A sus 23 años, Alejandro Rodríguez es la personificación del poder sin límites. Frío, implacable y dotado de una mente calculadora que convierte la ambición en destino, no hay negocio ni objetivo personal que se le resista. Él lo tiene todo, excepto lo único que el dinero no puede comprar: el sentimiento. desde la muerte de su hermano por culpa de una mujer lo ha convencido de que el amor es debilidad, condenándolo a vivir en una opulenta soledad, un rey en un trono sin corazón.
Con 21 años, Azul Estrella Luna García ha vivido toda su vida con doloroso pasado el maltrato que vivió con su madre y el abandono de su padre y abandonada en una un orfanato a los cuatro años a forzado su vida con impulso graduándose de diseño gráfico y administración de empresas
¿Podrá Alejandro derribar su muro del cinismo y volver a creer en el amor Azul dejara sus miedos para darle una oportunidad a la felicidad
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Capítulo 18: El Heredero del Imperio
Un año después de la gran boda, el ático de la Torre Rodríguez se llenó de una tensión diferente. No era la tensión del miedo, sino la de la expectativa. Azul había estado más radiante que nunca, con un brillo especial en sus ojos verdes que Alejandro no lograba descifrar, hasta esa mañana.
Alejandro entró en la habitación y encontró a Azul sentada en el balcón, mirando el horizonte con una sonrisa enigmática. Él se acercó y la rodeó con sus brazos, besando su hombro.
—Estás muy pensativa hoy, mi Estrellita —murmuró él, aspirando su perfume—. ¿En qué piensas?
Azul tomó las manos de Alejandro y las colocó sobre su vientre, aún plano pero cargado de una nueva vida.
—Pienso en si tendrá tus ojos oscuros o mi mirada verde, Alejandro. Pienso en que nuestro hijo nunca sabrá lo que es el hambre, porque tendrá al padre más amoroso del mundo.
Alejandro se quedó paralizado. El hombre implacable, el rey del acero, sintió que las piernas le temblaban. Se arrodilló frente a ella, pegando su frente a su vientre con una devoción casi religiosa.
—¿Un hijo? —susurró con la voz quebrada—. ¿Voy a tener un hijo contigo?
Esa noche, la celebración de la noticia fue profundamente emotiva y apasionada. Alejandro la amó con una suavidad extrema, como si temiera romperla, llenándola de besos y promesas.
—Nada le faltará, Azul. Lo juro por mi vida. Será el príncipe de este imperio que construimos juntos.
La Reacción de los García
La noticia del embarazo corrió como pólvora. Ricardo organizó una cena de gala inmediata en la mansión. Al llegar Azul y Alejandro, sus hermanos los recibieron con vítores.
—¡Voy a ser el tío favorito! —exclamó Steven (23 años), levantando a Azul en un abrazo cuidadoso—. Este niño va a tener a los mejores protectores de la ciudad.
Jaen, Sofía y Alex ya estaban discutiendo sobre el nombre y la decoración de la habitación. Ricardo, por su parte, se acercó a Alejandro y le estrechó la mano con fuerza.
—Gracias, Alejandro. Gracias por darle a mi hija la familia que yo no supe darle a tiempo. Este nieto será la redención de todos los García.
El Cuidado del Rey
Durante los meses siguientes, Alejandro se volvió casi obsesivo con el cuidado de Azul. No permitía que hiciera ningún esfuerzo y contrató a los mejores cardiólogos del mundo para monitorear su corazón operado durante el embarazo.
—Alejandro, estoy bien —decía ella riendo mientras él le daba masajes en los pies al final del día—. Mi corazón es fuerte, me lo dijiste tú mismo.
—Es el corazón que sostiene mi mundo, Azul —respondía él, mostrándose extremadamente cariñoso y amoroso—. No puedo arriesgarme.
Al llegar al octavo mes, la pareja se encontraba en la cúspide de su felicidad. Azul caminaba por la mansión de su padre, viendo cómo sus hermanos habían preparado un cuarto de juegos inmenso. El pasado de dolor parecía una vida ajena, una historia que le sucedió a alguien más.
Sin embargo, el destino decidió poner a prueba la fortaleza de Azul una última vez antes del gran final. Durante una revisión rutinaria, el doctor frunció el ceño.
—La presión está subiendo, Alejandro. Tenemos que programar la cesárea para mañana. El corazón de Azul está trabajando el doble.
Alejandro sintió que el mundo se le venía abajo, pero Azul le tomó la mano, con sus ojos verdes brillando con una determinación inquebrantable.
—No tengas miedo, Alejandro. Este corazón sobrevivió al abandono y al hambre. Sobrevivirá a esto por nuestro hijo.