Lara Lance una joven de 16 años, decide abrazar su destino e irse a estudiar su último año de secuencia en Londres, ya que se le ha informado que está comprometida con el hijo de los Ross, Ricardo Ross, decidida deja Brighton y se va a Londres con su tío, lo que ella no esperaba era que su prometido, parecía no conocer de su compromiso y que además tenía novia.
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Capitulo 17: Despues de la Tormenta
Todo el camino fue silencioso. Volvimos a casa. Al entrar, el tío nos esperaba en la sala; tenía mala cara, pero tampoco dijo nada. Yo subí las escaleras y me fui a mi habitación, me tiré en la cama, respiré profundo, cerré los ojos, dejé que las cosas pasaran, que la tormenta en mi interior comenzara a calmarse, que ese pequeño dolor comenzara a desaparecer.
El celular en mi bolso vibró con insistencia. Abrí los ojos, saqué el celular de mi bolso, miré la pantalla; era un número que yo no reconocía, así que no contesté al principio, pero después de un rato, y debido a que no dejaban de llamar, tomé la llamada.
—¿Te sientes feliz? —me preguntó esa voz molesta, pero varonil.
— No.
Respondí en automático, no lo pensé, pero dije la verdad: nada de esto me daba felicidad, son cosas que no tenían que pasarme a mí, situaciones que no tenía por qué vivir, pero que, a pesar de que no lo busqué, me pasaron y tuve que defenderme.
—Lo que resta del curso, ignorémonos; haré de cuenta que no te veo, tú haz lo mismo. Desde que te conocí, todo en mi vida ha ido de mal a peor, todo se ha derrumbado, y…
«Qué tipo tan idiota; según él, yo le traigo mala suerte; sin embargo, desde el primer momento fue él el que se metió conmigo. Él es el culpable de todas mis desgracias actuales, de que casi no pueda dormir, reviviendo todos los momentos de angustia que he vivido desde que lo conocí»
—Gracias, si no fuera por ti, hubiera sido engañado, quizás para siempre; a pesar de todo, me diste la lección más grande de mi vida; sin embargo, no quiero saber nada de ti, adiós.
Me cerró la llamada; según él, ese era el final de todo, pero para mí no era así, ya que las cuentas entre él y yo no están parejas. En el futuro, me las terminaré de cobrar; es bueno que nos ignoremos, que viva cada cual por su camino. Faltan pocos meses para salir del colegio; es mejor concentrarse en lo que es importante.
El celular me volvió a vibrar; lo tenía en la mano, así que solo lo levanté de nuevo y miré la pantalla. Era Karina la que me estaba llamando, así que tomé la llamada.
— Hola.
—Lara, ustedes se fueron demasiado rápido, esto se volvió una locura, Ricardo le dio una golpiza a Mateo, hasta los padres de ambos tuvieron que intervenir, Beatriz salió corriendo al darse cuenta de todo lo que estaba pasando; además, la policía llegó y atrapó a Beatriz en la puerta por mandar a unos chicos a hacerle algo a alguien, de verdad es todo un caos.
Karina ni respiró mientras me contaba; cuando necesitó respirar, se detuvo a respirar. Podía escuchar sus respiraciones profundas para volver a empezar a hablar.
—Mateo terminó en el hospital, Ricardo y Beatriz en la comisaría, y todos los demás nos fuimos a nuestras casas. Mi padre me dijo que el señor Ross rompió lazos con las familias de Mateo y de Beatriz, que esos eran como parásitos que vivían de los Ross; sin embargo, se burlaban de ellos a sus espaldas.
«Los Ross parecen ser personas que valoran la amistad, pero no saben diferenciar lo verdadero de lo falso. Me imagino que llevaban años esos parásitos alimentándose del dinero, la influencia y los contactos de los Ross; al final, solo querían sacarles todo y después pisarlos»
—Bueno, los muchos años de amistad de esas tres familias llegaron a su fin. Ricardo me llamó y me pidió tu número, quise negarme, pero al final se lo di. ¿Te llamó?
—Sí, lo hizo, la conversación fue molesta y él solo quería que no nos molestemos más.
La conversación duró mucho tiempo. Karina me contó todos los detalles de lo que había pasado, las cosas que Ricardo rompió cuando comenzó la pelea, los compañeros corriendo por todo el lugar, en fin, todo el desastre que se desató. Lo más divertido de lo que me contó fue a Beatriz llorando y publicando que no se la llevaran a la comisaría; me hubiera gustado ver eso.
Después de la tormenta vino la calma; todo volvió relativamente a su lugar. Ricardo se aisló totalmente en el colegio; ya no tenía amigos, ni novia, solo se enfocó en las clases. Dondequiera que me veía, volteaba la cara, no quería ningún contacto conmigo; yo seguí mi rutina: clases, citas inútiles con la psicóloga y tocar el piano en la clase de música.
Por alguna razón, siempre que estaba tocando el piano, después de que el profesor y los compañeros se iban, sentía que alguien me observaba. A veces miraba por todas partes, pero no lograba ver nada; también era posible que, después de todo lo que me pasó, quedara con ese sentimiento de que alguien me perseguía.
En cuanto a los demás, Mateo duró varios días sin ir a clases porque se estaba recuperando. Después que volvió, siempre me miraba mal, pero a mí no me importaba; él perdió no solo a su mejor amigo, también a su cajero automático, y también los planes que tenía en el futuro de ser un gran empresario contando con los recursos de los Ross.
Beatriz fue acusada en corte por difamación en medios digitales y complot para secuestrarme; el tío movió todo eso, lo más silenciosamente posible. Al final, como no había pruebas concretas, solo le pusieron una multa, pero tendría una ficha para toda la vida.
Las amigas que tanto la halagaban la dejaron sola; nadie quería acercarse a ella, solo Mateo. Ellos solo se tenían a ellos mismos, porque todos los miraban mal; era el resultado de sus propias acciones. Solo eran adolescentes de dieciocho y diecinueve años, pero estaban llenos de maldad y de cálculos, todo porque no estaban conformes con las vidas que tenían, y según ellos merecían más.
«Es recomendable tener cuidado con lo que se desea y con lo que se hace para lograr que los deseos se cumplan, porque se puede recibir de más y eso ser la causa de nuestra propia destrucción»