Victoria Philips está a punto de casarse con quien cree es el hombre de sus sueños, tiene un increíble trabajo en la mejor firma de abogados y su vida no puede ser más perfecta, pero no todo es lo que parece. Tras enterarse de una terrible traición, su mundo se pondrá de cabeza y su vida dará un giro inesperado cuando en un viaje descubra que el amor y el tiempo pueden romper barreras.
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Cap.19 Secreto Sucio
La cercanía de Duncan despertaba en ella algo inexplicable, le gustaba y no se había dado cuenta ¿cuándo pasó eso?
Victoria quería dar el paso que los separaba y probar otra vez el sabor de sus labios, lo deseaba.
Él escaneaba el rostro de ella buscando alguna señal de rechazo, más no encontró ninguna.
Sin poder contenerse más, Duncan cerró la distancia que los separaba y posó sus labios sobre los de ella. Victoria lo recibió sin resistirse; aquel beso dulce la hacía sentirse en el aire.
Las manos grandes y ásperas de él, la envolvieron por la cintura pegandola completamente a su cuerpo, mientras sus labios se movían con avidez.
Sin embargo, algo hizo clic en la mente de Victoria y se separó de él.
—No puedo, esto no está bien. —balbuceó ella y comenzó a alejarse casi corriendo.
—Victoria... —llamó Duncan, quien permaneció clavado de pié sin comprender.
—¡Aléjate de mi! —chilló. —No voy a ser tu amante, Lord.
Hace apenas unos minutos habían estado conversando sobre la prometida del Lord, y luego, la besó como si nada.
Victoria sabía lo que se sentía ser traicionada, y aunque ella no era amiga de la cobra medieval, tampoco podía desearle ese sufrimiento.
Caminó de vuelta al castillo, directo a su habitacion, quería poner distancia entre ella y el Lord.
—Te tardaste mucho. —dijo Fridda apenas la vió entrar.
—Sí... Salí por un poco de aire. —Respondió Victoria.
—¿Pasó algo? Te siento un poco alterada.
Victoria se quitó la ropa y luego se metió a su cama. No quería contarle a su amiga lo que había pasado.
—Estoy bien, solo necesito dormir un poco.
Fridda no quiso insistir pero, conocía a Victoria, sabía que algo le había pasado y no entendía por qué se lo ocultaba.
Al otro día, ambas estaban ayudando en la cocina, reían con Agnes y olga. Realmente se llevaban bien.
Las otras dos les preguntaban cosas respecto a su lugar de origen, y por su puesto, ellas inventaban alguna respuesta creíble. A su vez, aprendían cada vez más sobre la época donde estaban.
—Victoria, el Lord requiere que le lleves miel a su estudio. —Dijo una de las criadas que entró.
—¿Yo? —Preguntó Victoria.
—Sí, tú. —confirmó la mujer.
—¿No dijo para qué quería la miel? —Preguntó Agnes extrañada.
—No, solo dijo que quería que Victoria se la llevara.
Fridda levantó su ceja, curiosa, al ver que Victoria se ponía nerviosa. Su amiga, no era de las que se ponían nerviosa, era fuerte y dura. ¿Qué estaba pasando entre esos dos?
—Ten Victoria, no lo hagas esperar o te gritará. —Agnes le extendió una pequeña fuente con la miel en el ella.
—Ya estoy acostumbrada de todos modos. —Sonrió Victoria burlándose de sí misma.
Salió de la cocina para ir hasta el salón privado de Duncan, no quería verlo, así que prácticamente él la estaba obligando.
Tocó la puerta y de inmediato recibió la orden para que siguiera.
Duncan estaba sentado y con unos pergaminos en sus manos, que dejó de lado en cuanto la vió.
Ella caminó hasta la mesilla que estaba justo al lado del Lord para dejar allí la fuente.
Él la miró en silencio, hasta que ella tuvo las manos libres, entonces se levantó y la tomó de la muñeca para impedir que se fuera.
—¿Por qué saliste corriendo anoche? —Preguntó con un tinte de enojo en su voz.
—Porque no está bien que me bese cada vez que quiere, usted es un hombre comprometido y no debería estar engañando a su prometida. —Soltó Victoria todo lo que pensaba.
—Aún no estoy comprometido. —se defendió Duncan.
Victoria tiró de su mano para que la soltara pero él no lo hizo.
—Aún así, ya dió su palabra ¿cierto? Eso significa que es un compromiso, aunque no sea público aún.
—Puedo negarme si quiero. —Duncan la acercó a él. —No sé qué me has hecho, pero quiero tenerte conmigo.
Victoria tragó saliva y sintió sus mejillas sonrojadas. Nunca nadie la había hecho sentir tan deseada.
Sin embargo, no cedería. —No seré su amante, ya se lo he dicho. Victoria Philips no será el secreto sucio de nadie.
—No te estoy pidiendo que seas un secreto... Pero quiero conocerte aún más.
—Eso no es posible, yo soy parte de la servidumbre y tú mi Lord, vas a casarte con otra mujer.
Duncan soltó la muñeca de ella para tomar su rostro con ambas manos y acercarlo a él.
Sus respiraciones agitadas por la cercanía, podía sentirse la tensión entre los dos.
—Me estás volviendo loco... —dijo él después de lo que pareció una eternidad.
—Duncan, no hagas esto más difícil, por favor. Es mejor que sigamos odiandonos.
—No puedo odiarte, incluso si eres grosera, altanera, rebelde y me haces querer cortarte la lengua.
Victoria quiso reir, recordando como en varias oportunidades él la amenazó con eso.
Cuando Duncan estaba a punto de besarla al ver que bajaba la guardia, alguien tocó la puerta, pero eso no lo alejó de Victoria.
—¿Quién es? —Preguntó Duncan con la voz ronca.
—Mi Lord, acaba de llegar Lady Maisie, espera que la reciba. —anunció la voz del otro lado.
Y con eso, la magia entre ellos se rompió.
Victoria se deshizo de su agarre, él no hizo nada por detenerla. Ella salió del lugar con tanta prisa que casi se lleva a Agnes por el medio.
Corrió hasta su habitación, las lágrimas amenazaban con salir. Sentía una mezcla de emociones extrañas. ¿En qué momento había ocurrido todo esto? ¿Cómo terminó ella involucrada con ese pelirrojo de ojos azules tan profundos como el mar?