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Me Casé Con El Príncipe Maldito Para Escapar Del Heredero

Me Casé Con El Príncipe Maldito Para Escapar Del Heredero

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Amor en la guerra / Bestia / Romance
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Darcalie

Faltaban veintitrés días para mi boda cuando descubrí que el príncipe Cassiel planeaba matarme después de convertirse en emperador.

Esa misma noche, mi padre apareció muerto.

Solo tenía una forma de escapar de mi prometido: casarme con su hermano mayor.

Killian, el príncipe maldito que todo el Imperio temía.

Creí que estaba eligiendo al menor de dos monstruos.

Hasta que llegué al Norte y miles de soldados se arrodillaron ante mi esposo.

—Bienvenido a casa, mi rey.

Entonces se arrodillaron ante mí.

—Bienvenida, mi reina.

NovelToon tiene autorización de Darcalie para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19: No abras la puerta.

Dormí aproximadamente diecisiete minutos.

No era una cifra exacta, pero considerando que pasé la mayor parte de la noche mirando el techo mientras recordaba que mi esposo podía reconocer mi olor desde el otro extremo de una puerta, diecisiete minutos me parecía una estimación generosa.

Al amanecer abandoné la cama.

Morvath seguía frente a mi puerta.

—Tú tienes la culpa.

El lobo abrió un ojo.

—Antes de conocerte, mis problemas eran normales; Infidelidades, asesinatos, matrimonios forzados. Cosas razonables.

Morvath bostezó.

—Ahora tengo un esposo en celo encerrado en una torre.

Se levantó y comenzó a caminar.

—No pienso seguirte.

Continuó.

Suspiré.

—Te odio.

Lo seguí.

Para mi alivio, no se dirigió hacia la torre oriental. Me condujo hasta el comedor, donde Ronan desayunaba acompañado de Eamon.

Ambos dejaron de hablar cuando entré.

—No hagan eso.

—¿Qué? —preguntó Ronan.

—Callarse cuando aparezco.

Me senté.

Una doncella colocó una taza frente a mí.

—¿Cómo está Killian?

Ronan tomó demasiado interés en su pan.

—Vivo.

—Magnífico. ¿Algo más?

—Enfadado.

—Eso es normal.

Eamon pasó una página del libro que estaba leyendo.

—La fiebre aumentará durante el segundo día.

Mi mano se detuvo.

—¿Aumentará?

—Sí.

—Ayer omitió esa parte.

—Ayer usted estaba suficientemente alarmada.

Lo miré.

—Empiezo a comprender por qué Killian amenaza con matarlo tan seguido.

Eamon sonrió.

—Eso significa que ya se está adaptando al Norte.

Antes de que pudiera responder, las puertas se abrieron. Yrsa entró acompañada por dos soldados. Su expresión bastó para que olvidara momentáneamente la Fiebre Negra.

—Tenemos un problema.

Ronan se levantó.

—¿La frontera?

—Veridian.

Dejó varias cartas sobre la mesa.

—Cassiel comenzó a enviar mensajes a las casas del Sur.

—¿Qué clase de mensajes?

Yrsa me entregó uno. Leí y mi estómago se contrajo.

Cassiel aseguraba que Killian me mantenía prisionera. Que nuestro matrimonio había sido celebrado bajo coacción. Que yo había sido llevada al Norte contra mi voluntad. Y que la Corona preparaba una operación para rescatarme.

—Está convirtiéndome en su excusa para invadir.

—Exactamente —dijo Ronan.

Seguí leyendo.

Entonces encontré algo peor.

—Dice que Killian me hechizó.

Eamon levantó la cabeza.

—Interesante.

—No veo qué tiene de interesante.

—Cassiel está introduciendo magia en la narrativa.

Yrsa comprendió primero.

—Está preparando el terreno.

—¿Para qué? —pregunté.

Eamon cerró el libro.

—Si descubre que usted es Guardiana, podrá acusarla de practicar magia prohibida.

El frío recorrió mi espalda.

Vhalen.

Mi madre.

Vaelgard.

Todos habían sido acusados de lo mismo.

—Así justificaron la destrucción de Vaelgard.

Yrsa asintió.

—Y Vhalen.

Cassiel estaba siguiendo el mismo camino. Quizá sin conocer todavía toda la verdad. O quizá conocía más de lo que imaginábamos.

—Tenemos que responder.

Ronan negó.

—Killian debe hacerlo.

—Killian está encerrado intentando no arrancar puertas.

—Continúa siendo el rey.

—Y yo soy la reina.

Los tres me miraron.

—Si Cassiel está utilizando mi nombre, responderé con mi nombre.

Una hora después estaba sentada frente a un escritorio. No escribí una carta para Cassiel. Escribí veinticuatro. Una para cada casa importante del Sur:

No estoy prisionera. No fui obligada a casarme. No deseo ser rescatada.

Cualquier ejército que cruce las fronteras del Norte utilizando mi nombre lo hará contra mi voluntad.

Alamea Aster, Reina en el Norte y duquesa legítima de la Casa Aster.

Yrsa leyó la última.

—Eso va a enfurecerlo.

—Excelente, ese era completamente mi propósito.

—Me agradas.

Ronan reunió las cartas.

—Las enviaremos hoy.

Un golpe estremeció el castillo. Todos miramos hacia arriba.

Torre oriental.

Eamon hizo una mueca.

—Segundo día.

Intenté ignorarlo pero no funcionó. A mediodía escuchamos el segundo golpe. Al atardecer, el tercero. Cuando llegó la noche, nadie necesitó decirme que algo estaba mal.

Lo sentía.

Había una presión extraña bajo mi piel. Calor. Una inquietud que me obligaba a caminar de un lado a otro. Finalmente salí. Ronan estaba esperándome.

—No.

—Ni siquiera he dicho nada.

—Va hacia la torre.

—Quizá quería caminar.

—Lleva una manta.

Miré la manta que sostenía.

—Hace frío.

—También lleva comida.

Maldito hombre.

—Killian no ha comido en todo el día.

—Le dejamos comida.

—¿La comió?

Silencio.

—Eso pensé.

Ronan se interpuso.

—La fiebre está en su punto máximo.

—No voy a entrar.

—Alamea...

—Solo quiero asegurarme de que está bien.

Su expresión cambió.

—Ese es el problema.

—¿Cuál?

—Él también quiere asegurarse de que usted está bien. Constantemente. Y la Fiebre convierte ese instinto en algo mucho más intenso.

Miré hacia la torre.

—Puedo hablar con él a través de la puerta.

Ronan suspiró.

—Voy con usted.

—No necesito escolta.

—No es por usted.

Lo miré.

—Es para que Killian sepa que no está sola conmigo.

Parpadeé.

—Eso es ridículo.

—Ayer un guardia le llevó agua.

—¿Y?

—Killian le preguntó por qué olía a usted.

—¿Qué?

—El guardia había sostenido su capa durante la mañana.

Tuve que contener una risa.

—No es divertido.

—Un poco.

—El pobre muchacho pidió cambio de turno.

Llegamos a la torre. Esta vez no había dos guardias. Había seis.

—¿Eso debería preocuparme?

—Sí —respondió Ronan.

Fantástico.

Me acerqué a la puerta.

—Killian...

Nada.

—Le traje comida.

Silencio.

—También está Ronan.

Un gruñido.

Ronan levantó las manos.

—Eso fue innecesario.

Casi sonreí.

—Abra la pequeña compuerta.

Uno de los guardias obedeció. Dejé la bandeja. Una mano apareció desde dentro. Las marcas negras cubrían sus dedos.

—¿Killian?

Tomó la bandeja.

Antes de desaparecer, sus dedos se detuvieron.

—Estás demasiado cerca.

Su voz era apenas reconocible.

—Estoy detrás de una puerta.

—Demasiado cerca.

Retrocedí.

—¿Mejor?

—No.

Ronan murmuró:

—Eso no va a mejorar.

—Te escucho —gruñó Killian.

Ronan retrocedió.

—Me retiro.

Lo agarré del brazo.

—Ni se le ocurra.

Desde dentro llegó otro gruñido.

Miré la puerta.

—¿Acaba de gruñir porque estoy tocando a Ronan?

Silencio.

Solté el brazo inmediatamente.

—Killian.

—No quiero hablar de eso.

Me llevé una mano a la boca para contener la risa.

—Esto es humillante —dijo.

—Un poco.

—Alamea.

—Está bien.

Escuché cómo se sentaba al otro lado. Yo hice lo mismo. La puerta entre nosotros.

—Cassiel envió cartas al Sur.

El ambiente cambió inmediatamente. Le expliqué. No me interrumpió.

—¿Qué respondiste?

—Que no estoy prisionera y que cualquier ejército que venga a rescatarme estará actuando contra mi voluntad.

Silencio.

—¿Y?

Sonreí.

—Firmé como Reina en el Norte.

Una risa profunda llegó desde dentro.

—Yrsa te está corrompiendo.

—Creo que es al revés.

Durante unos minutos todo pareció normal. Solo Killian y yo hablando. Hasta que apoyé la cabeza contra la puerta.

Él dejó de respirar.

—¿Qué ocurre?

—Tu corazón.

Me quedé quieta.

—¿Qué pasa con él?

—Está más rápido.

Mi corazón, traidor, aceleró todavía más.

Killian soltó una maldición.

—Eso no ayuda.

—No puedo ordenarle que lata más despacio.

—Inténtalo.

Sonreí. Entonces sentí aquella corriente. Más fuerte que nunca. La luz plateada apareció alrededor de mis dedos. Al otro lado escuché a Killian jadear.

—¿Killian?

—Aléjate...

—¿Le duele?

—No.

—Entonces...

—Alamea...

Su voz tembló. Nunca había escuchado temblar la voz de Killian. Me levanté.

—Voy a entrar.

Ronan se puso rígido.

—No.

Killian golpeó la puerta desde dentro.

—¡No!

Me detuve.

—Algo está ocurriendo con el vínculo.

—Lo sé.

—Puedo ayudar.

—Precisamente por eso no puedes entrar.

—No entiendo.

Escuché cadenas.

No sabía que se había encadenado otra vez.

—Killian.

—Si entras, la fiebre disminuirá.

Fruncí el ceño.

—Entonces ¿cuál es el problema?

Silencio.

Eamon no me había contado todo.

Naturalmente.

—¿Qué ocurre si la fiebre disminuye?

Killian tardó demasiado en responder.

—El vínculo intentará completarse.

Sentí calor en las mejillas.

—¿Completarse cómo?

Ronan comenzó a caminar hacia las escaleras.

—Cobarde —murmuré.

—Completarse contigo —respondió Killian.

Ya no había humor en su voz.

—No porque Morvath me obligue. No porque la fiebre pueda quitarme la voluntad.

Las cadenas volvieron a sonar.

—Sino porque si te tengo delante ahora mismo, voy a querer pedirte que te quedes.

Mi respiración se volvió superficial.

—¿Pedirme?

—Sí.

Aquella palabra importaba.

Muchísimo.

—Y si digo que no...

—Te abriré la puerta para que salgas.

Sin vacilar.

—¿Y si digo que sí?

El silencio se prolongó.

Cuando Killian respondió, su voz era apenas un murmullo.

—Entonces necesito que estés completamente segura de que me estás eligiendo a mí.

No a Morvath.

No a la magia.

A él.

Miré la cerradura. Podía irme. Probablemente debía hacerlo. Habíamos comenzado aquel matrimonio para sobrevivir. Apenas unas semanas atrás Killian era un hombre al que temía. Pero ya no pensaba en el príncipe monstruoso de las historias.

Pensaba en el hombre que había permanecido bajo la lluvia mientras enterraba a mi padre.

En el rey que había corrido a salvar una aldea.

En el esposo que se había encerrado durante dos días porque prefería sufrir antes que arriesgarse a hacerme sentir insegura.

Puse la mano sobre la cerradura. Ronan dejó de respirar.

Desde dentro, Killian también.

—Alamea.

Giré lentamente la llave.

—Estoy segura de una cosa.

—¿Cuál?

Abrí la puerta apenas unos centímetros.

Dos ojos completamente negros encontraron los míos.

—Estoy cansada de hablar con mi esposo a través de una puerta.

Y entré.

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Maria Arias
hay que bueno jajajsj 🤭
Maria Arias
hay me morí con estos par de locos
Maria Arias
hay Dios esto está es bueno. tiene mucho suspenso
Maria Arias
que desgraciado
Flæka Caviedez
Mucha demora para un capítulo. así no aguanta leer
Mayelin Cepero Valdes
x favor actualizar rápido
inuyasha/ Tomoe🦊
más capítulos plis no dejes de escribir lo espero con ansias 🫠
Maria Liendo
más capitulos por favor 😁 está muy buena la novela sigue así
Arely Castañeda
maldito Cassiel como que apropiación ilegal si ella es la heredera
Darcalie: LO ODIO CON TODO MI CORAZÓN 😭
total 1 replies
Iliana Curiel
oh dios mío autora me encanta tu novela no puedo esperar a leer más capítulos soy tu fan ❤️❤️❤️❤️
Iliana Curiel
autora estoy fascinada con tu novela me encanta, no tengo palabras estoy ansiosa por más capítulos
gracias me dejas sin palabras, hermosa y misteriosa historia ❤️❤️❤️🥰🥰🥰
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Nooo, que feooo /Sob/
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