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Una Jugada Del Destino

Una Jugada Del Destino

Status: En proceso
Genre:Triángulo amoroso / Reencuentro / Amor eterno / Romance
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Abigail Limón

La vida de Ricardo parece estar completa, tiene una novia hermosa y un empleo prometedor pero un día al reencontrarse con un amor del pasado se dará cuenta que su vida había estado vacía todo ese tiempo. Sin dudarlo más tiempo decide recuperar el amor de aquella mujer que alguna vez tiempo atrás lo había sido todo para él, aunque no le será del todo fácil.

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Valentía

No era extraño que me quedara a trabajar más tarde, después de todo, nadie me esperaba en casa, además la tienda cerraba hasta las once de la noche, y solo eran las ocho; como fuera, no tenía cabeza para trabajar, solo me quedé porque era viernes y no tenía a donde ir. No esperaba que ella estuviera ahí, pero no voy a negar que la sorpresa fue grata al encontrarla en el pasillo saliendo de su oficina. 

—Ricardo, hola —. Sonreí y moví la cabeza a modo de saludo. Ella se sonrió y sentí como ese pasillo oscuro de repente se iluminó —. No pensé que estarían trabajando tan tarde. 

—En realidad me quedé dormido y Fernando me abandonó a mi suerte. 

Su risa era una de las cosas en ella que adoraba, no podía resistir el intentar provocarla —. No te burles de mi, Angie —dije fingiendo estar dolido —. En realidad he estado teniendo problemas para dormir. ¿Sabes lo que me quita el sueño por las noches? —Quise sonar como un seductor aunque nunca me había salido bien, quizás había parecido un estúpido porque ella bajo la cabeza aún con su sonrisa aunque un poco más débil. 

—Entiendo, pero solo es cuestión de que hables con ella en persona y entonces todo se arreglará —. De qué estaba hablando, en qué momento me había perdido en esa corta conversación. 

Angélica siempre había sido un poco testaruda, pero quizás yo lo era más. Ella insistía con lo de Mónica, quizás se sentía mal porque era su amiga, quizá sentía que le debía cierta lealtad, pero si lo veíamos de otra manera, Angie y yo nos conocíamos de antes, teníamos un pasado, nos amábamos, eso tenía que pesar más que cualquier código que pudiera haber entré ellas. Además, si la situación hubiera sido al revés, Mónica no habría dudado en hacerla a un lado a ella, de eso podía estar seguro. 

—¿¡De qué hablas, Angie!?

—De Moni. ¿Por qué no la llamas? —su voz se apagó de repente. 

—Angie —le nombre acercándome a ella y entonces levanté su barbilla con dos dedos —es que aún no lo entiendes o tal vez no has querido hacerlo. Entre Mónica y yo ya no hay nada. 

En ese momento, un hombre más valiente y decidido tomó mi lugar y se atrevió a posar la otra mano en su cintura ella retrocedió un poco pero no la solté, de alguna manera solo chocó contra la pared, la sentí estremecerse ligeramente y eso me dio valor para ir más allá aprovechando la ocasión para aprisionarla contra mi cuerpo. 

—Ricardo —dijo en un hilo de voz —¿Qué estás haciendo? —casi soltó un gemido cuando resoplé cerca de sus labios, su respiración se agitó y sus pechos subían y bajaban frotándose con mi pecho. No iba a desaprovechar la ocasión. Es ahora o nunca, me dije a mi mismo en mi interior. 

—Todo es por ti, estoy así por tí, porque te amo y quiero estar contigo, de verdad —le dije sin poder resistirlo más, un gemido ahogado quedó atrapado entre nosotros cuando me apodere de sus labios, sus manos me empujaron un poco, pero su lengua ya danzaba con la mía lenta, juguetona; dulce y caliente, haciendo que una punzada de deseo bajará hasta mi entrepierna, mi mano se deslizó suavemente por su espalda presionando un poco más, ella comenzó un suave movimiento de caderas frotando la dureza que tenía bajo mis pantalones. Estaba tan excitado que no pude evitar soltar un gruñido; era tan hermosa, como siempre lo había sido y yo la deseaba tanto como siempre, tanto que no había sido del todo consciente de que estábamos en el pasillo afuera de mi oficina, alguien podría vernos y eso hubiera sido un problema. En un pequeño destello de lucidez mi mano giró la perilla de la puerta aún sin llave y la conduje al interior de la oficina pero sin separarme de ella, ese era mi mayor deseo, ya no separarme de ella. 

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