Takumi, un joven de 16 años alegre, honesto y fanático de la justicia, muere en un accidente menor, pero cuando abre los ojos… se encuentra dentro de su videojuego otome favorito. Para su sorpresa, no es la heroína, sino el omega villano, condenado a un final trágico y odiado por todos los personajes. Pero lo que Takumi no esperaba era que su destino en el juego empezara a desviarse… gracias al protagonista secundario, un alfa amable y torpe que parece destinado a sufrir, pero que termina atrayéndolo de formas inesperadas y muy cómicas.
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Capítulo 18: Cuando la risa se vuelve rumor
La risa no dura mucho en el palacio.
Takumi lo supo desde la mañana siguiente, cuando notó algo distinto en el ambiente. No era hostilidad abierta. Era… expectativa. Susurros que se apagaban demasiado tarde, miradas que se desviaban con torpeza, sonrisas que no terminaban de ser sinceras.
—Su Alteza —dijo una sirvienta mientras servía el té—. ¿Desea algo más?
Takumi negó con la cabeza, pero antes de retirarse, la joven dudó un segundo.
—La gente habla mucho después del mercado —añadió en voz baja—. Pero… hablan bien.
Takumi parpadeó.
—¿Hablan… de qué?
La sirvienta se ruborizó.
—De usted. Y del capitán Valen.
Ah.
Ya empezó, pensó.
En otra ala del palacio, Hikaru recibió el golpe de frente.
—¿Es cierto que acompañó al príncipe al mercado sin escolta formal? —preguntó un superior, con tono neutro.
—Sí —respondió Hikaru—. Fue una salida controlada.
—¿Y que ayudó en una cocina comunitaria?
—Sí.
—¿Y que compartieron dulces?
Hikaru tardó medio segundo más de lo habitual.
—…Sí.
El oficial suspiró.
—Capitán, no cuestiono su lealtad. Pero debe entender cómo se ve esto.
Hikaru apretó la mandíbula.
—Mi prioridad es la seguridad de Su Alteza.
—Justamente —respondió el otro—. Y ahora esa seguridad incluye su imagen.
Las piezas empezaban a moverse.
Durante la sesión del consejo de ese día, el tema surgió disfrazado de preocupación.
—El pueblo parece… demasiado interesado en la vida personal de Su Alteza —comentó un noble—. Se están creando narrativas peligrosas.
Takumi mantuvo la calma.
—¿Narrativas como cuáles?
—Una cercanía impropia con un alfa en posición de poder —añadió otro—. Puede interpretarse como favoritismo. O distracción.
Takumi entendió el juego.
No pueden atacarme por ayudar al pueblo… así que atacan cómo lo hago.
—Mi relación con el capitán Valen es profesional —respondió—. Y mi conducta ha sido irreprochable.
—Nadie lo duda —dijo el noble, sonriendo—. Pero el rumor no necesita pruebas.
El rey Leonard golpeó suavemente la mesa.
—Basta —dijo—. No toleraré insinuaciones sin fundamento.
Pero el daño ya estaba hecho.
Esa tarde, Takumi encontró a Hikaru en uno de los patios interiores. No estaba de servicio directo en ese momento, pero permanecía cerca, como siempre.
—¿Te llamaron la atención? —preguntó Takumi sin rodeos.
Hikaru lo miró un segundo antes de responder.
—Un poco.
Takumi bajó la mirada.
—Lo siento. Esto es por mí.
—No —respondió Hikaru—. Es por ellos.
Hubo un silencio breve.
—Si es necesario… —empezó Takumi—. Puedo marcar más distancia en público.
Hikaru frunció el ceño.
—¿Es lo que quiere?
Takumi dudó.
No.
Pero eso no bastaba.
—Es lo que conviene —dijo finalmente.
Hikaru asintió, pero algo en su expresión se endureció.
—Entonces así será.
Sin embargo, esa misma noche, Takumi recibió un informe confidencial del jefe de inteligencia.
—Los rumores no son espontáneos —explicó—. Están siendo amplificados. Usan su cercanía con el capitán como distracción… y como arma.
Takumi cerró los ojos.
—Quieren enfrentarme al pueblo o al ejército —murmuró—. Que parezca que elijo sentimientos por sobre el reino.
—Exacto.
Takumi respiró hondo.
—Entonces no retrocederé —dijo—. Pero tampoco caeré en su juego.
Al día siguiente, Takumi apareció en público… acompañado.
No solo por Hikaru, sino por médicos, administradores y líderes comunitarios. Visitó un centro social, supervisó entregas, habló con claridad. Hikaru permaneció a su lado, serio, profesional.
Sin dulces.
Sin risas visibles.
Y aun así, el pueblo entendió.
—Mira cómo lo cuida…
—Y cómo trabaja…
Los rumores cambiaron de tono.
Eso enfureció a quienes los habían iniciado.
Desde una sala cerrada, una voz siseó:
—Si no funciona con palabras… habrá que usar algo más convincente.
Esa noche, Hikaru se encontró con Takumi en un pasillo poco transitado.
—Van a escalar —dijo—. Lo sé.
Takumi asintió.
—Lo sé yo también.
Se miraron un segundo más de lo necesario.
—Gracias —dijo Takumi en voz baja—. Por no apartarte… incluso cuando te lo pido.
Hikaru respondió con la misma calma de siempre.
—Mientras esté a su lado, Su Alteza… no permitiré que conviertan la verdad en una mentira.
Caminaron en direcciones opuestas.
Pero esta vez, la distancia no se sintió como protección.
Se sintió como estrategia.
Y en las sombras, alguien ya preparaba el siguiente movimiento.
Sigue así 🥰🥰🥰🥰