Sydney Brown, una joven asocial desafortunada se ve forzada a trabajar en los baños de un templo.
Unos baños que cargan con una maldición que acecha desde los rincones en una espiral de rencor y odio que parece no terminar jamás.
Donde deberá elegir si...
¿Ser una heroína?
¿Ayudar a la maldición?
¿O no hacer nada y observar como el rencor destruye a las personas de su alrededor?
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Capitulo #11: Tomoko Nishida
Aquella mujer que me estaba gritando afuera del templo resultó ser la esposa embarazada del detective, ella había malinterpretado las cosas al verme con la chaqueta de su esposo.
Antes de que él detective llegara el señor Shirakawa la llevó al templo para hacerle una limpia con un palo con dos serpientes de papel a los lados, al que los Shirakawa llamaban: “Gohei”. La mujer en cuanto despertó terminó por vomitar solo que ella vomitó agua que parecía ser del baño.
Ella despertó bastante confundida y no dejaba de mirarme con desprecio, no quería molestarla así que solo agaché la cabeza para después irme del templo.
Me sentía culpable por lo que le había pasado, tal vez si no me hubiera encontrado con su esposo, ella no estaría en esa situación. Si tan solo no hubiera ido a la comisaría… ella… ella no estaría aquí.
—¡Señorita! —gritó el detective mientras se me acercaba—. Veo que ya te sientes muchísimo mejor —añadió dándome mi café—.
Intenté decirle que lo sentía por lo que había pasado con su esposa o por vomitarle encima, pero solo pude tragar saliva y agarrar mi café con mis manos temblorosas.
—Oye, me encontré con tu mamá en el café, es una mujer muy hermosa siempre lleva un kimono
—¿Qué? —dije levantando mi ceja y frunciendo el ceño—
—Jaja, no sabía que eras japonesa, tal vez podemos llevarnos
—Ah… eh… yo-yo no-no soy… —temblando agarré mi celular para mostrarle una fotografía de mi mamá—. E-ella es mi… mi… mi mamá
La sonrisa del detective se desvaneció poco a poco al ver de forma detenida a mi madre, y los rasgos que compartíamos como toda madre e hija. Con una notable disonancia cognitiva, el detective me arrebató el celular para ver mejor a mi mamá.
—Ahm… señorita ¿Tú mamá no tiene ninguna hermana que use Kimono? ¿Verdad? —negué con la cabeza mientras le daba un sorbo a mi café—. Entiendo, jaja entonces Kairo es…
—N-no… —respondí viéndolo a los ojos con una cara de poker—.
—Okay —murmuró asintiendo repetidas veces mientras me regresaba mi celular—.
Debido a la incomodidad causada por el malentendido del detective nos quedamos en silencio por unos minutos esperando que algo nos diera la excusa perfecta para escapar y para mi suerte, un cliente llegó a los baños, por lo que tuve la oportunidad perfecta para huir de ese momento incómodo.
El detective se quedó ahí de pie con la mirada perdida por unos minutos más, imaginó que se quedó pensando en el malentendido que había vivido con mi supuesta madre.
Ya que después de unos minutos entró al baño para preguntarme más sobre mi mamá, no sabía en qué ayudaría a su investigación saber más de mi mamá pero le dije todo lo que me preguntó sobre ella.
—Entiendo, así que… la señora Watson es estadounidense y no tiene ninguna relación con Kairo —negué con la cabeza mientras abrazaba una toalla—. Okay… y dime, es cierto que estos baños son… son buenos para limpiar el alma
—Mm… ahm…
Quería decirle que se fuera, que se alejara de los baños antes de que fuera afectado por ellos, pero… algo dentro de mi, quizás el miedo a la confrontación y a las preguntas, me hizo asentir para después darle la toalla.
El detective tan solo sonrió y entró a los baños de hombres. Me quedé callada con la mirada perdida intentando pensar que él al igual que algunos clientes, no eran afectados por la maldición.
—Está bien… él… él estará bien… —repetí en voz baja intentando no sobrepensar las cosas—.
—¡Oye! —gritó la esposa del detective mientras golpeaba el escritorio de la caseta con sus palmas—.
Ese pequeño golpe me hizo saltar del susto, al igual que solté un pequeño chillido similar al de una rata. La esposa del detective parecía estar mejor que antes y su mirada era distinta a hace unos minutos. Suponía que los Shirakawa le habían dicho que yo no tenía nada que ver con su esposo.
—Y siento lo de antes, es solo que estos últimos días he sospechado que mi esposo tiene a otra… —con una dulce sonrisa me dio un billete—. Lo siento
—N-No, no, n-no se dis-disculpe se-señora Ni-Nishida —tartamudeé agachando la cabeza y agarrando el billete—.
—Llámame Tomoko, ¿sí? Y ya que eres su amiga, avísame si ves algo extraño ¿okay? Quiero saber qué oculta ese hombre
—S-sí, le a-avisaré si veo algo
Me inquietaba que estuviera el detective en los baños, más que nada me inquietaba que él hiciera enojar al ente que habitaba el lugar por andar investigando de más.
También me inquietaba su esposa, cuando entraba al baño de mujeres para colocar leña en las viejas calderas del agua, pude ver como la señorita Tomoko hablaba sola.
Las otras clientes no le prestaban mucha atención a Tomoko pero ella parecía estar mucho más alegre que antes cuando hablaba conmigo. Estaban hablando en japonés así que no pude entender mucho de lo que decía, pero por su voz y sus gestos entendía que hablaba de su futuro hijo.
Lo único que pude entender de su conversación con alguien que era invisible para los demás, fue el nombre “Kairo” o “Yoshimura”.
—Yoshimura-san —dijo Tomoko riendo mientras tenía una mano en su boca en señal de sorpresa—.
Ese era el nombre de la mujer de cabello negro, por lo que era fácil deducir que ella ya estaba siendo afectada por la maldición de los baños.
Por otro lado, cuando entraba a los baños de hombres para poner leña, pude ver qué Reiko se encontraba revisando cada rincón de los baños. Los demás clientes no se veían tampoco molestos o incómodos por lo que estaba haciendo así que… intenté regresar a la caseta pero…
—Oye Señorita ¿Cuántos años tiene este lugar?
—N-no lo sé —respondí deteniéndome a medio camino—. Pe-pero le-le recomiendo no molestar a na-nadie peligroso
—¿Hablas de Kairo Yoshimura? ¿No es así?
—N-no… so-solo intenté no ha-hacerla enojar
—¿Por qué? No lo entiendo ¿Quién es esa tal Kairo y por qué la estás cubriendo? —intenté irme sin decir nada pero Reiko me sujetó del brazo con fuerza—. No, no te irás… dime, ¡¿Quién es ella?!
Los clientes voltearon a ver a Reiko molestos, uno de ellos sin pensarlo lo apartó de mí con un empujón. Aterrada retrocedí de él mientras agarraba con fuerza mi ropa, logrando ver a esa mujer observando fijamente desde una de las bañeras.
—¡¿Quién es Kairo?! —me gritó alterado mientras intentaba acercarse a mí pero los clientes se lo impidieron—.
—Shi-Shirakawa… —respondí con la voz temblorosa y con lágrimas en los ojos, antes de irme corriendo de ahí—.