongo... Espera, ¿te quemaste?
—Un poco.
—¿Estás bien?
—Sí.
Andrés salió de la casa.
Caminó hasta su auto y, una vez allí, dejó escapar un suspiro.
—Soy un maldito idiota.
Se puso el cinturón de seguridad y arrancó.
Horas después, todos se habían despertado.
Cristian estaba en la cocina cuando vio bajar a Louis junto a Agustina y Leo.
Los observó durante unos segundos.
—Veo que durmieron bien.
Agustina lo miró.
—¿De dónde salió ese café?
Cristian tomó un sorbo.
—No sé.
Después dejó la taza sobre la mesa y miró seriamente a Agustina y a Louis.
—Pero te voy a decir algo.
Los dos lo observaron.
—Tienen que saber qué hacer, porque a Leo no le va a hacer bien esta situación.
Louis bajó la mirada.
Agustina permaneció en silencio.
Leo, en cambio, estaba feliz.
—Papi, ¿cuándo puedo ver a Erica? —preguntó con curiosidad.
Louis sonrió.
—Muy pronto. Carolina también quiere conocerte.
—¿Carolina?
La sonrisa de Leo desapareció.
—Papi... ¿tienes que seguir con ella?
Agustina miró a su hijo.
No quería que Leo cargara con problemas de adultos.
—Leo, tu papá está casado —le explicó suavemente—. Eso es algo que él tiene que resolver. Tú no tienes que preocuparte por eso.
El niño hizo un puchero y continuó comiendo.
Louis miró a Agustina.
Sabía perfectamente lo que ella estaba tratando de hacer.
No quería que su hijo pensara que debía elegir entre una familia y otra.
Horas después, llevaron a Leo al jardín.
Cuando lo dejaron allí, Agustina y Louis se dirigieron al hospital.
Al llegar, se encontraron con el padre de Carolina.
Agustina se apartó para dejarlos hablar.
—Señor Wilson...
Louis apenas alcanzó a saludarlo antes de recibir una cachetada.
—¿Cómo te atreves a romperle el corazón a mi hija? —reclamó, enojado.
Louis apretó los puños.
—Lo lamento, señor.
El hombre lo miró con desprecio.
—Mira, mi hija y mi nieta son lo más grande que hay. No sé en qué momento dejé que un pobreton se convirtiera en su esposo.
Louis no respondió.
El hombre se marchó.
Agustina observó a Louis desde lejos.
Por un momento quiso acercarse, pero decidió darle su espacio.
Horas después, llegó un paciente adolorido.
—¡Me duele la cadera! ¡No puedo moverme! —lloraba.
—Está bien, señor. Cálmese —le dijo Agustina—. Vamos a ayudarlo.
Prepararon al paciente y se lo llevaron a operar.
Louis hizo todo lo que pudo.
Era una operación delicada y él sabía que, si algo salía mal, aquel hombre podía morir o quedar paralítico.
Finalmente, el paciente quedó en observación.
Cuando salieron, Louis no dijo nada.
Simplemente se marchó.
Agustina lo siguió con la mirada.
Lo conocía demasiado bien.
Cuando eran jóvenes, Louis también se alejaba cuando algo le dolía.
Ella no fue detrás de él.
Sabía que, en ese momento, necesitaba espacio.
Se quedó en el pasillo del hospital hasta que vio a unas personas discutiendo.
—¡¿Dónde está mi papá?! —gritó una chica.
—¿Tu papá? Tú no eres nada. Tu madre no es más que una simple amante.
Agustina observó la situación.
—¡Pero mi papá me tuvo a mí primero! ¡Tu madre siempre se metió! —gritó la otra chica.
Agustina bajó la mirada.
No quería que Leo algún día tuviera que escuchar una discusión como aquella.
Horas después, Agustina entró al consultorio de Louis.
Él estaba sentado, mirando hacia la ventana.
—¿Estás bien?
Louis la miró y soltó un suspiro.
—¿En qué momento crecimos tanto? —murmuró con tristeza.
Agustina sonrió ligeramente.
—¿Qué dices? Tú sigues siendo el mismo de siempre.
Louis negó con la cabeza.
—Sí, claro... Mira mi vida.
Miró hacia el techo.
—Solo sobrevivo porque tengo a Erica.
Agustina permaneció en silencio.
—A veces me arrepiento de todo.
Ella lo miró sorprendida.
—¿Cómo? ¿Acaso no era tu sueño ser doctor?
—Sí.
Louis soltó un suspiro.
—Pero ¿esto es ser doctor? Tener miedo de que tu esposa se enoje y después vivir con el temor de quedarte sin nada...
Agustina se sentó frente a él.
—Louis...
Él la miró.
Por un instante, sintió nuevamente aquella sensación que siempre aparecía cuando estaba cerca de ella.
Agustina.
Su primer amor.
Pero ella apartó la mirada.
No quería confundirlo más.
—¿Qué pasó? —preguntó seriamente.
Louis suspiró.
—Mi suegro... Anoche dejé a Carolina por Leo. Ella se enojó. Todo tiene que ser como ella quiere.
Agustina guardó silencio.
No quería hablar mal de Carolina.
Tampoco quería que Louis pensara que ella estaba aprovechándose de la situación.
—Louis, yo entiendo que quieras estar con Leo —dijo finalmente—. Es tu hijo y tienes derecho a conocerlo, a estar con él y a recuperar el tiempo que perdieron.
Louis la miró.
—Pero...
Agustina respiró profundamente.
—Tú también tienes a Erica. Ella te necesita.
Louis bajó la mirada.
—Y Carolina es tu esposa.
Él volvió a mirarla.
—Agustina...
—No te estoy diciendo que no veas a Leo —aclaró rápidamente—. Al contrario. Quiero que seas su papá.
Louis se quedó callado.
—Solo creo que tienes que encontrar una manera de hacer las cosas sin lastimar a los niños.
Agustina hizo una pequeña pausa.
—Leo ya está confundido. No quiero que piense que tiene que competir con Erica o que tiene que elegir entre ustedes.
Louis la observó en silencio.
—Y tampoco quiero que pienses que yo quiero que dejes a Carolina.
Él abrió los ojos ligeramente.
—Yo nunca dije eso.
—Lo sé.
Agustina bajó la mirada.
—Pero necesito que quede claro.
Louis permaneció callado.
—Estás casado, Louis. Yo no voy a meterme en eso.
Las palabras le dolieron.
No porque Agustina lo rechazara.
Sino porque sabía que ella estaba tratando de hacer lo correcto.
—Yo solo quiero estar cerca de ustedes —dijo finalmente—. No quiero perder más tiempo con Leo.
Agustina lo miró.
—Entonces hazlo. Pero hazlo bien.
Louis asintió lentamente.
—Entiendo.
Se levantó de la silla.
—Perdón si te hice sentir incómoda.
—No pasa nada.
Louis salió del consultorio.
Agustina se quedó sola.
Se llevó una mano al pecho.
Ella todavía lo amaba.
Pero no quería convertirse en una mujer que se interpusiera entre un hombre y su esposa.
Si algún día Louis decidía qué hacer con su matrimonio, tendría que ser porque él lo había decidido.
No por ella.
---
Cuando salió del hospital, Louis vio que la nieve volvía a caer.
Se quedó quieto.
Aquella nieve le recordó aquel día.
Aquella noche de cinco años atrás.
La fiesta.
La pelea con Andrés.
El miedo.
Lo habían secuestrado y drogado después de que se peleara con él.
Le habían dado algo y habían puesto a una chica en su habitación.
Después de aquella noche, Louis se sintió culpable.
Creía que había traicionado a Agustina con quién sabe quién.
Nunca entendió realmente qué había ocurrido.
Tampoco entendió por qué, aquella vez en el aeropuerto, le había dolido tanto dejarla.
Pero tenía una razón.
Quería salvar a su familia de la pobreza.
Golpeó la pared.
Ni siquiera recordaba cómo había terminado con Carolina.
Después de aquella noche, Carolina decía que él era el padre del bebé.
Y Louis terminó casándose con ella.
Después nació Erica.
Su hija.
Louis se sentó.
Las lágrimas comenzaron a caer por su rostro.
—Mi vida es un asco... Es una confusión.
Se cubrió el rostro.
Cada día seguía enojado.
No porque quisiera ser así.
Sino porque sentía que la vida había decidido por él demasiadas veces.
Primero perdió a su padre.
Después vivieron en la pobreza.
Perdió al amor de su vida.
Y también sintió que había perdido su libertad.
Horas después, terminó su jornada y llegó a casa.
—¡Papá!
Erica corrió hacia él y lo abrazó.
Louis sonrió y la recibió entre sus brazos.
—Hola, princesa.
Entonces vio unos bolsos.
Su expresión cambió.
—¿Qué pasa?
Carolina apareció frente a él.
—Me voy.
—¿Qué?
—¡Sí! Me dejaste sola anoche. No sé cómo pudiste hacerme eso —reclamó, enojada.
Louis dejó a Erica en el suelo.
—Carolina, mi hijo estaba volando de fiebre. Fui a verlo.
—¿Y después adónde fuiste? No volviste —insistió ella.
Louis se quedó en silencio.
No quería discutir frente a Erica.
La niña tomó su mano.
—Papi... No quiero ir con mamá.
Louis se agachó frente a ella.
—Está bien, Erica. Quédate conmigo.
Carolina la miró.
—No, hija. Tú debes estar con mamá. Vamos, iremos a ver a la abuela.
—¡No quiero! Quiero estar con mi papá y Leo —protestó Erica.
Louis se puso de pie.
—Déjala. Ella no tiene la culpa de lo que está pasando entre nosotros.
Carolina apretó los labios.
—Está bien.
Tomó sus bolsos.
Antes de salir, miró a Louis.
—Pero si le llega a pasar algo a mi hija, ya verás.
Carolina se marchó.
La puerta se cerró.
Erica miró a su padre.
—Papi... ¿qué le pasa a mamá?
Louis se agachó y la abrazó.
—No le hagas caso, Erica. Mamá está pasando por un mal momento.
La niña apoyó la cabeza en su pecho.
Louis cerró los ojos.
Había demasiadas cosas que resolver.
Su hijo.
Su hija.
Su matrimonio.
Agustina.
Y aquella noche.
Aquella noche que, después de cinco años, todavía seguía pesando sobre su vida.