Yuri Romanov está acostumbrado a defender su libertad a toda costa Sin embargo, una trampa legal lo acorrala y lo obliga a tomar la única salida posible mudarse al penthouse de Dmitry Sokolov, el magnate más frío, metódico e implacable del mundo corporativo dmitry no tolera el desorden y pretende controlar cada segundo de la vida de Yuri bajo un contrato con reglas estrictas lo que no sabe es que Yuri no piensa ceder sin luchar entre provocaciones, miradas cargadas de tensión y un choque de egos imparable, la convivencia forzada amenaza con cruzar una línea de la que ninguno podrá regresar
Nota para el lector: Esta obra contiene una relación de rivales a amantes (enemies to lovers) con dinámicas de poder estrictas, choque de personalidades y desacuerdos constantes antes de llegar al desarrollo afectivo si disfrutas de las historias con alta tensión, sarcasmo y secretos por descubrir, ¡bienvenido a Bajo las Reglas!
18+, ⚠️No denunciar. espero les guste 💝
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Muestras de corte
A las cuatro de la tarde en punto, el silencio del gran salón del penthouse fue interrumpido por el sonido de rodillos y cajas al ser descargadas
Borís y dos asistentes colocaron sobre la enorme mesa de centro de mármol varios rollos de tela y carpetas de muestras textiles traídas directamente del almacén central
Yuri bajó las escaleras con paso decidido, llevando consigo su libreta de anotaciones y una cinta métrica colgada al cuello
Dmitry ya estaba allí, de pie al lado de la mesa, observando las Muestras con expresión analítica Portaba una camisa blanca de mangas remangadas hasta los antebrazos, una imagen inusual que le devolvía un aire de letal practicidad
—Las muestras de seda pesada y lino sintético están del lado izquierdo —dijo Dmitry sin desviar la atención del muestrario
—Las de lana y telas estructuradas, a la derecha
Yuri no respondió
Se acercó a la mesa y comenzó a manipular los materiales con destreza profesional acarició la textura del lino, tensionó la seda para medir su elasticidad y acercó una lana oscura a la luz del ventanal para comprobar la opacidad del tinte
—Esta seda no sirve —dictaminó Yuri de golpe, lanzando el rollo hacia un lado
— Es demasiado ligero
Necesito un volumen rígido para el cuello de la chaqueta, si no, se caerá con el primer movimiento del modelo
Dmitry alzó una ceja y tomó la muestra rechazada, deslicando los dedos sobre la superficie de la tela
—Es seda de ochenta mommes importada de Italia
Es el estándar para alta costura
—Me da igual de dónde venga —replicó Yuri, acortando la distancia hasta quedar al otro lado de la mesa, mirándolo a los ojos
— En el papel el trazo exige estructura
Si usamos esto, la prenda parecerá un trapo desinflado y el concepto de 'restricción' se perderá por completo
Dmitry no rebatió de inmediato
Observó la firmeza con la que Yuri defendía su visión creativa y, tras unos segundos de silencio, tomó otro de los rollos del extremo opuesto de la mesa y se lo extendió
—Prueba con el raso de lana
Yuri tomó el rollo
Al hacerlo, sus dedos rozaron inevitablemente los de Dmitry
Ninguno de los dos retiró la mano al instante la frialdad de la tela contrastó con el calor repentino que se extendió entre las palmas de ambos
Yuri sintió cómo se le aceleraba el pulso, pero sostuvo la tensión del contacto sin pestañear antes de tirar suavemente del rollo para desenrollarlo sobre el mármol
Desplegó el material y pasó la mano por la superficie rígida y densa
La caída era perfecta
—Esta sí —admitió Yuri en voz baja, bajando levemente la guardia por un segundo
—Sé reconocer cuando tienes razón, Romanov —dijo Dmitry, dando un paso alrededor de la mesa hasta quedar parado justo a su lado
—No necesito imponer mi criterio sobre el tuyo cuando se trata del diseño
Para eso firmaste el contrato y aceptaste mis condiciones para poner tu talento a mi servicio
Yuri apretó el rollo de lana entre los dedos y apretó los dientes, manteniendo la vista fija en la mesa para no ceder ante la mirada de Sokolov
—Es un trabajo, pero los términos los dictó el contrato —continuó Dmitry con voz pausada, acercando su rostro a la oreja de Yuri mientras señalaba con un dedo el boceto abierto sobre la mesa
—Y la primera prueba real de confección en el taller de tu padre empieza mañana a primera hora
Yuri se giró de golpe, quedando a escasos centímetros del rostro de Dmitry
—¿Voy a ir al taller?
—Iremos juntos —corregió Dmitry con una frialdad impecable
— Borís conducirá
No vas a pisar la calle sin mí, pero necesitas supervisar el primer corte de la tela en persona
Un destello de alivio cruzó por la cara de Yuri volvería a ver a su padre y pisaría el taller después de días encerrado
Sin embargo, saber que iría bajo la constante custodia de su captor le dejaba un sabor amargo
—Entonces no pierdas el tiempo, Sokolov —dijo Yuri, dando un paso atrás para marcar distancia
—Empaca las telas seleccionadas
Mañana vas a ver cómo trabaja un verdadero artesano
Dmitry sostuvo la mirada de Yuri sin pestañear, permitiendo que un silencio denso y cargado de electricidad se instalara entre los dos
Lentamente, alzó la mano y, con la yema de sus dedos, rozó el cuello de la camisa de Yuri, acomodándole la tela con una parsimonia que le hizo dar un vuelco al corazón al artista
—No lo dudo, Romanov —murmuró Dmitry, con la voz aún más grave
—Sé de lo que es capaz la sangre de tu familia Pero no olvides que, por muy hábil que sea el artesano, es el dueño del oro quien decide qué obra se crea y cuál se destruye
Yuri le apartó la mano de un manotazo seco, con los ojos echando chispas de pura rabia
—Inténtalo, Sokolov —desafió en un susurro áspero—Intenta destruirla y verás cómo me llevo tu preciada colección entre las manos
Dmitry insinuó una sonrisa gélida, casi imperceptible, disfrutando de la chispa indomable de Yuri
Dio media vuelta hacia las escaleras, dejando al joven solo junto a la mesa repleta de lino y lana
—Mañana a las siete en punto en el auto —ordenó Dmitry sin voltear—No me hagas esperar
Yuri se quedó parado en el centro del salón, escuchando el sonido constante de los pasos de Dmitry al subir hacia el segundo piso
Apretaba los puños con tal fuerza que las uñas se le clavaban en las palmas, sintiendo cómo la ira y esa extraña turbación pugnaban dentro de su pecho
Sokolov creía tener todo bajo control, pero Yuri no estaba dispuesto a dejarse convertir en un simple peón
Miró las muestras de lana recortadas sobre la mesa de mármol y dejó salir una respiración honda para calmar el ritmo desbocado de su corazón
Continuará...