El Legado de la Ambición En la cúspide del éxito corporativo, los apellidos no son solo nombres; son sentencias. Samantha San Lorenzo ha pasado su vida bajo el escrutinio de una familia que valora la perfección por encima de la libertad. Su mundo de porcelana se agrieta cuando colisiona con Vladimir Musk, un hombre cuya visión del futuro es tan audaz como peligrosa. Lo que comienza como una rivalidad por el control de un imperio se transforma en una atracción prohibida que desafía toda lógica. Entre juntas de accionistas y secretos que podrían hundir industrias enteras, Samantha y Vladimir descubrirán que, en el juego del poder, el corazón es el único activo que no pueden permitirse perder. Una historia de redención, deseo y la lucha por escribir su propio destino.
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Capítulo 19
El Retorno de los Tiburones
POV: Vladimir Musk
Ver a Samantha vestirse de nuevo con su ropa de diseño, recoger su cabello en ese moño perfecto y recuperar su mirada de acero fue como ver una puesta de sol en reversa. La mujer que había temblado entre mis brazos durante la tormenta estaba siendo enterrada bajo capas de protocolo y orgullo San Lorenzo.
Y yo estaba haciendo lo mismo.
Me puse un traje gris humo, ajusté mi reloj y revisé los informes que habían llegado durante la noche. El mercado no duerme, y los enemigos de la fusión Musk-San Lorenzo habían estado ocupados. Hubo rumores de una investigación antimonopolio en Bruselas y un intento de compra hostil de una de nuestras subsidiarias en Brasil.
—Señor Musk —la voz de Ivan por el intercomunicador era profesional y distante—. Estamos aterrizando. Traemos al equipo médico y a los directivos de logística. ¿Se encuentra bien la señora Musk?
"La señora Musk". El título me golpeó de una forma extraña.
—Estamos bien, Ivan. Prepara la sala de conferencias del ala sur. El aire acondicionado debería funcionar con los generadores portátiles que traen. Tenemos una reunión en veinte minutos.
Samantha entró en la habitación justo cuando terminaba la llamada. Llevaba un vestido verde esmeralda que gritaba poder y una frialdad que me hizo dudar de si lo de anoche había ocurrido realmente.
—¿Qué pasa? —preguntó, su voz clara y autoritaria.
—Guerra de precios en el sector energético y una posible filtración de nuestro acuerdo prenupcial a la prensa rosa —respondí, tendiéndole una tableta con los datos—. Quieren desestabilizar la fusión sugiriendo que nuestro matrimonio es un fraude legal para evadir impuestos.
Ella leyó los informes con una rapidez asombrosa. Vi cómo sus ojos se entrecerraban, detectando la debilidad en el ataque enemigo.
—Vienen por la reputación de mi padre —dijo ella, dejando la tableta sobre la mesa—. Si logran demostrar que San Lorenzo Corp aceptó este trato bajo coacción económica, pueden invalidar la fusión y forzar una liquidación judicial.
—No si demostramos que este es un matrimonio real, consumado y con planes de futuro —la miré intensamente.
Ella sostuvo mi mirada. Sabía exactamente a qué me refería. El "plan de futuro" era el heredero. El pacto de sangre que solidificaría los imperios.
—Anoche no fue por el contrato, Vladimir —dijo ella, su voz bajando de tono por un segundo ante de recuperar su firmeza—. No dejes que los abogados conviertan un momento de debilidad humana en una estrategia de relaciones públicas.
—En nuestro mundo, Samantha, los momentos de debilidad humana son estrategias de relaciones públicas. O los controlamos nosotros, o los usan ellos para destruirnos.
El ruido de las aspas del helicóptero llenó la estancia. El aislamiento había terminado. Caminamos hacia el helipuerto, hombro con con hombro, como los aliados más poderosos del planeta, ocultando tras nuestras máscaras el hecho de que, en medio de la tormenta, habíamos descubierto que el mayor peligro no era perder nuestras empresas, sino encontrarnos el uno al otro.