UNA LECTORA MUERE ODIANDO UNA HISTORIA.... SOLA PARA DESPERTAR DENTRO DE ELLA.
NovelToon tiene autorización de Karol para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPITULO 18
Los días pasaron lentamente en aquella habitación. Poco a poco fui recuperando las fuerzas y, con ellas, también la capacidad de hablar. Mi voz tardó un poco más en regresar, pero eso no me impidió conseguir la primera información que tanto deseaba.
Con un poco de paciencia y mucha labia, logré sacársela a Clara.
Quería saber qué había pasado con Sofia. Sabía perfectamente que aquella tipa no podía salir de todo aquello como si nada. Después de todo, había intentado atacar a una noble… y no a cualquier noble, sino a mí.
Cuando Clara comenzó a contarme lo sucedido, no podía creerlo.
Al parecer, durante todo ese tiempo Sofia había intentado hacerse la inocente, fingiendo ser una pobre víctima de las circunstancias. Sin embargo, ahora que Clara era la prometida del heredero al trono, él mismo había decidido investigar el asunto a fondo.
Y vaya sorpresa se había llevado.
Resultó que la dulce princesita tenía más trapitos sucios de los que cualquiera habría imaginado. Sus supuestas lágrimas, sus pequeños accidentes y aquella imagen de muchacha indefensa escondían una larga lista de mentiras y manipulaciones.
Ahora, además de haberse convertido en el hazmerreír de la capital, estaba encerrada en prisión. Lo más probable era que su castigo terminara siendo el exilio, gracias a un favor que el rey todavía le debía a sus padres.
La verdad, todavía me costaba creer que la trama hubiera llegado hasta ese punto. Si alguien me hubiera contado todo aquello cuando desperté en este mundo, habría pensado que estaba inventando una historia todavía más absurda que la novela original.
Y hablando de personajes patéticos…
En cuanto al estúpido del segundo príncipe, tampoco había salido muy bien parado. Su relación con Sofia se había convertido en el principal tema de conversación de la capital, especialmente después de que se descubriera que ella le había sido infiel.
Al parecer, el príncipe había pasado de creerse el protagonista de una gran historia de amor a convertirse en el blanco de todas las burlas.
No pude evitar sonreír al escuchar aquello.
Vaya, vaya. Quién diría que la historia podía volverse tan entretenida cuando los personajes empezaban a recibir las consecuencias de sus propias decisiones.
—Aunque, si te soy sincera, hubo alguien que estuvo bastante ocupado durante estos días —comentó Clara, con una sonrisa traviesa.
La miré con desconfianza.
—¿Quién?
—¿De verdad necesitas que te lo diga?
Entrecerré los ojos.
—Clara…
Ella soltó una risita antes de acercarse un poco más a mí.
—Mi hermano.
Ah, no. Ya sabía por dónde iba aquello.
—¿Qué pasa con él?
—Estuvo involucrado en la investigación de Sofia. Al parecer, fue uno de los primeros en exigir que se revisaran las pruebas y se interrogara a los testigos. El heredero también participó, por supuesto, pero Alan se aseguró de que nadie pudiera pasar por alto lo que te había ocurrido.
Me quedé callada.
Eso no me lo esperaba.
—¿Y qué más? —pregunté, intentando sonar desinteresada.
Clara me observó con una expresión demasiado divertida.
—¿Eso es todo lo que quieres saber?
—Por supuesto.
—Qué curioso. Porque mi hermano pasó prácticamente todos estos días junto a tu cama.
Sentí que algo se removía en mi estómago.
—¿Todos los días?
—Todos. Apenas salía para comer o atender algunos asuntos. Incluso tuve que insistirle para que descansara un poco. Mamá y papá estaban preocupados por ti, pero él… —Clara hizo una pausa—. Creo que nunca lo había visto así.
Bajé la mirada hacia mis manos.
Recordé su rostro cuando desperté, la manera en que me había abrazado y el temblor de sus manos. También recordé sus palabras.
No vuelvas a asustarme así.
—¿Así cómo? —pregunté en voz baja.
Clara dejó de sonreír.
—Asustado, Isabel. Alan siempre ha sido alguien difícil de leer. Incluso cuando éramos pequeños, rara vez mostraba lo que sentía. Pero cuando te vio caer en el salón, perdió completamente la compostura.
Tragué saliva.
—¿Qué hizo?
—Te sostuvo en sus brazos y no permitió que nadie te apartara de él hasta que llegó el sanador. Después, cuando te llevaron a esta habitación, se quedó aquí. No quería irse.
Guardé silencio.
No sabía qué responder.
Una parte de mí quería creer que todo aquello significaba algo. Otra, mucho más prudente, me recordaba que Alan era un hombre complicado, el villano de una historia que yo apenas comenzaba a comprender.
Y, para empeorar las cosas, seguía sin saber qué había ocurrido entre nosotros antes de que yo llegara a este mundo.
—Clara… —murmuré.
—¿Sí?
Dudé un instante.
—¿Crees que tu hermano y yo…?
No terminé la pregunta.
Clara ladeó la cabeza.
—¿Qué cosa?
—Nada. Olvídalo.
Su sonrisa regresó de inmediato.
—Isabel Dopont, no me digas que ahora te da vergüenza hablar de mi hermano.
—¡No es eso!
—Entonces, ¿qué es?
Me cubrí el rostro con las manos.
Genial. Mi mejor amiga acababa de descubrir una nueva forma de torturarme.
Pero, detrás de sus bromas, había algo que no podía ignorar.
Alan había permanecido a mi lado durante todos esos días. Había investigado lo ocurrido, se había asegurado de que Sofia recibiera un castigo y, por lo que Clara decía, había estado realmente aterrorizado cuando me vio caer.
¿Por qué?
¿Era porque me quería?
¿Porque sentía alguna responsabilidad hacia mí?
¿O porque, al igual que yo, recordaba cosas que no deberían existir?
Mi mirada se perdió en la ventana.
Recordé el bosque, el lago y aquella promesa infantil.
Cuando sea grande, me casaré contigo.
Apreté los labios.
Tenía demasiadas preguntas y, por desgracia, todas parecían conducir al mismo hombre.
Alan Dopont.
Maldito villano.
¿Qué demonios escondías?