Eleonor Baxter aprendió desde pequeña a ser perfecta.
Amable, inteligente y elegante, creció entre apellidos influyentes y cenas compartidas con familias amigas. Desde adolescente, Alex King fue parte de su vida… y también de sus sueños. Mucho antes del matrimonio, Eleonor ya lo amaba en silencio.
A los veintisiete años dirige SweetBaby, la empresa cosmética heredada de su familia, y sostiene un matrimonio que nunca se construyó sobre las promesas que ella imaginó. Casada desde hace tres años con Alex —uno de los cirujanos cardíacos más prestigiosos del país y dueño de una red de hospitales—, Eleonor aprendió que conocer a alguien desde siempre no garantiza ser elegida.
Durante años intentó ser paciente, comprensiva, invisible. Alex, marcado por la vergüenza de un matrimonio arreglado y consumido por el trabajo, dejó que la distancia creciera hasta volverse insoportable.
Cansada de sentirse desplazada, Eleonor toma una decisión que lo cambia todo.
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Capitulo 18
Cuando el se fue, Eleonor cerró la puerta con llave y apoyó la frente contra la madera.
El silencio del departamento era distinto ahora. Más pesado. Más honesto.
Durante unos segundos se quedó inmóvil. Luego el cuerpo dejó de sostener la firmeza que había mostrado frente a él. Sus hombros empezaron a temblar.
No lloraba como antes. No era un llanto descontrolado.
Era más profundo. Más cansado.
Caminó despacio hasta el living. Se sentó en el sillón que había elegido meses atrás —cuando él no escuchó que estaba redecorando— y miró alrededor.
Todo estaba como ella quería.
Todo… menos su matrimonio.
Se llevó la mano al pecho.
—Ya está… —susurró—. Ya lo dije.
Pero decirlo no lo hacía menos doloroso.
Pensó en el bebé. En aquella mañana. En la sangre. En el hospital. En Aby sosteniéndole la mano.
En el teléfono que nunca devolvió la llamada.
Cerró los ojos, agarro el telefono y llamo a Aby . Sin dudarlo le conto todo.
—¿Lo echaste? —preguntó su amiga sin rodeos.
Eleonor soltó una pequeña risa rota.
—Sí.
—¿Y cómo estás?
Silencio.
—No sé… —confesó al fin—. Fuerte… y destruida al mismo tiempo.
Aby suspiró del otro lado.
—Eso significa que hiciste lo correcto.
Las lágrimas volvieron, pero esta vez no eran de humillación. Eran de duelo.
—Me pidió tener un hijo,—susurró Eleonor.
Aby guardó silencio unos segundos.
—Llegó tarde.
Eleonor miró su vientre instintivamente.
—Sí… llegó tarde.
Se levantó y caminó hasta el espejo del pasillo. Sus ojos estaban rojos, pero su mirada… era distinta. Había algo nuevo ahí.
No resignación.
Decisión.
—Voy a estar bien —se dijo, como la noche anterior.
Despues de hablar con su amiga, volvio a su cama. Un recuerdo doloroso vino a us memorio
Aquella mañana se despertó con una sensación extraña.
No era dolor todavía.
Era un presentimiento.
Se quedó unos segundos mirando el techo vacío. El lado de la cama de Alex estaba frío. Viena. Premios. Conferencias.
Apoyó la mano en su vientre.
—Estamos bien… —susurró.
El primer dolor fue seco.
Una punzada que la obligó a encogerse.
Se sentó despacio.
Y entonces lo vio.
Una mancha roja oscura sobre las sábanas blancas.
El corazón empezó a latirle en los oídos.
—No… no… no…
Fue al baño con las piernas temblando. La sangre no era leve. No era una amenaza mínima.
Era demasiada.
Se sostuvo del lavabo mientras el mundo parecía inclinarse.
Marcó a Alex.
Una vez.
Dos.
Tres.
Buzón.
La cuarta vez ya estaba llorando.
—Contesta… por favor… contesta…
La sangre seguía bajando.
Un dolor más fuerte la dobló sobre sí misma. Un calambre profundo, como si algo dentro de ella se estuviera desgarrando.
Intentó llamar a la clínica.
Katherine atendió.
—El doctor está ocupado.
Ocupado.
Eleonor apoyó la frente contra el espejo.
—Estoy perdiendo a mi bebé —susurró, pero ya no sabía si lo dijo en voz alta o solo lo pensó.
Colgó porque no tenía fuerzas para explicar.
Cuando llamó a Aby, ya estaba sentada en el piso del baño.
Había sangre en las baldosas.
En sus manos.
En el dobladillo de su camisón.
—Aby… creo que lo estoy perdiendo…
La ambulancia tardó demasiado.
O eso sintió ella.
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En el hospital, despues de unas pruebas El médico no tardó en volver.
Su expresión ya no era neutra.
Era grave.
—Eleonor… el sangrado es abundante. Vamos a tener que hacer un legrado ahora mismo.
Ella apenas asintió.
No preguntó nada.
Porque ya sabía.
En el quirófano el frío era insoportable. Las luces blancas le lastimaban los ojos.
—No hay actividad cardíaca —repitió una enfermera en voz baja.
Como si necesitara confirmarlo otra vez.
Eleonor miró el techo.
Alex no sabe.
Fue el último pensamiento antes de que la anestesia la envolviera.
Pero algo salió mal.
Despertó entre voces agitadas.
—Está perdiendo mucha sangre.
—Presión en descenso.
—Más rápido.
No entendía si estaba soñando.
Sentía que flotaba.
El cuerpo pesado.
Frío.
Intentó moverse, pero no podía.
Aby lloraba en algún lugar.
La volvieron a sedar.
Cuando despertó horas después, estaba en una habitación distinta.
Había un suero.
Una vía en cada brazo.
El vientre le dolía como si lo hubieran vaciado con violencia.
Un médico mayor se acercó.
Se sentó.
No habló como alguien que da buenas noticias.
—Tuvimos una hemorragia importante. Estuviste inestable unos minutos.
Eleonor tragó saliva.
—¿Mi bebé…?
El silencio fue respuesta suficiente.
Pero no era lo peor.
El médico respiró hondo.
—El útero sufrió bastante. Vamos a tener que hacer controles estrictos. No podemos asegurarte que no haya consecuencias para futuros embarazos.
El mundo se volvió mudo.
—¿Consecuencias…?
—Podría ser más difícil. O podrías necesitar tratamiento. Aún no lo sabemos.
Más difícil.
Tratamiento.
Palabras clínicas.
Frías.
Pero lo único que ella entendió fue:
Tal vez no pueda volver a ser mamá.
Aby le apretó la mano.
—Todo va a estar bien…
Pero Eleonor sabía que no.
Porque nada estaba bien.
Pidió su teléfono.
Sin llamadas.
Sin mensajes.
Abrió redes sociales.
Ahí estaba él. En Viena.
Sonriendo con un premio en la mano.
"Un honor representar a nuestra clínica en Europa."
Comentarios. Aplausos. Fotos.
Ella cerró el celular.
Se llevó la mano al vientre vendado.
Vacío.
Dolorido.
Silencioso.
Y entendió algo que la rompió por dentro:
No solo perdió a su hijo.
Estuvo a punto de perder la vida.
Y él no estuvo, nunca estaba
El recuerdo se desvaneció lentamente.
La habitación volvió a estar en silencio.
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Al dia siguiente ella, estaba desayunando cuando una idea se le vino en la cabeza. Agarr
Tomó el teléfono.
Marcó sin dudar.
—Sebastián.
—Eleonor… ¿estás bien?
Ella tardó un segundo en responder.
—Alex ya sabe.
—¿Sabe qué?
—Del embarazo. De que lo perdí.
Hubo un silencio largo.
—Entiendo…
Eleonor apoyó la espalda contra la pared.
—Quiero que lo presiones para que firme.
—Podría complicarse si él decide pelear el acuerdo—
Ella negó suavemente, aunque él no pudiera verla.
—No va a pelear.
Su voz salió baja. Vacía.
—Le voy a dar todo lo que más ama.
Sebastián frunció el ceño del otro lado.
—¿A qué te refieres?
—Sus hospitales. Sus acciones. Sus fundaciones. Todo.
Tragó saliva.
—Que se quede con su imperio. Que me deje tranquila.
El silencio fue más pesado esta vez.
—Eleonor…
—Yo no le importo, Sebastián. Nunca le importé lo suficiente como para elegirme.
Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero no dejó que cayeran.
—Así que si su orgullo depende de conservar lo que construyó… se lo regalo. No quiero nada que me ate a él.
—Estás renunciando a mucho.
—No —susurró—. Estoy soltando.
Respiró hondo.
—Mañana mismo quiero los papeles listos para firmar.
—De acuerdo.
si realmente la quieres y amas
ahora veremos si en verdad exiten las segundas oportunidades.
claro todo depende de nuestra autora
no eres infiel y eso le suma puntos pero tú absoluto desinterés en la relación la falta especial de amor dan ganas de matarte por otro lado Jony podría ser un nuevo amor la nueva oportunidad que le guste a ele
Mi pregunta es aceptarás que ella se hizo una inceminacion y que va a ser madre sin ti?