Dos genios.
Una rivalidad que duele.
Un amor que se repite en cada vida.
Cuando él gana, yo recuerdo.
Cuando yo brillo, él tiembla.
Esta vez… ¿podremos elegirnos antes de volver a perdernos?
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Capítulo 16:La primera noche compartida
La puerta se cerró detrás de Ren con un clic suave.
El sonido fue pequeño, casi insignificante… y aun así, ambos lo sintieron como una marca clara: ya no había excusas externas. No había interrupciones. No había nada que los obligara a avanzar ni a detenerse.
Solo estaban ellos.
Aiden permaneció de pie unos segundos, como si necesitara recordar cómo respirar. Sentía el pulso acelerado, demasiado evidente, y una tensión cálida extendiéndose por su pecho y su estómago. No era miedo. Tampoco urgencia.
Era deseo.
Un deseo tímido, contenido durante demasiado tiempo.
Ren dejó la chaqueta sobre la silla y se giró lentamente. Sus mejillas estaban encendidas, los ojos brillantes de una mezcla de nervios y determinación. Se pasó una mano por el cabello, un gesto inconsciente que Aiden había aprendido a reconocer como señal de inseguridad.
—Si esto se vuelve demasiado… —empezó Ren, bajando un poco la voz— dímelo.
Aiden negó de inmediato.
—Y tú dímelo a mí —respondió—. No quiero adivinar.
Ren asintió. Esa simple frase le aflojó algo en el pecho.
Dieron un paso al mismo tiempo.
No se tocaron aún.
El espacio entre ambos se volvió denso, cargado de respiraciones que ya no eran del todo regulares. Ren podía sentir el calor del cuerpo de Aiden incluso sin contacto, una presencia firme que no presionaba, que no exigía.
Aiden levantó la mano con lentitud. Se detuvo a medio camino, mirándolo a los ojos.
Ren no retrocedió.
—Está bien —susurró.
Los dedos de Aiden rozaron primero el antebrazo de Ren, apenas un contacto exploratorio. La piel respondió de inmediato, con un estremecimiento visible. Ren contuvo el aliento, sorprendido por lo intensa que se sentía una caricia tan pequeña.
—Dios… —murmuró, sin darse cuenta.
Aiden sintió el sonido recorrerle el cuerpo como una descarga. Sus dedos subieron con cuidado hasta el hombro, trazando una línea lenta, respetuosa, pero cargada de intención.
Ren cerró los ojos un segundo.
No para huir.
Para sentir.
Apoyó la mano en el pecho de Aiden, reconociendo el latido rápido bajo la tela. Se quedó ahí, como si necesitara memorizarlo.
—Late tan fuerte… —dijo en voz baja.
Aiden dejó escapar una risa breve, nerviosa.
—No soy tan bueno ocultando lo que siento.
Ren alzó la vista. Sus rostros estaban demasiado cerca ahora. Podía distinguir las pequeñas tensiones en la expresión de Aiden, la forma en que sus labios se separaban apenas al respirar.
—No quiero que lo ocultes —dijo—. Nunca más.
Aiden inclinó el rostro sin darse cuenta.
Esta vez, el beso no fue una duda.
Fue lento.
Profundo.
Sus labios se encontraron con una seguridad nueva, como si ambos hubieran estado esperando este momento desde hacía mucho más que unas horas. Ren suspiró contra su boca, y ese sonido fue suficiente para que Aiden lo acercara un poco más, rodeándolo con el brazo, firme pero cuidadoso.
El beso se intensificó de forma natural.
No apresurado.
No torpe.
Solo más consciente.
Ren sintió un calor subirle por el cuello, por las mejillas, por todo el cuerpo. Se aferró a la camiseta de Aiden con los dedos, no para detenerlo… sino para anclarse.
Aiden respondió profundizando apenas el beso, como si probara hasta dónde podían llegar sin perderse. Su respiración se volvió irregular, entrecortada.
—Ren… —susurró contra sus labios.
Ren apoyó la frente contra la suya, respirando agitado.
—Estoy aquí —respondió—. No estoy huyendo. No me estoy rompiendo.
Aiden cerró los ojos con fuerza. Esas palabras le golpearon directo en el pecho.
—Y yo no estoy ganando —dijo—. No estoy demostrando nada.
Ren sonrió, con los labios aún enrojecidos.
—Entonces estamos haciendo algo nuevo.
Se besaron otra vez.
Más lento esta vez. Más profundo. Las manos de Aiden recorrieron la espalda de Ren con cuidado, deteniéndose cuando el cuerpo del otro se tensaba, avanzando cuando sentía que se relajaba. Ren respondió acercándose más, apoyando el cuerpo contra el suyo sin darse cuenta, reconociendo el deseo con una mezcla de timidez y alivio.
Cuando se separaron, ambos respiraban con dificultad.
Ren se cubrió la boca con la mano, avergonzado.
—Creo que… —dijo, riendo nervioso— no esperaba sentir tanto tan rápido.
Aiden apoyó su frente en la de él.
—Yo llevo toda la vida esperando sentir esto sin miedo.
Se quedaron así, abrazados, dejando que el pulso se calmara poco a poco. El cuarto estaba en silencio, apenas iluminado por la luz de la calle. Todo parecía suspendido, como si el mundo exterior hubiera decidido darles espacio.
Aiden habló primero.
—Podemos… dormir —dijo—. Si quieres. Solo dormir.
Ren lo miró, con una ternura que le apretó el pecho.
—Quiero eso.
Se acomodaron en la cama con una torpeza suave, cuidando cada gesto. Ren se giró hacia Aiden sin pensarlo, apoyando la cabeza en su hombro. Aiden rodeó su cintura con el brazo, firme ahora, seguro.
Ren cerró los ojos.
—Gracias —murmuró—. Por quedarte.
Aiden besó suavemente su frente.
—Gracias por volver.
La respiración de Ren se fue haciendo más lenta. Aiden permaneció despierto un poco más, observándolo, memorizando ese momento sin urgencia, sin culpa.
Así se siente elegir, pensó.
Y cuando finalmente cerró los ojos, no hubo miedo al día siguiente.
Solo una certeza tranquila:
Esta vez, ninguno iba a desaparecer.
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Al día siguiente, Ren despertó antes que sonara cualquier ruido.
No fue por una pesadilla ni por miedo. Fue por la conciencia súbita de un peso tibio a su lado, de un brazo firme rodeándole la cintura. Durante un segundo se quedó inmóvil, temiendo romper algo frágil.
Luego recordó.
Aiden estaba ahí.
Respiraba despacio, con el rostro relajado, el ceño sin tensiones. Su mano descansaba sobre la cadera de Ren con una naturalidad que todavía le parecía nueva. Ren apoyó la cabeza un poco mejor en su pecho, escuchando el latido constante.
No había urgencia en ese sonido.
No había amenaza.
Solo continuidad.
Ren alzó la vista despacio. La luz de la mañana entraba filtrada, suave, delineando el perfil de Aiden. Pensó, con una mezcla de vértigo y calma, que nunca antes había despertado así sin sentir que algo se iba a romper después.
Aiden se movió apenas.
—¿Estás despierto? —murmuró, con la voz baja y un poco ronca.
Ren asintió, aunque sabía que Aiden no podía verlo.
—Sí.
Aiden abrió los ojos y tardó un segundo en enfocar. Cuando lo hizo y lo vio ahí, tan cerca, una sonrisa lenta se dibujó en su rostro.
—Sigues aquí —dijo, casi como una pregunta.
Ren sintió el pecho apretársele… pero no de miedo.
—Te dije que volvía —respondió, con una sonrisa pequeña.
Aiden se inclinó apenas y dejó un beso suave en la sien de Ren. No fue intenso. No fue urgente. Fue una confirmación.
Ren cerró los ojos.
—Buenos días —susurró.
—Buenos días —respondió Aiden—. Quédate un poco más.
Ren lo hizo.
Y por primera vez, quedarse no se sintió como una decisión que debía justificarse