NovelToon NovelToon
La Esposa Fugitiva Del Alfa Millonario

La Esposa Fugitiva Del Alfa Millonario

Status: En proceso
Genre:Embarazada fugitiva / Matrimonio contratado / Omegaverse / CEO
Popularitas:6.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Leiva Silva, Juan Manuel

"Firmaste el contrato, Luna. No hay divorcio que te salve de mí."

Para salvar a su familia, Elena aceptó un matrimonio por contrato de un año con Alexander Vance, el implacable CEO y Alfa más temido de la ciudad. Lo que él ignoraba era que Elena no era una humana sumisa, sino una loba de linaje puro.

Tras un año de desprecios y manipulaciones, la noche en que vence el acuerdo Elena descubre la verdad: está embarazada del Alfa y ha despertado su poder dormido.

Sin rogar por afecto, Elena quema el contrato y desaparece en la noche. Cuatro años después, regresa como la inversionista más poderosa de la industria, acompañada por un niño genio calcado al CEO.

Alexander emprenderá una cacería obsesiva por recuperar a su esposa, pero esta vez ella no es la presa: es la cazadora.

NovelToon tiene autorización de Leiva Silva, Juan Manuel para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: La Capilla de los Secretos

La medianoche llegó con una lentitud tortuosa.

Pasé las horas que precedieron a la cita fingiendo normalidad. Cené con Alexander en el comedor de invierno —otra vez—, manteniendo una conversación superficial sobre la boda, los invitados, los preparativos. Él me observaba con una intensidad que me ponía nerviosa, como si pudiera leer mis pensamientos, como si supiera que algo se cocía bajo la superficie.

Pero no dijo nada. No preguntó nada. Solo me miró con esos ojos grises que parecían verlo todo, y cuando terminamos de comer, se despidió con un beso en la frente que me dejó temblando.

—Descansa —dijo—. Mañana será un día largo.

Si supieras, pensé, mientras lo veía alejarse por el pasillo.

Esperé en mi habitación hasta que el reloj marcó las once y media. Luego, me puse una capa oscura sobre el camisón y salí al balcón. La lluvia había cesado, dejando el aire limpio y frío. La luna, casi llena, brillaba entre las nubes, iluminando los jardines con una luz plateada.

Descendí por la enredadera que había estado estudiando desde el primer día. No era una escalada difícil —había trepado árboles más altos en mi infancia—, pero el corazón me latía con fuerza mientras mis pies tocaban el césped húmedo.

El jardín oeste estaba desierto. Los guardias patrullaban el perímetro, pero sus rutas eran predecibles, y yo había memorizado cada una de ellas. Me moví entre las sombras, agradeciendo los años de entrenamiento que mi padre adoptivo —sin saberlo— me había dado. Cazar, pescar, moverse en silencio. Habilidades que ahora me servían para sobrevivir.

La capilla abandonada se alzaba al final de un sendero de grava, medio oculta por arbustos crecidos y enredaderas. Era una estructura pequeña, de piedra gris, con un campanario roto y ventanas sin cristales. El aire a su alrededor olía a moho y a historia, a secretos susurrados y promesas rotas.

Empujé la puerta oxidada, que se abrió con un chirrido lastimero. El interior estaba iluminado por una sola vela, colocada en el altar. Y frente a ella, de pie, estaba el hombre del tatuaje.

—Elena —dijo, y su voz era profunda, cálida, como un fuego en una noche fría—. Sabía que vendrías.

—¿Quién eres? —pregunté, manteniéndome cerca de la puerta, lista para huir si era necesario.

El hombre se giró. La luz de la vela iluminó su rostro, revelando la cicatriz que le cruzaba la mejilla y unos ojos de un azul intenso, casi violeta, que me resultaban extrañamente familiares.

—Me llamo Kael —dijo—. Kael de la Luna Plateada. Fui... soy... el hermano de tu madre.

El mundo se inclinó bajo mis pies.

—¿Qué? —La palabra salió de mis labios como un suspiro—. ¿Mi madre?

—Tu madre, Seraphina, era mi hermana mayor —explicó Kael, dando un paso hacia mí—. Y tu padre, Lucian, era mi mejor amigo. Fui el primer guerrero de la manada, el protector de la familia Alfa.

—Pero... —Tragué saliva, intentando procesar la información—. La carta decía que Seraphina huyó conmigo. Que me entregó a los Reed.

—Así fue —dijo Kael, y el dolor en su voz era palpable—. Seraphina sabía que la manada estaba condenada. La traición vino de dentro, Elena. Uno de los nuestros, un traidor, abrió las puertas a los Vance la noche de la masacre. Seraphina huyó contigo, con apenas unas horas de vida, y te dejó con la única familia humana que podía protegerte.

—¿Y tú? —pregunté—. ¿Dónde estabas?

—Luchando —dijo, y su expresión se volvió sombría—. Luché hasta que ya no pude más. Me capturaron, me torturaron. Pasé años en las mazmorras de los Vance, hasta que logré escapar. Desde entonces, he estado buscándote.

—¿Cómo me encontraste?

—Los rumores —dijo Kael—. Una mestiza que se casaba con Alexander Vance. Una mestiza cuyo olor era... inusual. Cuando supe que te habían llevado a la mansión, supe que tenía que verte. Y cuando te oí aullar anoche... —Una sonrisa triste le curvó los labios—. Supe que eras tú. La hija de Lucian. La heredera de la Luna Plateada.

Me dejé caer en un banco de piedra, con las piernas temblando. Todo era demasiado. Demasiado grande, demasiado abrumador.

—¿Qué quieres de mí? —pregunté finalmente.

—Quiero ayudarte —dijo Kael, arrodillándose frente a mí—. Quiero que reclames lo que es tuyo. La manada Luna Plateada no está muerta, Elena. Está dispersa, escondida, esperando. Esperando a su Alfa.

—¿Su Alfa? —Repetí, incrédula—. Yo no soy una Alfa. Soy una mestiza. Una impostora.

—No —dijo Kael, con firmeza—. Eres la hija de Lucian y Seraphina. La sangre de los Alfas corre por tus venas. Tu loba lo sabe. Por eso aulló anoche. Por eso te respondieron.

—¿Quiénes?

—Los supervivientes. Los que aún son leales a la Luna Plateada. Están dispersos por toda la región, pero cuando oyeron tu llamado... —Kael sonrió—. Muchos vendrán. Muchos ya están aquí.

—¿Aquí? —Pregunté, mirando alrededor con nerviosismo.

—En Silver Creek. En las sombras. Esperando mi señal.

—¿Y qué señal sería esa?

Kael se levantó y caminó hacia el altar. De debajo de la piedra, sacó un pequeño cofre de madera oscura, tallado con el símbolo de la luna creciente.

—Esto era de tu padre —dijo, tendiéndomelo—. Lo dejó para ti, la noche en que naciste. Dijo que cuando lo abrieras, sabrías quién eres realmente.

Tomé el cofre con manos temblorosas. Era pesado, más de lo que esperaba. La madera estaba fría, pero en cuanto mis dedos rozaron el símbolo de la luna, sentí un calor que me recorrió todo el cuerpo, como si algo dentro de mí despertara.

—Ábrelo —dijo Kael.

Levanté la tapa. Dentro, sobre un lecho de terciopelo negro, había un colgante. Una luna de plata, con un zafiro incrustado en el centro. Y junto a él, un anillo de oro con el sello de la manada.

—El colgante es de tu madre —dijo Kael, con la voz quebrada—. El anillo es de tu padre. Son las insignias de los Alfas de la Luna Plateada.

Tomé el colgante y me lo puse. El metal estaba frío contra mi piel, pero en cuanto el zafiro tocó mi pecho, sentí una oleada de poder que me recorrió de arriba abajo. Mi loba rugió dentro de mí, no con miedo, sino con reconocimiento.

—Ahora eres tú —dijo Kael, inclinando la cabeza—. La Alfa de la Luna Plateada.

—Pero... —Tragué saliva—. No sé cómo ser una Alfa. No sé cómo liderar. No sé...

—Aprenderás —dijo Kael, con una sonrisa—. Tienes tiempo. Pero primero, hay algo que debes saber.

—¿Qué?

—Alexander Vance no es tu enemigo —dijo Kael, y su expresión se volvió seria—. O al menos, no el enemigo que crees.

—¿Qué quieres decir?

—Su padre fue el monstruo. El que ordenó la masacre. Pero Alexander... —Kael hizo una pausa, como si sopesara sus palabras—. Alexander era un niño cuando ocurrió. Un niño asustado, que creció bajo la sombra de un tirano. No participó en la destrucción de nuestra manada. De hecho, hay rumores de que ayudó a algunos de los supervivientes a escapar.

—¿Rumores? —Pregunté, incrédula—. ¿Y por qué debería creerlos?

—Porque yo fui uno de los que escapó —dijo Kael, mirándome a los ojos—. Y fue gracias a Alexander.

El silencio que siguió fue denso, cargado de significado. Sentí cómo mis creencias, mis certezas, se tambaleaban.

—¿Por qué no me lo dijo? —susurré.

—Porque no lo sabe —dijo Kael—. Alexander no recuerda lo que hizo. Era un niño, y el trauma de crecer con un padre como el suyo... —Sacudió la cabeza—. Su mente lo protegió, bloqueando esos recuerdos. Pero están ahí, en algún lugar.

—¿Y qué se supone que haga con esta información? —Pregunté, sintiendo cómo la rabia y la confusión se mezclaban en mi pecho.

—Que decidas —dijo Kael—. Puedes enfrentarlo, destruirlo, tomar su manada y su imperio. O puedes... —Hizo una pausa—. Puedes intentar salvarlo. Como él te salvó a ti, sin saberlo.

—¿Salvarme? —Repetí, incrédula.

—Alexander Vance es un hombre roto —dijo Kael—. Pero no es un monstruo. Y tú, Elena, eres la única que puede sanarlo. O destruirlo.

Me levanté del banco, con el corazón latiéndome desbocado. Todo era demasiado. Demasiadas revelaciones, demasiadas decisiones.

—Necesito tiempo —dije—. Necesito pensar.

—Tienes hasta la boda —dijo Kael—. Después de eso, ya no habrá vuelta atrás.

—¿Qué pasa después de la boda?

—La manada espera una señal —dijo Kael—. Si te casas con Alexander, si te conviertes en su Luna, la Sangre de Acero se fortalecerá. Pero si decides reclamar tu lugar como Alfa de la Luna Plateada... —Sonrió—. Entonces, la guerra será inevitable.

—¿Y tú? —Pregunté—. ¿De qué lado estarás?

—Del tuyo —dijo Kael, sin dudar—. Siempre del tuyo. Soy tu tío, Elena. Y te he estado buscando desde el día en que naciste.

Me acerqué a él y, por primera vez desde que llegué a esta ciudad, permití que alguien me abrazara. Kael me rodeó con sus brazos, y el abrazo fue cálido, seguro, como el de un padre.

—No estás sola —susurró—. Nunca más estarás sola.

Volví a la mansión antes del amanecer, con el colgante escondido bajo el camisón y el corazón lleno de preguntas.

Mientras trepaba por la enredadera hacia mi balcón, algo me detuvo. Una presencia. Un olor familiar.

Alexander.

Estaba de pie en mi balcón, con los brazos cruzados y la expresión sombría. La luz de la luna le iluminaba el rostro, revelando una mezcla de emociones que no supe interpretar.

—¿Dónde estabas? —preguntó, con una voz baja y peligrosa.

—No es de tu incumbencia —respondí, saltando al balcón y enfrentándolo.

—Eres mi esposa —dijo, dando un paso hacia mí—. Todo lo que haces es de mi incumbencia.

—Todavía no soy tu esposa —respondí, manteniendo la distancia—. Y aunque lo fuera, no soy tu propiedad.

Alexander me miró largamente. Luego, para mi sorpresa, soltó un suspiro y se pasó una mano por el cabello.

—Tienes razón —admitió—. Lo siento. Es solo que... —Hizo una pausa, como si le costara encontrar las palabras—. Cuando no estabas en tu habitación, me preocupé.

—¿Te preocupaste? —Repetí, incrédula.

—Sí —dijo, y su voz era más suave ahora—. Me preocupé. Porque hay cosas en esta casa que no entiendes. Peligros que no ves.

—¿Como qué? —Pregunté, con el corazón acelerándose.

Alexander se acercó, tan cerca que podía sentir el calor de su cuerpo, el aroma profundo de su feromona.

—Mi familia —dijo, con una voz apenas un susurro—. Mis hermanos. Mi madre. No todos están contentos con nuestra boda. Algunos... —Hizo una pausa—. Algunos preferirían verte muerta antes que como Luna de esta manada.

El frío me recorrió la espalda.

—¿Y tú? —Pregunté—. ¿Qué prefieres tú?

Alexander me miró a los ojos, y por un momento, vi algo en su mirada que no esperaba. Algo vulnerable. Algo humano.

—Yo prefiero que vivas —dijo, y su voz se quebró ligeramente—. No sé por qué. No sé qué está pasando entre nosotros. Pero sé que no quiero que mueras.

Antes de que pudiera responder, se inclinó y presionó sus labios contra los míos.

El beso fue como una explosión. Suave al principio, luego más intenso, más urgente. Sus manos se posaron en mi cintura, atrayéndome hacia él, y yo me aferré a sus brazos, sintiendo cómo el mundo se desvanecía a mi alrededor.

Cuando finalmente se apartó, ambos estábamos sin aliento.

—Eso fue... —empecé, pero no supe cómo terminar la frase.

—Lo sé —dijo Alexander, con una sonrisa triste—. Lo sé.

Se giró y caminó hacia la puerta del balcón, pero antes de entrar, se detuvo.

—Duerme —dijo, sin volverse—. Mañana hablaremos. Hay cosas que necesitas saber.

—¿Qué cosas? —Pregunté.

—Sobre mi familia —dijo—. Sobre la tuya. Sobre nosotros.

Y entró en la habitación, dejándome sola en el balcón, con el corazón hecho un lío y la mente en ebullición.

Me llevé una mano al pecho, donde el colgante de mi madre descansaba contra mi piel. El metal estaba cálido ahora, como si respondiera a mis emociones.

Alexander Vance. Mi enemigo. Mi esposo. Mi... ¿destino?

No lo sabía. Pero una cosa era segura: la guerra estaba a punto de comenzar. Y yo, Elena Reed, la última Alfa de la Luna Plateada, estaba en el centro de todo.

Pero mientras cerraba los ojos, no pude evitar pensar en Kael. En sus palabras. En sus advertencias.

Y en la forma en que me había mirado cuando me dijo que Alexander no era mi enemigo.

Como si supiera algo que yo no sabía.

Como si estuviera esperando el momento adecuado para decírmelo.

Y en algún lugar de la mansión, alguien más estaba despierto. Alguien que había estado escuchando. Alguien que había estado esperando.

Y esa persona sonrió.

1
Martha
Sube más capítulos 👄
Lupe
Sube más capítulos ☺️
mimi
sube más capítulos porfa😭
Sury Lupita
me encanta el niñito
Sury Lupita
está interesante
laura123
podrías subir más capítulos, está super interesante
dana lopez
me encanta mucho esta novela , podrías subir más capítulos
Carola Ortiz Macías
me encantó ☺️
Carola Ortiz Macías
exelente novela
Carola Ortiz Macías
más capítulos 😭
Carolina Gutiérrez
más capítulos plis😭
Amelia Macias cruz
Me encanta /Smile/
Esther Capurro
me encantó mucho esta novela
mimi
más capítulos 😭
Mamc
Excelente novela me encanta ☺️
Lupe
Más capítulos por favor
Martha
Más capítulos 😭
Martha
Amoooooo
Lupe
Excelente me encanta
Lupe
Excelente me encanta
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play