Para asumir el mando de la mafia, Alessandro debe estar casado.
Implacable y hecho para la violencia, el príncipe de la mafia de Monreale nunca mostró bondad. Hasta que su camino se cruza con el de un joven llamado Nicolò, que despierta en él una obsesión peligrosa.
Y al descubrir las marcas dejadas por años de abuso y crueldad familiar, algo cambia en él. Aunque su instinto de posesión ya lo hace ver a ese extraño joven como su propiedad, se atreve a plantearse un desafío:
Antes de revelar la verdad y llevarlo al altar, quiere que Nicolò se enamore de él.
—Tu cuerpo ya me pertenece, aunque no lo sepas, pero también quiero tu corazón. —A. Morreale
NovelToon tiene autorización de Syl Gonsalves para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 6
Alessandro ya estaba despierto incluso antes que la ciudad. Dormir poco formaba parte de su cuerpo, de su cabeza, y cuando se despertaba temprano, no había motivo para volver a acostarse. Estaba sentado a la mesa, el café enfriándose entre sus dedos, el cigarrillo olvidado, mirando por la ventana las calles silenciosas de Monreale.
El rostro del chico volvió a su mente sin que él lo pidiera. El encuentro de ellos no fue nada extraordinario, y aun así, algo quedó marcado en él, grabado de forma casi instintiva. El joven no actuó de la misma forma que Alessandro veía todos los días en los otros.
Alessandro estaba cansado de personas que lo temían y lo halagaban por miedo, y aquel joven no pareció tener miedo exagerado ni tampoco lo halagó, pero también tenía una sombra en la mirada de aquel joven que lo cautivó. Tal vez fuera un defecto o una cualidad suya, pero a Alessandro siempre le gustaron los juguetes rotos.
Y, de esa forma, la decisión se formó con una claridad que lo sorprendió: él quería a ese chico. Era un deseo movido por la curiosidad, por la fascinación, por el instinto y porque alguien así no se encuentra dos veces.
Encendió el cigarrillo, aspiró el humo y lo soltó despacio, mirando la calle, los edificios. El café se enfrió y el cigarrillo se consumió hasta la mitad. Se levantó despacio, estiró los hombros, ajustó la camisa y el reloj en la muñeca. Marco le había dado más información y él quería conocer más de cerca a su pr3s4, pues al final, a pesar de cualquier posible encanto, Nicolò no era más que una pieza de un juego para Alessandro. Un ítem coleccionable, un juguete qu3br4d0 que él vería qué daba para arreglar y qué era posible d3sm0tar...
Para Alessandro solo existía la certeza de que aquel chico, con el cuerpo y la timidez contenida y la mirada alerta, era diferente de cualquiera que ya cruzó su camino, y que de alguna forma sería suyo.
Dejó el cigarrillo apagarse, cuando escuchó los pasos de su padre.
— Buongiorno, papà.
— Buongiorno. Pareces muy pensativo Alessandro... — comentó el viejo Don, mientras arrastraba la silla para sentarse.
Alessandro sonrió.
— Ya encontré a mi novio.
El viejo hombre abrió mucho los ojos, sabía que Alessandro quería asumir el trono de la mafia, pero no imaginó que sería tan rápido.
— ¿No es ninguno de tus p#t0s?
Alessandro se carcajeó y sacudió la cabeza.
— No. En realidad, creo que él ni siquiera sabe quién soy.
— ¿Y cuándo voy a conocer a ese desafortunado?
— Primero tengo que contárselo.
Don Valério se carcajeó.
— No olvides aquel asunto con la Mafia aliada de Valencia.
"M3rd4, me olvidé completamente."
— Puedes dejarlo.
Alessandro se despidió del padre y salió. Marco ya había informado que el joven salía temprano de casa, ayudaba a algunas personas a cambio de algunas monedas y volvía para casa.
Sabiendo de las rutas que el joven hacía, Alessandro decidió intentar reproducir el momento en que se tropezaron. En el fondo, Alessandro quería probar si estaba cierto en su elección.
Alessandro caminaba tranquilamente por las calles estrechas de Monreale, las manos en los bolsillos del sobretodo y con la mirada atenta y astuta como de costumbre, al final había personas que darían todo para tener su cabeza. Pero, en aquel momento, su interés era ser casual. Y, entonces él vio a Nicolò.
El chico venía con la mochila en la espalda, pasos leves, el cuerpo siempre ligeramente encogido, como si intentara ocupar menos espacio en el mundo. Miraba para el suelo, atento demasiado a lo que lo cercaba, pero distraído lo suficiente para no percibir a Alessandro parado frente a él hasta el último segundo.
El encontronazo fue inevitable.
Nicolò golpeó levemente en el pecho ancho de Alessandro y retrocedió de inmediato, asustado, los ojos abriéndose mucho al reconocer el rostro.
— D-disculpa… — dijo, rápido, ya intentando alejarse.
Alessandro sonrió de lado, contenido.
— Creo que debemos parar de encontrarnos así… ¿O será algún recado del destino? — comentó, la voz llena de ironía.
Nicolò frunció levemente la frente, confuso, claramente sin saber si aquello era una broma o una reprensión. Abrió la boca para responder, pero ninguna palabra salió.
— Hace dos días, usted casi cayó cuando tropezó conmigo. ¿Recuerda? — dijo Alessandro, aproximándose un paso.
El reconocimiento vino despacio. Nicolò se sonrojó de inmediato, desviando la mirada.
— S-sí… señor.
El título escapó automáticamente, Nicolò estaba habituado a usar "señor", ya que en casa, tenía que tratar al padre y al hermano, con "señor" y a la madrastra por "señora".
Alessandro analizaba bien al joven delante de sí y no tardó para percibir un pequeño corte en el labio inferior, aparentemente hecho pocos minutos atrás, pues la s4ngr3 estaba fresca. La sonrisa de Alessandro desapareció por un segundo.
— Usted se lastimó — constató.
Nicolò llevó la mano al rostro instintivamente, cubriendo el labio.
— No fue nada.
Alessandro mantuvo la mirada por más algunos segundos preguntándose qué habría sucedido y quién habría hecho aquello. Él no admitía que tocaran en lo que era suyo y el joven ya le pertenecía.
— Yo... necesito ir — dijo Nicolò, como si estuviera pidiendo autorización para alejarse y seguir su camino.
Alessandro asintió.
— También necesito ir.
Cambiaron un "adiós" medio confuso y cada uno siguió su camino.
Alessandro fue a encontrarse con las Don de la mafia que comandaba Florencia y los entornos. Valeska y Aila, eran casadas, pero querían tener un heredero o heredera de sangre. Por ser amigas de larga data de Alessandro, sabían que su imperio tampoco tendría descendientes de sangre, a menos que hicieran un acuerdo.
Él hizo la colecta de los 3sp3rm4t0z0id3s e hicieron un acuerdo que el hijo que naciera sería heredero de las dos Mafias y, así, quedaba todo bien.
Después de cuidar del futuro de la mafia, él fue a acompañar un cargamento con destino a Rusia y otro para Marruecos.
Mientras él cuidaba del imperio Monreale, Nicolò volvía para casa. Aquel día, más temprano, cuando él levantó, su padre ya se había levantado y así que lo vio, asestó t4p4s y s0c0s en él, pues uno de los cajones de frutas usados en las mermeladas no había sido guardado en una posición exacta, lo que en verdad era solo una disculpa para Vicenzo descontar su frustración por no haber ganado en el juego y haber perdido dinero una vez más.
Vicenzo era cuidadoso cuando usaba a Nicolò como s4c0 de p4nc4d4, evitando b4t3r en áreas que quedasen expuestas, sin embargo, esa vez uno de los g0lp3s acertó el rostro de Nicolò, c0rt4nd0 su labio.
Nicolò ya estaba acostumbrado con todo aquel escenario v10l3nt0 y de desprecio con él y, así que su padre se dio por satisfecho y se alejó de él, él salió.
Ya no lloraba más, tampoco revidaba ni intentaba defenderse. Hubo un tiempo en que él revidó e intentó defenderse, pero, obviamente, no terminó nada bien para él.