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Ya no soy tu sustituta

Ya no soy tu sustituta

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Juego de roles / Triángulo amoroso / Tú no me amas / Amante arrepentido / Amor platónico
Popularitas:795
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Durante tres años, Valentina Robles creyó ser la mujer que Gabriel Duarte amaba. Hasta que volvió su ex y ella escuchó la verdad: él solo había estado buscando a otra en su rostro.
Valentina no va a competir por un lugar que nunca fue suyo. Acepta el matrimonio que antes había rechazado y vuelve a casa, decidida a dejar a Gabriel atrás. Lo que él no sabe es que la mujer a la que dio por sentada es una heredera que ya no necesita ocultarse.
A su lado está Alejandro Ferrer, dispuesto a darle algo que con Gabriel nunca tuvo: confianza sin condiciones.
Pero Gabriel no acepta haberla perdido. Y Valentina ya no está dispuesta a ser la segunda opción de nadie.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4

004. No voy a casarme contigo

Alejandro: «Vale, el anillo de compromiso que mandé hacer para ti en Chaumet ya llegó a la tienda de Puerto Azul. Cuando tengas tiempo, puedes ir a verlo».

Chaumet era una marca de anillos de diamantes conocida en todo el mundo. Apenas habían pasado unos días desde que Valentina había aceptado el matrimonio, ¿y el anillo ya estaba listo? ¿Lo habría encargado antes?

No preguntó más. Solo respondió: «Está bien».

***

En la tienda de Chaumet, la vendedora sacó el anillo, muy atenta.

—Señorita Robles, este es el anillo que el señor Ferrer mandó hacer para usted.

Valentina lo tomó y lo contempló con detenimiento. Un raro diamante azul de cinco quilates descansaba en el centro de un aro de pequeños diamantes rosas e incoloros. Bajo las luces, la joya despedía un brillo deslumbrante.

—En el interior también están grabadas las iniciales de usted y del señor Ferrer.

Valentina lo examinó de cerca. En efecto, allí decía «AF VR». Se notaba el cuidado que había puesto en elegirlo. Se lo probó y le quedó perfecto.

—Qué bonito se ve —comentó la vendedora, con sincera admiración.

Apenas se lo había puesto cuando la voz de Gabriel sonó de pronto a su espalda.

—Valentina Robles, ¿qué haces aquí?

Ella frunció el ceño y se volvió. En cuanto lo hizo, Gabriel soltó la mano de Camila. Un destello de frialdad cruzó los ojos de esta, pero enseguida recuperó su expresión habitual.

A Valentina no le sorprendió verlo allí con Camila. Sonrió dulcemente.

—Vine a probarme un anillo.

Gabriel se acercó en unos cuantos pasos. Al ver lo que llevaba en el dedo, su rostro se ensombreció de golpe. Valentina movió la mano para mostrarle el gran diamante reluciente, sin dejar de sonreír.

—¿Qué te parece? ¿Está bonito?

En los ojos de Gabriel asomó el enojo.

—No.

Los dos sabían lo que representaba un anillo. Él había creído que Valentina era dócil y comprensiva. No esperaba que también ella aspirara a lo que no le correspondía.

No podía ofrecerle matrimonio.

Y Valentina tampoco estaba a su altura.

Gabriel se quedó callado, con el rostro frío. A su lado, Camila miró a Valentina con una sonrisa.

—Qué casualidad, Valentina. Gabriel y yo también vinimos a ver anillos.

Valentina se rio por dentro. Así que la llamada de hacía un rato había sido de Camila. ¿Aquello que Gabriel tenía que hacer era acompañarla de compras y mirar anillos con ella?

Él no lo explicó. Con su silencio dio por buenas las palabras de Camila.

La mirada de esta se posó en el anillo de Valentina. Vaya, el diamante azul del centro debía de tener unos cinco quilates. Y estaba rodeado de una hilera de raros diamantes rosas. Aquello debía de costar, como mínimo, unos 1 200 000 dólares. Qué descaro, probárselo así. ¿No le daba vergüenza si ni siquiera podía pagarlo?

Valentina respondió a su provocación con un simple «ah» y siguió admirando el anillo como si nada. Tenía que reconocer que Alejandro tenía muy buen gusto. Le encantaba lo que había elegido.

—Qué bonito tu anillo, Valentina —dijo Camila, sonriente.

—Sí, a mí también me parece precioso.

Gabriel tenía una expresión cada vez más sombría.

—Valentina Robles, quítate el anillo.

—¿Por qué? —Ella ladeó la cabeza hacia él, fingiendo no entender.

—¿Para qué te pruebas anillos? ¿Para presionarme a que me case contigo? —estalló él, incapaz de contenerse—. ¡No voy a casarme contigo!

Camila apenas curvó los labios, satisfecha para sus adentros.

—Valentina, vinimos a probarnos anillos porque Isabel nos lo pidió.

Se refería a Isabel Vidal, la madre de Gabriel. El mensaje no podía ser más claro: ella era la nuera que su madre había elegido. Valentina ya podía ir olvidándose de entrar en la familia Duarte.

Valentina miró a los dos, divertida. Solo se estaba probando el anillo de compromiso que su prometido había mandado hacer para ella. ¿A qué venía tanto drama? Uno se creía tan irresistible que pensaba que quería obligarlo a casarse. La otra presumía de contar con la aprobación de Isabel.

Por favor. Su padre ni siquiera habría considerado a una familia de tan poca categoría como los Duarte de Puerto Azul.

—Ah, está bien —respondió sin la menor alteración en la voz.

Los dos se quedaron desconcertados. ¿Por qué no le importaba en absoluto?

Camila le estudió el rostro, buscando algún rastro de celos o resentimiento, pero no encontró una sola grieta en su expresión. Ya no sabía qué pensar. ¿Fingía que no le importaba o de verdad le daba igual?

Gabriel tenía el rostro más oscuro que nunca.

—Valentina Robles, ¿qué ganas con esto? ¿Sabías que Camila y yo íbamos a venir a ver anillos y te pusiste aquí a esperarme? Te lo voy a decir de una vez: tú y yo no tenemos futuro. ¡Por mucho que me presiones hoy, no va a servir de nada! Para casarse hay que ser de familias del mismo nivel. ¿Cómo vas a casarte conmigo con lo que tú tienes? —No dejaba de arremeter contra ella—. ¡Mírate nada más! ¡Hasta a mí me das vergüenza!

Estaba tan enojado que lo soltó todo de golpe. Valentina, en cambio, no se enfadó en lo más mínimo. Sonrió con paciencia.

—¿Otra vez doy vergüenza? Si no recuerdo mal, todavía no hemos terminado. Entonces Camila es la otra, ¿no? Y tú, el infiel. ¿Quién es el que debería sentir vergüenza?

Aquellas palabras acabaron de hacerlo estallar. Con el pecho subiendo y bajando violentamente, le gritó:

—¡¿Te lo vas a quitar o no?!

—No —respondió ella, tranquila, sin ninguna prisa.

—¡Bien! ¡Si tanto te gusta, déjatelo! ¡De todos modos, ni voy a comprarte un anillo ni voy a casarme contigo!

—Sí, sí.

Gabriel vio que no conseguía nada con ella. Le lanzó una mirada furiosa, se dio la vuelta y salió hecho una furia. Camila corrió tras él.

—Gabriel, espérame.

Cuando ambos se fueron, la vendedora miró a Valentina, desconcertada.

—Señorita Robles, ¿quiénes eran esas personas?

—No tienen nada que ver conmigo. No les hagas caso.

Llevaban tres años juntos y Gabriel nunca había pensado en casarse con ella. Ni se imaginaba que era él quien no estaba a la altura de ella. Y ella tampoco había pensado en casarse con él.

Valentina tomó unas fotos con el anillo puesto y se las envió a Alejandro.

«¿Está bonito?»

***

En ese momento, en la oficina de la presidencia del Grupo Ferrer, en Santa Lucía, Alejandro miraba el mensaje de la muchacha a la que tenía guardada como «Vale». Una sonrisa le curvó los labios. Dejó los documentos que tenía en las manos y le respondió.

Alejandro: «Muy bonito. ¿Te gusta?»

«Sí».

La sonrisa de Alejandro se hizo más profunda.

«Me alegra que te guste».

«Alejandro, ¿este anillo es muy caro?»

«No. Tú te mereces lo mejor».

A un lado, Nicolás Vega esperaba a que su jefe firmara unos documentos. Ya había alzado la vista a escondidas varias veces. ¿Estaría viendo mal? ¿Su jefe, siempre tan frío, estaba sonriendo? Y con una sonrisa tan… ¿cómo decirlo? Tan enamorada. Casi parecía rodeado de burbujas rosas.

—Ya está firmado. ¿Qué estás mirando?

Al volverse hacia Nicolás, Alejandro había recuperado su frialdad de siempre. El asistente reaccionó y tomó enseguida los documentos que le tendía.

—Nada, señor Ferrer. Con su permiso, me retiro.

***

Después de recoger el anillo, Valentina fue a una tienda de relojes para hombre en el centro comercial de al lado. Quería comprarle uno a Alejandro y llevárselo de regalo cuando regresara a Santa Lucía.

Su padre le había enviado una foto reciente de él. Tenía un aire distante, cejas bien definidas, ojos brillantes y facciones atractivas. No había cambiado mucho desde que ella lo recordaba. Valentina eligió con cuidado un reloj negro que le quedaría muy bien.

Apenas terminó de pagar con tarjeta, alguien conocido se acercó a saludarla.

—Valentina, ¿qué estás…?

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ysabel cecilia contreras
Miércoles llegó con otra 👿🤣🤣🤣🤣🤣
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