La vida de Ricardo parece estar completa, tiene una novia hermosa y un empleo prometedor pero un día al reencontrarse con un amor del pasado se dará cuenta que su vida había estado vacía todo ese tiempo. Sin dudarlo más tiempo decide recuperar el amor de aquella mujer que alguna vez tiempo atrás lo había sido todo para él, aunque no le será del todo fácil.
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Lágrimas del pasado
—¡Es que de verdad que no entiendo! ¡No entiendo, Angélica! —aquella mujer gritaba alisando su cabello una y otra vez con sus manos, sus gritos ya habían hecho que los vecinos salieran de sus casas la mayoría más por morbo que por otra cosa —. ¿Por qué Dios me castigó con una hija tan cualquiera?
Mis puños se apretaron por impotencia, había soportado suficiente, Angie estaba destrozada llorando, temerosa de emitir palabra, imagine entonces que tal vez al guardar silencio ella esperaba que su madre se calmara.
—¡Basta, señora! —dije sin poder soportarlo más y quizás si alce la voz más de lo que debía —¡No tiene que hablarle así! ¡No hicimos nada malo!
—¡Tú no te metas maldito mocoso!
Con los ojos inyectados de odio aquella mujer se fue sobre mí lanzándome golpes y rasguños, yo me cubrí con los brazos, no podía hacer nada más.
—¡Mamá, cálmate por favor! —Angie que hasta el momento había estado inmóvil escuchando los gritos de la señora sin emitir palabra, tomó a su madre por las manos.
—¡Maldita mocosa! ¡Cómo te atreves a levantarme la mano! —esa frase hizo a Angie retroceder asustada, le tenía mucho miedo a su madre, en ocasiones la había visto hacerse pequeña ante la mención de su madre enojada, también había visto las marcas que le dejaban los castigos por la desobediencia —¡Ahora verás lo que sacas por levantarle la mano a tu madre!
La iracunda mujer soltó una bofetada a Angie tan fuerte que la arrojó al suelo, intenté ayudarla, ir hasta ella para cubrirla pero su madre fue más rápida sujetándola por el cabello.
—¡Señora, suéltela! —me arrojé hacía ella, en ese momento no me importaba que esa mujer fuera su madre o que fuera una señora mayor ni siquiera que se tratara de una mujer, iba a hacer que la soltará aunque tuviera que obligarla. La fuerza de los brazos de mi padre me detuvo a solo unos centímetros.
—Señora, haga el favor de no hacer escándalos frente a mi casa. Ya tiene a su hija, llevesela —dijo mi padre de forma despectiva, claro a él no le importaba que esa mujer fuera capaz de golpear a mi novia.
—¡Papá!
—¡Si no quiere más escándalos, entonces aleje a su hijo de mi hija! —escupió la mujer con odio. Yo solo podía ver las lágrimas de Angie corriendo sin control por sus mejillas, el grito de dolor cuando su madre le dio un tirón por donde la mantenía sujeta del cabello.
—Así será —respondió mi padre ignorando por completo mi mirada de reproche —¡Ahora lárguese!
—¡No! ¡No se la va a llevar! —di un paso al frente dispuesto a rescatar a Angie de sus garras.
—¡Ricardo no! —me gritó Angie en medio de su angustia —¡Yo estaré bien!
—A un lado muchacho —dijo por lo bajo con una voz sombría y con un toque de sadismo que me heló —aún no sabes de lo que soy capaz —la madre de Angie debio haber visto la determinación en mis ojos, el que no estaba dispuesto a dejar que le hiciera daño, lo que hizo no lo esperaba, ni siquiera la pobre de Angie que parecía resignada a sufrir el castigo —¡Ves lo que provocas maldita mocosa! —dijo gritando para asegurarse de que todos le prestaran atención —¡No te ha bastado con quitarme a mi marido! ¡También quieres arruinar la vida de esta familia!
Angie negó con la cabeza, sorprendida por lo dicho por esa mujer, cómo era capaz de inventar una cosa así, en realidad no le importaba su hija.
—¡No! ¡Eso no es cierto! —gritó Angie. Todos alrededor murmuraban y yo me llené de ira y me lancé de nuevo hacía la maldita mujer que dibujó una sonrisa burlona pero una vez más mi padre me detuvo, Angie buscó mis ojos asustada —¡Yo no he hecho eso!
Yo le creía, esa mujer solo quería separarnos y por alguna enferma razón manchar la imagen de su propia hija.
—¡Ya largense de una vez! —gritó mi padre ya fuera de sí, metiéndome a empujones a la casa. A lo lejos ví como Angie era llevada casi a rastras por esa perversa mujer que decía ser su madre, pero yo no pude hacer nada.