⛈️🍒El amor Alfa x Alfa rompe todas las leyes de la naturaleza, nuevamente. 🍼🐺 ¿Se imaginan al imponente Min-hyuk con pancita y a Tae-jun liberando toda su cereza quemada para protegerlo? El cachorro Enigma ha llegado para reclamar su trono. 🍒⛈️
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La paz dentro de la sede médica de Aura se sentía como una fortaleza blindada por el precio de la sangre. Habían pasado semanas desde la eliminación de la plaga de Jun-seo, y el perímetro industrial se encontraba completamente limpio y en silencio. El tiempo avanzaba con una rapidez que mantenía los instintos de la manada en una alerta constante.
Min-hyuk ya cursaba el séptimo mes de gestación, alcanzando la semana veintiocho de la Mutación de Enlace. El tratamiento de bioquímica avanzada aplicado por las especialistas Tania y Margaret había evitado los desgarros musculares internos, pero el crecimiento del cachorro estaba exigiendo un esfuerzo titánico por parte del Lobo robusto. Su pijama oscuro ya no podía ocultar la inmensidad del milagro; una curva innegable, una pancita visible y pesada descansaba en su regazo cada vez que se sentaba al borde de la cama.
A su lado, Tae-jun se encontraba en un estado de sobremarcha protectora. El Alfa pálido vestía una playera oscura holgada, descalzo y con su cabello largo y negro cayendo suelto sobre sus hombros. Llevaba días sin alejarse del dormitorio, sirviendo como una almohada viva y caliente para su esposo. Su mano larga y de dedos finos permanecía posada de manera fija y posesiva sobre el vientre de Min-hyuk, liberando una ráfaga constante, densa y asfixiante de su aroma a tabaco dulce y cereza negra quemada.
El perfume de la pantera funcionaba como un escudo biológico continuo que engañaba al sistema inmunológico del lobo.
El sonido estridente del teléfono rompió la tregua de azúcar de la habitación. Era una llamada proveniente de las oficinas de la Torre Kim. El patriarca Kim Sung-won estaba al otro lado de la línea.
Tae-jun tomó el aparato con un movimiento perezoso, recuperando su habitual armadura de hielo corporativo en un segundo.
—Habla Tae-jun, padre —dijo con su voz suave y sibilante, manteniendo una compostura perfecta.
—¿Cuándo demonios piensan regresar de Europa, Tae-jun? —rugió el viejo patriarca—. La empresa necesita la presencia física de los directores. Tu suegro, Min Dong-chul, también está perdiendo la paciencia en su oficina.
—Los negocios avanzan a la perfección a través del servidor seguro, padre —mintió Tae-jun sin pestañear, dibujando una sonrisa ladeada y calculadora en sus labios carnosos—. Min-hyuk y yo decidimos darnos un tiempo de descanso extra en el extranjero para estabilizar las acciones preferenciales y relajarnos. No tolero que presionen mi agenda. Regresaremos cuando lo considere necesario.
Tae-jun colgó la línea de golpe, arrojando el teléfono sobre la mesa. Una risa suave y rota escapó de su garganta al imaginarse la farsa del futuro. Ya visualizaba la cara de asombro y cortocircuito mental que tendrían sus padres y sus suegros cuando regresaran con un nieto o nieta en los brazos, demostrando que su estructura indestructible era superior a cualquier linaje tradicional de la élite.
Min-hyuk se acomodó mejor en el abrazo posesivo, entrelazando sus dedos con los de su pantera, soltando un suspiro.
—Tu padre sigue siendo un viejo terco —susurró Min-hyuk con una sonrisa tierna y melosa—. Pero tiene razón en algo: el tiempo se está terminando. La Mutación está alcanzando su punto crítico.
La puerta se abrió de manera suave, y los socios extranjeros ingresaron a la suite médica junto a las doctoras. Zen Grimhand vestía un traje oscuro impecable, desprendiendo su rastro gélido de ginebra seca, mientras Hendrik De Vries mantenía una mano en la cintura de su esposo, su imponente masa muscular llenando el cuarto con su abedul ahumado. Detrás de ellos, Tania y Margaret acomodaron los maletines metálicos con el instrumental quirúrgico de alta gama.
Sentados alrededor de la cama, la conversación se volcó de inmediato hacia la verdadera naturaleza del cachorro que estaba por nacer y los cuidados extremos que requeriría un recién nacido Enigma.
—Tienen que escuchar con atención, muchachos —intervino la doctora Alfa Tania, cruzándose de brazos con expresión severa—. Un Enigma es el Alfa de Alfas, una fuerza biológica indomable. Desde el primer segundo en que el bebé dé su primer llanto, la frecuencia de su aura de mando será tan masiva que obligará a sus propios instintos a doblegarse si no actúan rápido.
Margaret sacó un pequeño estuche de plástico con el sello de Aura, mostrando dos parches dérmicos transparentes de máxima potencia.
—Igual que hicimos con Kassar, el niño debe usar estos parches inhibidores avanzados en la nuca desde el primer minuto de vida —explicó la cirujana Omega con una dulzura pausada—. La microdosis de suero neutralizador apagará esa señal de radio ensordecedora, camuflándolo bajo la neutralidad de un Beta ordinario. Si alguien más huele su poder antes de que aprenda a controlarlo, lo convertirán en un experimento de laboratorio.
Zen Grimhand dio un paso al frente, clavando sus ojos gélidos en las pupilas dilatadas de Tae-jun.
—Pero el verdadero desafío no son los parches, Tae-jun; es la disciplina —sentenció el Príncipe de Hielo con una calma gélida—. El instinto de un Enigma es armonizar su territorio manipulando el ambiente. Sentirán una necesidad loca de arrodillarse ante él o de ceder ante todos sus caprichos porque su aura disuelve el estrés. No pueden permitir que los domine. Ustedes son sus padres, los Alfas que lo trajeron al mundo, y el niño debe comprender desde su primer amanecer que el poder no es para oprimir ni mandar, sino para proteger a su manada.
Al escuchar las palabras de Zen sobre los preparativos quirúrgicos, la cordura de Tae-jun amagó con romperse. Un pánico frío y un sudor conocido le perló la nuca. El Alfa pálido, usualmente frío y calculador al torturar enemigos o mover millones en la bolsa, sintió que el corazón le daba un salto violento de pura ansiedad.
—Me está carcomiendo el cerebro el saber que van a abrir a Min-hyuk en ese quirófano —confesó Tae-jun, su voz suave perdiendo toda su armadura de hielo, revelando la locura protectora de su paranoia—. Sus paredes musculares son rígidas, densas. Pensar en el bisturí cortando su carne y en el riesgo de una hemorragia masiva interna me está volviendo loco de remate. No sé cómo voy a mantener el control.
Hendrik De Vries soltó una risa ronca, dándole una palmada firme en el hombro de Tae-jun para transmitirle su fuerza.
—Yo me ponía exactamente igual de estúpido, rabioso y desahuciado cuando operaron a Zen, amigo —burló Hendrik—. Sentía que el mundo se me venía encima y casi me desmayo al ver la primera gota de sangre. Pero tienes que ser un ejército de calma para tu esposo. Las doctoras tienen todo bajo control. El suero de expansión de tejidos evitará los dolores y tú serás el ancla que Min-hyuk necesite para no perder su temperatura basal. Confía en la fuerza de tu lobo.
Zen asintió con una sonrisa ladeada y una superioridad soberana que selló su apoyo.
—Min-hyuk es el Alfa más resistente que he visto, Tae-jun. No se va a romper en nuestras manos —aseguró Zen con su voz de enebro—. Respira profundo y mantén tu tabaco dulce estable. Tu nido está blindado.
En ese preciso instante de la charla, el pequeño Kassar ingresó a la habitación con pasos ligeros. El niño vestía su conjunto negro fino y llevaba sus propios parches inhibidores bien ajustados en el cuello. Avanzó con una madurez silenciosa, subiéndose con cuidado al colchón de la cama, acomodándose en medio de sus padres Zen y Hendrik, abrazándolos con un cariño que enterneció el ambiente.
Kassar miró fijamente los rostros de Tae-jun y Min-hyuk con sus ojos claros de mezcla azul y ámbar profundo.
—No tengan miedo, tíos —habló el pequeño Enigma con una voz serena, clara y desprovista de cualquier temor—. Estaré aquí cuando el bebé salga del quirófano. Yo me encargaré de cuidarlo en el dormitorio y le enseñaré a ser un buen niño. Le diré cómo usar sus parches para no asustar y jugaremos sin hacer ruido para que el tío Min-hyuk pueda dormir. Yo seré su hermano mayor.
El impacto de escuchar la madurez del niño y ver el amor incondicional de la alianza de Aura disipó de golpe el desierto de confusión de la suite médica. Una ola de felicidad pura, mansa y cálida inundó el dormitorio, devolviéndoles la sonrisa y el confort. Tae-jun sintió que el pánico cedía ante el azúcar de la escena, besando la frente de su esposo con una devoción melosa que lo decía todo.
Min-hyuk se reclinó en el pecho de su pantera, soltando una risa suave. Acarició la pancita de siete meses, mirando a los presentes con un brillo feliz en sus ojos oscuros.
—Todo esto es perfecto... este lugar está seguro, las doctoras están listas y ya tenemos al mejor maestro para nuestro cachorro —susurró Min-hyuk, deteniéndose por un segundo amargo mientras sus facciones rígidas se contraían por una repentina realización cómica—. Pero hay un detalle estúpido en el que acabo de caer, muchachos... No he pensado en ningún maldito nombre para nuestro bebé. No tengo la menor idea de cómo vamos a llamarlo cuando dé su primer llanto.
La suite médica se llenó de golpe con el eco de las risas de todos los presentes. Tae-jun soltó un bufido de diversión, mordiéndole sutilmente el lóbulo de la oreja al lobo robusto como un castigo por su terquedad, mientras las doctoras guardaban los informes impresos.
El refugio de los amantes volvía a ser una fortaleza de confort. Los lobos reyes de la metrópolis estaban listos para enfrentar la recta final de su revolución, protegidos por el fuego de su pasión y la lealtad inquebrantable de una manada internacional que no se detendría con tal de ver nacer el amanecer de su nuevo imperio de sangre.
🧚🫧 ¡Ay, mis Chickis bebés! 😭❤️ ¡el pequeño Kassar prometió ser el maestro del bebé Enigma! 🍼🧡 Pero el Lobo robusto no pensó en ningún nombre... No se olviden de dejar sus reacciones: 👍🌟🎁 dejen mucho amor en los comentarios y nos vemos en el Capítulo 20 con los nombres finalistas para el heredero supremo. ¡Besitos, mis amores! 🫧🧚