Voran, un ser de inmortalidad y fuerza inconmensurable, ha evitado el amor por siglos, temiendo que su inmenso poder destruya todo lo frágil y bello.
Él,un vampiro milenario forjado en la soledad y el poder, creía que su corazón estaba tan frío como las montañas que lo ocultaban. Hasta que sus ojos cayeron sobre Ginia, una joven humana cuya pureza y bondad eran un bálsamo en su oscura existencia.
Él la observa desde las sombras, temiendo que su propia naturaleza la destruya, pero incapaz de mantenerse alejado.... Una tormenta los une en un encuentro predestinado, un vínculo inquebrantable comienza a forjarse. Pero el amor entre la luz y la oscuridad tiene un precio, y la intimidad puede ser un acto tan peligroso como la guerra. El miedo a dañarla se cierne sobre cada roce,cada mirada, cada anhelo de intimidad¿Podrá Voran superar su miedo a dañar a la mujer que ha despertado su alma? Cuando lo imposible suceda, ¿podrá Ginia soportar el peso de un amor que desafía la vida y la muerte!?
NovelToon tiene autorización de Samanta Otero para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
MAGIA Q FLUYE ENTRE LOS DOS.
Pasaron unos días más, y Ginia ya empezaba a entender mejor cómo funcionaba todo aquello que llevaba dentro. Itzel le enseñaba que su poder estaba siempre ligado a lo que sentía, y sobre todo, a la conexión que tenía con Voran. Se dieron cuenta de que, cuando estaban juntos, no solo la magia de ella se hacía más fuerte, sino que la naturaleza de él se volvía más tranquila, más buena, más controlada.
Esa tarde estaban caminando por el bosque, solos, porque a los dos les gustaba mucho estar así, sin nadie más alrededor, sintiéndose solo el uno al otro. Ginia se detuvo de golpe y lo miró, con esa curiosidad que siempre tenía, y con esas ganas que nunca se le iban de estar pegada a él.
—Voran… —le dijo ella, mientras le pasaba una mano por el brazo, sintiendo su piel fría pero hermosa—. Ahora entiendo todo mucho mejor. Entiendo por qué me pasan cosas cuando te veo, por qué siento que me quemo si te acercás mucho, y por qué vos parecés estar tan tranquilo solo con tenerme acá. ¿Es verdad que ya no necesitás nada más que a mí? ¿Ni las pociones, ni la sangre de antes?
Él se dio vuelta y se quedó frente a ella, y sin pensarlo mucho, le tomó ambas manos y las puso sobre su pecho, para que sintiera su corazón, que aunque no latía como el de ella, se sentía lleno de vida solo por su causa.
—Es la verdad más grande que existe, amor mío —le contestó él, mirándola fijo a los ojos, con todo el amor del mundo reflejado en ellos—. Antes, yo vivía controlando lo que soy a la fuerza, con ayuda de cosas externas. Era como estar siempre luchando contra mí mismo. Pero desde que llegaste vos… todo cambió. Tu sangre, tu magia, tu alma que está unida a la mía… tienen el poder de apagar todo lo malo, todo lo oscuro que llevo dentro. Vos sos la luz que me ordena, que me dice qué hacer. Cuando te tengo cerca, esa sed que me quemaba por dentro se vuelve nada, se transforma en amor, en ganas de cuidarte, en ganas de ser solo tuyo. Es como si tu esencia me alimentara de una forma que nada más en el mundo puede hacerlo.
Ginia se acercó más todavía, hasta que su cuerpo quedó pegado al de él, y le pasó los brazos por el cuello, entrelazando sus dedos en su cabello, algo que sabía que a él le encantaba y que lo hacía estremecerse entero.
—Y yo siento lo mismo —le confesó ella, con la voz llena de sentimiento y deseo—. Siento que cuanto más cerca estoy de vos, más fuerte soy. Que si te toco, mi poder fluye solo, como si pasara de mí a vos y de vuelta a mí, en un círculo que nunca termina. Y en mis sueños… ay, Voran, en mis sueños ya somos todo lo que queremos. Anoche mismo soñé que estábamos acá, en este mismo lugar, y que yo te daba todo. Te dejaba que me abrazaras, que me besaras por todo el cuerpo, que me tuvieras como tuya… y sentía que te calmabas, sentía que te llenabas de mí y que por fin estabas en paz. Y me desperté con una sensación tan rica, tan real… que sentía que todavía me ardían los labios de haberte besado.
Voran la apretó contra su cuerpo con más fuerza, incapaz de contenerse mucho más, y escondió su cara en su cuello, respirando su olor profundamente, ese olor que para él era lo más rico y lo más tranquilizante del mundo. Ella sintió el roce de su nariz en su piel y tembló entera, con unas ganas locas de que no se separara nunca.
—Es que en los sueños no hay barreras, mi vida —le susurró él ahí mismo, contra su piel, con una voz ronca de deseo—. Ahí nuestras almas se encuentran y hacen lo que sus corazones les piden. Y te juro que yo también lo siento. Me despierto y siento tu sabor en mi boca, siento tu calor en mis manos, y me muero de ganas de que sea verdad. Me muero por poder hacer todo eso que hacemos ahí, pero acá, en la vida real. Me muero por beber de vos, no solo para calmar la sed… sino para ser uno solo con vos, para que nada nos separe jamás.
Ginia echó la cabeza hacia atrás, dejándole todo el cuello descubierto, ofreciéndose a él sin miedo, con todo el amor y la confianza del mundo.
—Hacelo… —le dijo ella bajito, casi suplicando—. Hacelo ahora, Voran. Si yo soy tu medicina, si yo soy tu calma… tomame todo lo que necesites. No tengas miedo, que yo confío en vos. Sé que me amás, sé que nunca me harías daño. Quiero darte todo lo que soy, todo lo que tengo. Quiero que te alimentes de mí, de mi sangre, de mi alma, de todo lo que me hace ser tuya.
Él levantó la cabeza y la miró con ojos brillantes, llenos de amor y de esa lucha eterna entre lo que quería y lo que se obligaba a esperar. Le acarició la cara con ternura infinita, y le dio un beso suave en la frente, en los ojos, y por último, un beso casi en la boca, rozando sus labios con mucha dulzura.
—Ya falta poco, mi amor… —le prometió él, con voz llena de promesas—. Ya estamos listos los dos. Tu magia crece cada día, mi control es perfecto gracias a vos. Pronto va a llegar el momento en que no tenga que esperar más. Y ese día, te juro que voy a tomar todo lo que me das, voy a beber de vos hasta quedar saciado para siempre, y voy a hacerte el amor hasta que no sepamos dónde termino yo ni dónde empezás vos. Y ahí sí, ahí vamos a ser totalmente libres, y nada en este mundo va a poder contra nosotros.
Ginia sonrió, feliz, y se quedó abrazada a él, sintiendo que cada día que pasaba, cada sueño que tenían, cada cosa que aprendían, los acercaba más a ese momento que tanto esperaban: el momento en que por fin, amor, magia y deseo se unirían para siempre.