milena es una princesa que luchara por el trono
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El corazón del engaño
El cuerpo del soldado yacía inmóvil sobre la tierra húmeda del bosque. Milena permanecía arrodillada a su lado, con el ceño fruncido y el corazón acelerado.
—Llegamos tarde… —murmuró.
Lysandra se acercó lentamente, observando el cadáver.
—No solo llegó a advertirnos… murió intentando hacerlo —dijo con gravedad.
Darian, apoyado contra la entrada del refugio, apretó los dientes.
—Si mencionó al rey… entonces Varick ya hizo su movimiento.
Milena se levantó de golpe.
—Tenemos que ir al castillo. Ahora.
—Es exactamente lo que él espera —respondió Lysandra—. Si vamos sin plan, caeremos directo en su trampa.
Milena caminó de un lado a otro, inquieta.
—¡No podemos quedarnos aquí mientras el rey está en peligro!
Darian la observó con firmeza.
—Milena… escúchame.
Ella se detuvo.
—Varick no es impulsivo. Todo lo que ha hecho ha sido calculado. Si atacó el castillo, no fue para destruirlo…
—Fue para tomar el control —completó ella.
El silencio lo confirmó.
—Entonces ya es tarde —susurró Milena.
Lysandra negó.
—No. Si el rey estuviera muerto, Varick ya se habría proclamado líder. El hecho de que no lo haya hecho significa que aún lo necesita.
Milena frunció el ceño.
—¿Como rehén?
—O como símbolo —respondió Lysandra—. Un rey vivo mantiene al pueblo tranquilo… mientras él mueve los hilos.
Milena apretó los puños.
—Entonces aún tenemos una oportunidad.
Darian respiró hondo.
—Pero debemos hacerlo bien.
Milena lo miró.
—Dijiste que conocías el castillo mejor que nadie… ¿hay alguna entrada que Varick no controle?
Darian dudó un instante, luego asintió.
—Hay un pasadizo antiguo. Fue construido hace generaciones… solo los capitanes de la guardia lo conocen.
—Perfecto —dijo Milena—. Entraremos por ahí.
Lysandra levantó una ceja.
—¿“Entraremos”?
Milena la miró con determinación.
—Sí. Los tres.
—Eso no es prudente —replicó Lysandra—. Si caemos, no quedará nadie para detenerlo.
Milena dio un paso hacia ella.
—Si no vamos, ya perdimos.
El silencio volvió a imponerse.
Finalmente, Lysandra suspiró.
—Entonces necesitamos una distracción.
Darian asintió.
—Un ataque en uno de los accesos principales obligará a Varick a movilizar tropas.
—Y dejará el interior vulnerable —añadió Milena.
Los tres intercambiaron miradas.
El plan comenzaba a tomar forma.
Horas después, ya al caer la tarde, todo estaba listo.
Un pequeño grupo de soldados leales se preparaba para atacar la puerta sur del castillo. No era una batalla que pudieran ganar… pero ese no era el objetivo.
—Solo deben resistir lo suficiente —les dijo Milena.
Uno de los soldados asintió.
—Por el reino.
—Por el reino —repitieron.
Milena los observó partir.
Sabía que muchos no regresarían.
Darian se acercó a ella.
—Aún estás a tiempo de cambiar de idea.
Milena negó.
—No después de todo lo que hemos perdido.
Lysandra apareció a su lado.
—Entonces es hora.
La noche cayó.
Y con ella, el inicio de su misión.
Guiados por Darian, se adentraron por un sendero oculto que los llevó hasta una vieja entrada cubierta de raíces y piedra.
—Aquí empieza el pasadizo —susurró.
Milena encendió una antorcha.
—Entonces aquí empieza el final.
Entraron.
El túnel era estrecho, oscuro… y silencioso.
Cada paso resonaba como un eco del peligro que los esperaba.
Después de varios minutos, llegaron a una puerta de madera.
Darian la empujó lentamente.
Se abrió.
Del otro lado… estaba el castillo.
Pero no como lo recordaban.
Soldados patrullaban cada rincón.
Banderas negras colgaban de las paredes.
Y en el centro del salón principal…
un trono custodiado.
Milena sintió un nudo en el pecho.
—Varick ya tomó el control…
Darian observó con tensión.
—No completamente.
Milena siguió su mirada.
Y entonces lo vio.
El rey.
De pie… pero rodeado.
Prisionero en su propio reino.
Milena apretó la espada.
—Esto termina hoy.
Pero en lo profundo de la sala…
alguien ya los estaba observando.
Y la trampa…
acababa de cerrarse.