El día que Sofía Reyes descubrió que debía casarse con Santiago Ferrer, su mejor amigo de toda la vida, decidió alejarse de él.
Santiago hizo lo mismo.
Pero años después, un secreto familiar, un imperio peligroso y una muerte inesperada los obligarán a volver a encontrarse.
Y algunos destinos… simplemente no se pueden evitar.
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Capítulo 21
Santiago
Entramos al búnker.
El aire era frío, denso… seguro.
O al menos, lo más cercano a seguro que podíamos tener en ese momento.
Las puertas se cerraron detrás de nosotros con un sonido metálico que retumbó en todo el lugar.
Estábamos dentro.
Luciano llevó a Karen hasta una de las camillas.
—Déjame ver —dijo con voz firme.
La luz blanca iluminó la herida.
Karen estaba pálida.
Demasiado.
Pero Luciano revisó con cuidado, con precisión.
—No es profunda —concluyó—. Fue un roce. No hay bala.
Karen soltó el aire que parecía haber estado conteniendo desde hacía minutos.
Me giré hacia Sofía.
Su pierna…
Era otra historia.
La sangre había empapado la tela.
—Necesitas puntos —dije.
Ella me miró.
Sus ojos se abrieron ligeramente.
—¿Qué?
Tomé el botiquín.
—No es opcional.
—¿Tú qué vas a hacer? —preguntó con evidente nerviosismo.
Antes de que respondiera, Luciano se acercó.
—Yo puedo—
Sofía lo interrumpió de inmediato.
—Si alguno de ustedes dos me tiene que coser… que sea el que tenga más experiencia… y la mano más suave.
Luciano levantó las manos en señal de rendición.
—Entonces es él.
La miré.
—Te va a doler.
Hizo una mueca.
—Gracias por el ánimo.
Me agaché frente a ella.
Me puse el tapabocas.
Los guantes.
Desinfecté nuevamente la herida.
Sofía apretó los dientes apenas el líquido tocó su piel.
—Respira.
—Estoy respirando —respondió tensa.
Comencé.
La aguja atravesó la piel.
Su cuerpo se tensó de inmediato.
—Santiago…
—Lo sé.
Mi voz fue firme.
—Ya casi.
No era verdad.
Pero necesitaba que lo creyera.
Trabajé con precisión.
Con cuidado.
Punto por punto.
Cerrando la herida internamente primero.
Sofía apretó mi camisa con fuerza.
—Duele…
—Es normal.
Levanté la mirada un segundo.
Sus ojos estaban brillosos.
Pero no lloraba.
Eso era muy ella.
Fuerte incluso cuando no quería serlo.
—Mírame —le dije.
Ella lo hizo.
—Concéntrate aquí.
Continué.
Cada movimiento calculado.
Cada punto necesario.
No podía fallar.
No con ella.
Finalmente terminé la sutura interna.
Luego la externa.
Limpié la zona.
Vendé la pierna con cuidado.
—Listo.
Sofía soltó el aire.
—Te odio un poco.
Sonreí levemente.
—Lo tomo como un cumplido.
Luciano soltó una risa baja desde el otro lado.
Karen ya estaba recostada, más estable.
Me quité los guantes y el tapabocas.
Me levanté.
Y entonces…
La realidad volvió a caer sobre nosotros.
—Esto no fue casualidad —dijo Luciano.
Negué.
—No.
Caminé unos pasos.
—Nos están midiendo.
Karen habló, aún débil pero firme.
—O nos están llevando a algo más grande.
La miré.
—Ambas.
El silencio se instaló.
Pesado.
Denso.
Inevitable.
Me apoyé en la mesa.
—Primero las camionetas.
Hice una pausa.
—Luego el ataque en la bodega.
Los miré a todos.
—Y ahora esto.
Luciano cruzó los brazos.
—Quieren debilitarnos.
—Quieren que reaccionemos mal —añadió Karen.
Asentí.
—Y lo estamos haciendo.
Sofía levantó la mirada desde la camilla.
—Entonces no reaccionen como ellos esperan.
La miré.
Había dolor en su rostro.
Pero también claridad.
—¿Y cómo propones que reaccionemos?
Sostuvo mi mirada.
—Pensando.
Hice una pausa.
Y luego…
Sonreí levemente.
—Bien.
Me enderecé.
—Entonces vamos a pensar.
Miré a Luciano.
—Necesito toda la información de los contratos internacionales.
—La tendrás.
Miré a Karen.
—Contactos de tu familia. Todos.
—Hecho.
Volví a Sofía.
—Y tú…
Me acerqué.
—No te mueves de aquí.
Frunció el ceño.
—¿Qué?
—Estás herida.
—Puedo—
—No.
Mi tono fue firme.
Irrefutable.
—Por una vez… hazme caso.
Sofía me sostuvo la mirada.
Molesta.
Pero sabía que tenía razón.
—Está bien.
Asentí.
Me giré hacia la salida.
Pero me detuve un segundo.
Sin mirarla.
—Gracias… por no romperte.
El silencio fue inmediato.
No esperé respuesta.
Salí del área médica.
Porque ahora…
Esto dejaba de ser reacción.
Y se convertía en estrategia.
Y en esta guerra…
El que piensa mejor…
Sobrevive.