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El Monstruo Sin Nombre

El Monstruo Sin Nombre

Status: En proceso
Genre:Venganza / Romance / Mafia
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Black_Dragon

En las heladas tierras de Rusia nació un hombre destinado a conocer el verdadero significado del sufrimiento. Desde su infancia fue arrojado a un mundo de violencia, traición y muerte, donde cada día era una batalla por sobrevivir. Las cicatrices que cubrían su cuerpo eran solo una pequeña muestra de las heridas que consumían su alma. Después de perder todo aquello que alguna vez amó, se convirtió en una sombra de sí mismo: un guerrero despiadado que caminaba entre cadáveres y campos de batalla sin sentir miedo, compasión o esperanza. Para él, el mundo era un infierno interminable, y él mismo era uno de sus demonios. Sin embargo, cuando el destino parecía haber sellado su condena, una mujer apareció en su vida. A diferencia de los demás, ella no vio al monstruo que todos temían, sino al hombre roto que se ocultaba tras años de dolor. Con paciencia, valentía y una determinación inquebrantable, comenzó a derribar los muros que protegían su corazón.

NovelToon tiene autorización de Black_Dragon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19: Un sentimiento llamado celos

Jamás imaginé que ganar una competencia pudiera cambiar tantas cosas.

Durante los primeros días pensé que todo volvería a la normalidad.

Me equivoqué.

Muchísimo.

---

La mañana comenzó igual que cualquier otra.

Desayunamos todos juntos.

Los gemelos discutían por un trozo de pan.

La madre reía mientras preparaba más té.

El padre leía el periódico.

Y Rose...

Rose seguía sonriendo cada vez que nuestras miradas se encontraban.

Todo parecía normal.

Hasta que abrí la puerta de la casa.

—¡Leon!

Una voz femenina.

Después otra.

Y otra.

Levanté la cabeza.

Cinco muchachas de mi edad estaban esperándome frente a la cerca.

Sonreían.

Algunas escondían pequeñas cartas detrás de la espalda.

Otras simplemente me saludaban con la mano.

Parpadeé varias veces.

No entendía nada.

—Buenos días...

respondí por educación.

Antes de que pudiera dar otro paso, una de ellas se acercó.

—¿Podrías enseñarme a cortar leña algún día?

Otra levantó la mano enseguida.

—¡Yo también quiero aprender!

—¿Podemos caminar contigo?

—¡Leon, felicidades por la competencia!

Me quedé completamente inmóvil.

¿Por qué querían caminar conmigo?

Solo había cortado algunos árboles.

No era algo tan impresionante.

Miré alrededor buscando una explicación.

No encontré ninguna.

---

Logré salir de aquel grupo varios minutos después.

Cuando regresé por la tarde...

La misma historia.

Y al día siguiente...

Otra vez.

Comenzó a convertirse en una rutina.

Cada vez que salía de casa, varias chicas aparecían de alguna parte.

Seguían hablándome.

Preguntándome cosas.

Algunas incluso solo caminaban cerca de mí sin decir demasiado.

Seguía sin entender el motivo.

---

Una tarde regresé completamente confundido.

El padre de Rose estaba arreglando una silla de madera.

Al verme, soltó una fuerte carcajada.

—¿Qué ocurre?

pregunté.

Todavía seguía riéndose.

—Muchacho...

—Ya no puedes salir de esta casa sin que te persigan tus admiradoras.

Fruncí ligeramente el ceño.

—¿Admiradoras?

—O, como dicen los jóvenes...

—Tus fans.

No entendía aquella palabra.

—¿Fans?

Él volvió a reír.

—Las chicas del pueblo quedaron impresionadas contigo.

—Ahora eres famoso.

Pensé unos segundos.

—¿Solo por cargar troncos?

El hombre terminó riéndose todavía más.

—Eres increíblemente inocente, Leon.

Seguía sin comprender qué tenía de especial todo aquello.

---

Giré la cabeza.

Rose estaba sentada a unos metros.

Con los brazos cruzados.

Las mejillas infladas.

Y una expresión muy curiosa.

La observé durante unos segundos.

"Ya había visto esa cara antes."

Pensé.

Los gemelos ponían exactamente la misma expresión cuando los castigaban por pelear.

Creo que aquello se llamaba hacer puchero.

O quizá un berrinche.

No estaba seguro.

Me acerqué.

—Rose.

Ella desvió la mirada.

—¿Sí?

—¿Estás enojada?

—No.

Mentía.

Era evidente.

Sus mejillas seguían infladas.

Y evitaba mirarme directamente.

Permanecimos unos segundos en silencio.

Hasta que finalmente habló.

—A partir de ahora...

...cuando salgas...

...yo también voy contigo.

Parpadeé.

—Está bien.

No tenía ningún problema.

De hecho...

Me alegraba caminar con ella.

Rose pareció sorprenderse por la rapidez con la que acepté.

Después simplemente asintió.

—Bien.

---

Desde ese día...

Las cosas cambiaron otra vez.

Cada vez que salíamos del pueblo...

Rose caminaba completamente pegada a mí.

Sujetaba mi brazo con ambos brazos.

Como si temiera perderme entre la gente.

Y cuando alguna muchacha intentaba acercarse...

Rose sonreía amablemente.

Pero daba un pequeño paso al frente.

Sin decir nada.

Era suficiente.

Las demás entendían el mensaje.

Algunas reían.

Otras simplemente se despedían.

Yo seguía sin comprender lo que ocurría.

Pero Rose parecía satisfecha.

Así que no preguntaba.

---

Sin embargo...

La curiosidad terminó venciendo.

Una tarde regresábamos del mercado.

Solo estábamos los dos.

La nieve caía lentamente.

Y el camino estaba completamente tranquilo.

Miré a Rose.

Ella seguía abrazada a mi brazo.

—Rose.

—¿Sí?

—¿Por qué haces eso?

Ella levantó la vista.

—¿Hacer qué?

—Alejar a todas las chicas.

Se quedó completamente inmóvil.

Las mejillas comenzaron a ponerse rojas.

Muy rojas.

Desvió inmediatamente la mirada.

—Y-yo...

Esperé pacientemente.

Ella tardó varios segundos en responder.

—Porque...

Jugó nerviosamente con una parte de su abrigo.

—Está mal...

—¿Qué está mal?

Su voz se volvió apenas un susurro.

Tan bajito que casi no pude escucharla.

—Que dejes que se acerquen tanto...

Parpadeé.

—¿Por qué?

Rose respiró profundamente.

Luego, todavía sin atreverse a mirarme, murmuró:

—Porque...

...ya me tienes a mí.

El silencio llenó el camino.

Ella escondió aún más el rostro entre la bufanda.

—Y...

—Y eso debería ser suficiente...

Durante varios segundos no respondí.

No porque no quisiera.

Sino porque intentaba comprender la enorme cantidad de emociones que había dentro de esas pocas palabras.

Entonces recordé algo que el viejo leñador me había dicho.

"Cuando alguien ama de verdad... también puede sentir celos."

Así que...

¿Eso era?

¿Rose tenía miedo de perderme?

Una pequeña sonrisa apareció en mi rostro.

Con cuidado levanté la mano libre.

Y acaricié suavemente su cabeza.

Rose abrió mucho los ojos.

Finalmente levantó la vista para mirarme.

—No entiendo muchas cosas sobre el amor...

admití con sinceridad.

—Pero sí entiendo una.

Ella esperó en silencio.

La observé directamente a los ojos.

—No necesito que ninguna otra chica camine a mi lado.

Apreté con suavidad la mano que sujetaba mi brazo.

—Porque la única persona con la que quiero caminar...

...eres tú.

Rose permaneció completamente inmóvil.

Su rostro volvió a ponerse rojo hasta las orejas.

Y unos segundos después...

Sonrió.

Una sonrisa tan brillante que parecía capaz de derretir toda la nieve del invierno.

Sin decir una sola palabra, volvió a abrazarse a mi brazo.

Esta vez...

Con un poco más de fuerza.

Y, por primera vez, comprendí que aquel extraño puchero de hacía unos minutos tenía un nombre mucho más sencillo.

Se llamaba...

Celos.

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