Renace en un mundo mágico, en un matrimonio sin amor, pero decidida a cambiar su destino.
* Esta novela es parte de un mundo mágico *
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Luz y velo
Al día siguiente, Helen despertó con una claridad distinta en el pecho.
No era euforia.
No era rabia.
Era algo más profundo.. decisión.
Se levantó temprano, antes de que la mansión estuviera completamente en movimiento. Se vistió eligiendo un vestido sencillo pero elegante, y se miró al espejo largo rato.
Su reflejo le devolvió la imagen de una mujer hermosa… pero cargada de pasado.
[Esa no soy yo ahora.]
Sin avisar a nadie más que al mayordomo, pidió un carruaje discreto y se dirigió al pueblo.
Entró en un pequeño salón de belleza que atendía una mujer mayor de manos firmes y mirada curiosa. La anciana la reconoció de inmediato, pero no dijo nada. Solo le ofreció asiento frente al espejo.
Helen tomó aire.
—Quiero cortarlo —dijo, señalando su larga cabellera rubia que caía hasta su cintura—. Hasta los hombros.
La mujer alzó las cejas.
—Es un cabello precioso, mi lady.
—Lo sé..
Cuando las tijeras comenzaron a sonar, cada mechón que caía al suelo se sentía como una liberación.
La anciana trabajó con cuidado, moldeando un corte suave, moderno para ese mundo, que enmarcaba su rostro y resaltaba aún más sus ojos azules.
Cuando terminó, giró el espejo hacia ella.
Helen parpadeó.
Y luego sonrió.
Una sonrisa real.
No la sonrisa dócil de antes.
No la sonrisa forzada de esposa obediente.
Una sonrisa propia.
[Así me veo cuando soy yo.]
Luego fue a una boutique del centro.
Dejó pasar sin mirarlos los vestidos oscuros, pesados, solemnes… esos que Claud habría preferido porque la hacían ver más sumisa, más seria, más apagada.
Eligió tonos claros.. marfil, celeste, verde suave, rosa pálido.
Telas ligeras.
Cortes que marcaban su figura con elegancia sin ocultarla.
Se probó un vestido color crema con bordes dorados discretos y se miró en el espejo.
No parecía una viuda social.
No parecía una esposa abandonada.
Parecía una joven baronesa libre.
Compró varios.
Cuando regresó a la mansión Lewis, Dylan estaba en el salon revisando unos papeles. Al verla entrar, se quedó en silencio un segundo.
—Mi lady… Se ve… diferente.
Helen se tocó el cabello nuevo y sonrió.
—Lo estoy.
Subió a su habitación, se cambió uno de los vestidos claros y volvió a mirarse al espejo una última vez.
Y entonces lo dijo en voz alta, como si el mundo tuviera que escucharlo..
—Cerrando ciclos.
[Helen Lewis murió dos veces. Una cuando fue humillada. Y otra cuando desperté en su cuerpo.]
Bajó las escaleras con paso firme.
El pasado había terminado.
Y por primera vez desde que despertó en ese mundo, Helen no estaba huyendo de nada.
Después de su cambio de apariencia, Helen bajó las escaleras con una energía completamente nueva.
No era solo el cabello más corto ni los vestidos claros.
Era su postura.
Su mirada.
La manera en que sus pasos ya no dudaban.
Entró al despacho improvisado que había destinado para su proyecto y respiró hondo, como si aquel aire marcara oficialmente el inicio de algo importante.
[Bien… ahora sí. A trabajar.]
Extendió sobre la mesa los libros de textiles, los bocetos torpes que había hecho la noche anterior y varias muestras de telas que el ama de llaves le había conseguido del almacén familiar.
Tocó cada tela con atención.
—Demasiado pesada…
—Muy opaca…
—Esto podría funcionar para una habitación…
—Esto otro para un salón noble…
Empezó a clasificar por textura, grosor y caída, como si siempre hubiera sabido hacerlo. En su mente no veía simples telas.. veía ventanas abiertas, salones luminosos, habitaciones privadas bañadas por una luz suave y elegante.
[Las casas de este mundo son hermosas… pero cerradas. Oscuras. Antiguas. Yo quiero que respiren.]
Tomó una pluma y empezó a dibujar.
No eran bocetos perfectos, pero sí claros..
— Cortinas dobles, con una capa translúcida interior y otra decorativa exterior.
— Persianas de tela enrollable, algo totalmente nuevo para ese mundo.
— Sistemas de cuerdas discretas para subir y bajar la tela.
— Combinaciones de colores que cambiaran según la luz del día.
Helen empezó a murmurar para sí misma mientras trabajaba.
— Seda con lino para los salones principales…
— Algodón grueso con bordados suaves para dormitorios…
— Terciopelo solo en marcos y detalles, no en toda la cortina…
[No quiero solo lujo. Quiero comodidad. Quiero control de luz. Quiero privacidad sin encierro.]
Su idea era clara.. mezclar las finas telas aristocráticas de ese mundo con conceptos modernos que nadie allí conocía todavía.
No solo cortinas bonitas.
Sino sistemas funcionales..
— Cortinas que se recogieran hacia los lados sin arrastrar por el suelo.
— Persianas de tela que protegieran del sol sin oscurecer por completo.
— Paneles deslizables para dividir espacios dentro de una misma habitación.
Dylan apareció al rato, con una carpeta bajo el brazo. Se detuvo en seco al verla rodeada de telas, dibujos y libros.
—Veo que no perdió el tiempo, mi lady…
Helen levantó la vista, con los ojos brillantes.
—Esto no existe aquí todavía.. Y va a venderse. Mucho.
Le explicó su concepto con entusiasmo contenido.. la mezcla entre lujo tradicional y funcionalidad moderna, la idea de ofrecer catálogos por ambientes, la posibilidad de personalizar colores y tamaños.
Dylan hojeó los bocetos.
—Esto… Esto es innovador. Las casas nobles pagarían fortunas por algo así.
Helen apretó la pluma con una sonrisa decidida.
—Entonces lo haremos bien desde el principio.
Ese mismo día definieron..
— Buscar un pequeño taller dentro del terreno Lewis.
— Contratar dos o tres costureras locales.
— Importar algunas telas especiales como producto estrella.
— Crear un sello de marca.. “Luz & Velo – Casa Lewis”.
Helen escribió el nombre en grande en su cuaderno y lo rodeó con un círculo.
[Este será mi primer imperio.]
Cuando el sol empezó a caer, Helen se dejó caer en la silla, agotada… pero feliz.
No había pensado en Claud en todo el día.
No en la anulación.
No en la humillación.
No en la rabia.
Solo en creación.
Solo en futuro.
Tocó una de las telas claras y sonrió para sí misma.
[No soy la esposa abandonada de nadie.]
[Soy Helen Lewis. Y esto… recién comienza.]