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Bajo El Halo De Sangre Y Hielo

Bajo El Halo De Sangre Y Hielo

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Romance / Posesivo
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Mi Autoria

Una oprimida joven con su loba adormecida por veneno huye hacia su destino al descubrir que el implacable Alfa del Norte es su predestinado.

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Capítulo 20: Confesiones entre vallas silvestres y promesas de azúcar

Harlan se encontraba sentado sobre una colina solitaria, un refugio alejado del bullicio del castillo donde el absoluto silencio le permitía pensar con calma. Llevaba dos días enteros sin atreverse a hablar con Mikeila; no encontraba la manera adecuada de disculparse por su brusquedad, pero la urgencia lo obligaba a actuar. Le habían informado recientemente sobre la visita de su tía Caroline a la corte para exigir la búsqueda de la muchacha, por lo que necesitaba advertirle estrictamente que debía permanecer dentro de los muros seguros del palacio por un tiempo más.

Mientras cabalgaba de regreso por el sendero que serpenteaba a través del frondoso bosque privado del palacio, avistó una silueta conocida y percibió aquel aroma familiar que lo atraía como un imán. Detuvo el caballo, desmontó con sigilo y caminó hasta descubrir a Mikeila inclinada sobre un arbusto de vallas silvestres, custodiada a pocos pasos por una doncella.

Al acercarse sin hacer ruido, Harlan le hizo un gesto imperceptible a la empleada para que se retirara en silencio, quedándose a solas con ella. Mikeila, concentrada en su labor y sin voltear a mirar, murmuraba para sus adentros:

—Con estas bayas debería bastar... Prepararemos unos buenos dulces para ese gruñón del Alfa...

Harlan contuvo una carcajada sorda, levantando una ceja con absoluta diversión.

—¿Crees que le gustarán? Bueno, no importa si no le gustan, ¡haré que se los coma igual! Me debe una disculpa, pero voy a ser yo quien lo obligue a disculparse. ¡Lo llenaré de azúcar hasta que ese corazón frío se le llene de dulzura! ¿Por qué no conos...?

Las palabras se le atragantaron de golpe en la garganta cuando se giró y se encontró de frente con Harlan, que sostenía la canasta con ambas manos, una ceja arqueada y una expresión de infinita seriedad.

—Señor... —alcanzó a murmurar ella, sintiendo que la sangre se le subía a las mejillas.

Harlan puso los ojos en blanco con una sonrisa contenida.

—¿Ahora me llamas "señor"? Acabo de escuchar una conspiración en toda regla para prácticamente asesinarme a base de azúcar —bromeó con el tono más ligero que pudo encontrar.

Mikeila hizo una mueca, maldiciendo por lo bajo antes de levantar la barbilla y encararlo:

—¡Es su culpa! ¿Por qué no me habla? ¿Por qué no fue a disculparse o siquiera a preguntar por mí en todos estos días?

Harlan exhaló un suspiro profundo, disipando la tensión acumulada en sus hombros. Y la miro fijamente haciendo una reverencia.

—Está bien... Me disculpo —cedió él con sinceridad, mirándola a los ojos—. Lo siento por haber sido un imprudente. Pero lo que dije es verdad. Tal vez aún no lo sientas del todo, Mikeila, pero eres mi pareja, y no quiero verte sufrir. Lo entenderías si sintieras lo mismo que yo; lo entenderías si pudieras asomarte a mi interior. No quiero alejarme, me duele mucho más hacer eso. Así que lo siento, y aceptaré cualquier decisión, cualquier método o regla que exijas. Solo déjame estar a tu lado para protegerte como pueda, para asegurarme de que al menos intentaré disminuir tu dolor. Y después, paso a paso, cuando tu loba despierte y si llegas a sentir lo mismo que yo, caminaremos juntos. Aclararé todas tus dudas y protegeré hasta tus sueños más profundos.

Mikeila lo observó en silencio, con el corazón latiéndole desbocado ante la vulnerabilidad y la firmeza en las palabras del Alfa. Lentamente, un gesto de tregua se dibujó en su rostro y asintió con suavidad.

—Está bien... Aceptaré eso. Gracias por comprender —respondió ella en un susurro.

Harlan esbozó una sonrisa genuina, la primera en varios días.

—Entonces, ¿quieres que te ayude a recolectar o prefieres seguir conspirando contra mi vida? —preguntó con sorna.

Mikeila soltó una risa ligera, tomó la canasta y retomó el camino de regreso por el sendero, marchando un paso adelante mientras una nueva y esperanzadora chispa comenzaba a unir sus destinos.

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