Amanda lo entregó todo por amor. Cuando Steven Ferreira estaba a punto de perderlo todo, ella utilizó su dinero, sus contactos y su inteligencia para convertirlo en un exitoso empresario. Sin embargo, cuando él alcanzó la cima, comenzó a avergonzarse de su novia por su físico y su apariencia sencilla.
Cegado por la ambición, Steven permitió que su familia y Alicia Montalvo humillaran a Amanda públicamente, llamándola «cucaracha» y exigiéndole que desapareciera de sus vidas.
Pero cometieron un error imperdonable: confundieron su discreción con debilidad.
Amanda no derramará más lágrimas por un hombre que nunca la mereció. Con una sola orden, hará temblar el imperio Ferreira y revelará un secreto capaz de poner de rodillas a toda la alta sociedad.
Porque la novia despreciada no es una mujer cualquiera.
¡Es la futura reina de Noruega!
Y ahora, el cucaracho es él.
NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La Última Insolencia
Dos días después de la visita de Steven, Amanda salió del hotel temprano por la mañana para caminar por los jardines cercanos y respirar aire fresco. No llevaba escolta ni acompañante. Solo su bolso pequeño y una chaqueta ligera contra la brisa que todavía refrescaba las calles a esa hora. Disfrutaba esos momentos de soledad tranquila, donde nadie la miraba con expectativas ni con juicios, donde simplemente podía ser ella misma sin que nadie supiera quién era en realidad. No esperaba que nadie la reconociera allí. Y mucho menos esperaba encontrarse con quien menos deseaba ver.
Al dar la vuelta hacia la entrada principal del hotel, vio que un coche deportivo de color rojo brillante estaba estacionado en doble fila, con el motor encendido y las ventanillas bajadas. Y junto a él, de pie, con los brazos cruzados sobre el pecho y una expresión que mezclaba impaciencia y desdén, estaba Alicia Montalvo. En cuanto vio a Amanda, caminó hacia ella con paso decidido, como si tuviera todo el derecho del mundo a interrumpir su mañana, y se detuvo justo frente a ella bloqueándole el paso.
—Menuda suerte tenerte aquí —empezó Alicia, con una sonrisa afilada que no llegó a sus ojos—. Estaba a punto de subir a preguntar por ti, pero qué conveniente que hayas salido tú sola. Así no haremos escándalo delante de todos. Aunque supongo que eso no te importa mucho, ¿verdad? A ti nunca te ha importado parecer fuera de lugar.
Amanda no se alteró. Se quedó de pie donde estaba, sin dar un paso atrás, y la miró con calma serena:
—Buenos días, Alicia. Si tienes algo que decirme, dilo rápido, por favor. No tengo mucho tiempo.
—¿Poco tiempo para qué? —soltó Alicia, con una risa cortante—. ¿Para seguir metiéndote donde no te llaman? Escúchame bien, porque solo te lo diré una vez y espero que esta vez entiendas el mensaje. Te has quedado demasiado tiempo en esta ciudad. Has causado suficiente daño ya. Steven está destrozado, sus negocios se desmoronan, y todo porque tú apareciste en su vida cuando él estaba empezando de cero y te aferraste a él como una sanguijuela esperando que subiera contigo a cuestas. Pero ya terminó tu juego. Él es mío. Nosotros pertenecemos a este mundo y tú no. Así que te pido, por última vez, que te vayas. Vuelve de donde viniste y no vuelvas. No eres bienvenida aquí. Nadie te extrañará. Nadie te necesita. Y si crees que puedes usar la compasión de él para quedarte y arruinar lo que nos queda, estás muy equivocada. No me importa qué historias le hayas contado para que sienta lástima por ti. Yo conozco tu tipo: oportunista, siempre esperando que alguien más exitoso te arrastre hacia arriba. Pues aquí no vas a conseguir nada. Así que recoge tus cosas y lárgate. Antes de que tenga que ser menos amable contigo.
Amanda la escuchó en silencio completo, sin interrumpirla, sin levantar la voz, sin siquiera fruncir el ceño. Dejó que Alicia vaciara toda su amargura, su miedo y su orgullo herido en palabras que cada vez sonaban más desesperadas que seguras. Cuando Alicia finalmente calló, con el pecho agitado por la respiración acelerada, Amanda habló con suavidad pero con una firmeza que hizo que la otra mujer se quedara inmóvil:
—¿Has terminado? Porque si es así, déjame decirte algo. No estoy aquí por Steven. No estoy aquí para quitarte nada ni para arruinar tus planes. Y no me voy a ir porque tú me lo pidas. Mi estancia en esta ciudad no depende de ti, de tu familia, ni de nadie que conozcas. Y una cosa más: si de verdad confiaras en que él te ama y en que lo que tienen es sólido, no tendrías que venir a amenazarme a las puertas de un hotel a primera hora de la mañana. El miedo que sientes no viene de verme a mí. Viene de saber en el fondo de tu corazón que él nunca te miró como te miró a ti mismo en el espejo. Y esa inseguridad no la puedo curar yo. Solo tú puedes hacerlo. Que tengas un buen día, Alicia. Con permiso.
Amanda dio un paso a un lado para pasar, pero Alicia, furiosa porque sus palabras no habían tenido el efecto que esperaba, le bloqueó el camino otra vez, más alterada ahora:
—¡No te hagas la sabia! Sé que planeas algo. Sé que no te marchas sin pelear. Pero te equivocas de rival. Mi familia tiene conexiones que tú ni siquiera puedes imaginar. Si no te vas por las buenas, te haré ir por las malas. No sabes con quién te estás metiendo. Soy Alicia Montalvo y mi nombre abre puertas que tú ni siquiera saben que existen. Tú no eres nadie. Nadie. ¿Me entiendes? Nadie importante. Y nunca lo serás.
—El valor de una persona no está en el apellido que lleva —respondió Amanda sin alterar su voz—. Ni en las puertas que su dinero puede abrir. Está en cómo trata a quienes no pueden hacer nada por él. Y en eso, Alicia, tú y yo nunca hemos estado en el mismo nivel. Ahora, por favor, quítate de mi camino. No quiero discutir contigo. No vale la pena.
Alicia abrió la boca para soltar otro insulto, pero en ese momento vio salir a dos empleados del hotel que miraban la escena con claridad desde la entrada. Comprendió que si seguía llamando la atención, sería ella quien quedaría mal, no Amanda. Apretó los puños a los costados, con los ojos brillándole de rabia contenida, y le escupió las últimas palabras entre dientes:
—Esto no ha terminado. Te vigilo. Y cuando menos lo esperes, verás de qué lado cae la balanza. No sabes quién soy yo, pero tampoco sabes quién eres tú realmente para él. Cuando se te acabe el encanto, te quedarás sola como siempre has estado. Y entonces te acordarás de mí.
Se dio la vuelta de golpe, subió a su coche y arrancó con un estruendo de motor que dejó una estela de humo y polvo tras de sí. Amanda siguió caminando hacia los jardines como si nada hubiera pasado, aunque por dentro sintió una pena sincera por aquella mujer. Alicia tenía todo lo que muchos desean: belleza, riqueza, estatus. Pero era tan pobre de espíritu que necesitaba hacer sentir pequeña a los demás para sentirse grande ella misma. Y esa pobreza, pensó Amanda con tristeza, era la única verdadera desgracia que ningún dinero podía remediar.
Lo que Alicia no sabía, mientras se alejaba furiosa por las calles de la ciudad, era que esas mismas palabras que creía eran una advertencia, estaban sellando su propio destino. Que el orgullo que no cabe en una puerta, tarde o temprano se queda fuera de ella. Y que la mujer a la que llamó "nadie", era la única persona en aquel mundo que tenía el poder de decidir cuándo las puertas de su compasión se abrían… y cuándo se cerraban para siempre.
Cada ser humano debe aprender a valorar y valorarse.
Exitos y bendiciones. 🫂