Elior siempre se sintió fuera de lugar.
En su vida pasada fue profesora de ciencias, alguien que creía en la lógica… hasta que murió y despertó en un mundo regido por jerarquías, vínculos y destinos imposibles de ignorar.
Ahora es un omega masculino de belleza andrógina, hijo de los duques del Ducado de Lirien, rodeado de protección… y de miradas peligrosas.
Desde antes de renacer, soñaba con un hombre que nunca vio, pero que su cuerpo siempre reconoció.
Cuando el mundo intenta reclamarlo como una oportunidad política, Elior descubre que el vínculo que lo llama no exige posesión, sino espera.
🌙 Omegaverse · Reencarnación · Romance BL · Deseo contenido · Consentimiento
Advertencias:
Presión política sobre omegas · Intentos de reclamo forzado (no consumados) · Tensión emocional intensa
✔️ Sin violación
✔️ Sin romance forzado
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Capítulo 1: Siempre un poco aparte
.Siempre me sentí sola.
No de esa forma evidente que hace que los demás se preocupen, sino de una manera más silenciosa, más difícil de explicar. Como si estuviera presente en los lugares correctos, haciendo lo que se esperaba de mí, pero observando todo desde un paso atrás.
Como si el mundo estuviera ligeramente desenfocado… y yo también.
En mi vida anterior era profesora de ciencias en una universidad. Enseñar me gustaba. Me tranquilizaba el orden de las leyes naturales, la lógica precisa, las respuestas que podían comprobarse. Frente a mis estudiantes sabía exactamente qué decir, cómo guiar, cómo explicar.
Pero cuando la clase terminaba, cuando el aula quedaba vacía, ese silencio volvía a envolverme.
No era tristeza.
Era distancia.
Tenía familia. Un padre al que quería más de lo que sabía expresar. Hermanos que ya habían construido su propia vida. Me decían que no estaba sola, y yo asentía… porque era verdad. Pero aun así, algo dentro de mí nunca terminó de sentirse acompañado.
Tal vez el problema no era estar sola.
Tal vez era no saber cómo pertenecer.
Por las noches, cuando el cansancio apagaba mis defensas, los sueños llegaban.
Siempre el mismo.
Un hombre de brazos fuertes, presencia firme. Nunca veía su rostro. Solo sentía el peso seguro de su cuerpo, el calor de unas manos que me tocaban como si me conocieran desde siempre. No había miedo en ese contacto. Al contrario: mi cuerpo respondía con una necesidad que me sorprendía.
—Está bien —susurraba una voz que no reconocía—. Estoy aquí.
A veces despertaba con la sensación de esos brazos rodeándome, tan real que por un segundo creía no estar sola en la habitación. Otras veces, el roce persistía incluso después de abrir los ojos, como si mi piel se negara a aceptar que no había nadie.
Eso…
eso me asustaba.
Nunca había estado con nadie. Nunca había deseado así. Y, sin embargo, en esos sueños, mi cuerpo parecía saber exactamente qué quería.
Me gustaban las novelas BL. El omegaverse, en particular. Tal vez porque hablaban de vínculos inevitables, de destinos que no exigían explicaciones. De ser elegido sin tener que desaparecer en el proceso.
Nunca pensé que algo así pudiera tocarme a mí.
El día del accidente fue común. Demasiado común.
Recuerdo el sonido metálico, el impacto seco, el mundo girando. Recuerdo el pensamiento absurdo que cruzó mi mente justo antes de que todo se apagara:
Papá se va a quedar solo otra vez.
No me arrepentí de mi vida.
Solo de no haber sabido decir cuánto los amaba.
Cuando abrí los ojos, el aire era distinto.
Demasiado limpio. Demasiado suave.
Había voces. Manos que me sostenían. Alguien lloraba mientras me llamaba hijo. Un omega masculino de expresión agotada me apretaba contra su pecho, y un delta de mirada firme me observaba como si yo fuera un milagro frágil.
—Gracias a los cielos… —susurró el omega—. Nuestro hijo despertó.
Hijo.
El cuerpo que sentía no era el mío. Era más liviano. Más delicado. Demasiado consciente de sí mismo. Y cuando intenté moverme, un mareo me atravesó de golpe.
No sabía dónde estaba.
No sabía quién era.
Pero entendí algo con absoluta claridad:
Si decía la verdad, no sobreviviría.
Así que fingí.
—No recuerdo nada —susurré.
Las palabras salieron temblorosas, no del todo falsas.
Mientras los veía reaccionar con alivio y preocupación, mientras dos hermanos gemelos entraban a la habitación con miradas protectoras, una sensación profunda se asentó en mi pecho.
No estaba en mi mundo.
Y este cuerpo…
este cuerpo omega, hermoso y desconocido…
iba a cambiarlo todo.