Para el mundo, Ada Medina de 35 años es una ingeniera en sistema muy exitosa en un campo dominado por hombres, pero para su familia, es solo la hermana que nunca superó a su amor de la infancia Sebastián Hernández, sin embargo, bajo la sombra de la etiqueta de “pagafantas” que su hermana Victoria con malicia se encargó de difundir, la realidad es que Ada guarda un secreto.
Desde hace años Ada vive un romance clandestino con Damián Hernández un valiente bombero de 37 años, y hermano mayor de Sebastián.
Al ser ambos los eternos postergados y los “segundos” de sus respectivas familias, han preferido mantener en secreto su “vínculo” bajo la imagen de una simple amistad para evitar el estallido de conflictos muy dolorosos.
Pero el silencio tiene un límite y Ada está a punto de demostrar que no es el plan B de nadie, y que el amor de su vida siempre estuvo ahí, esperando el momento adecuado para salir a la luz.
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Capítulo XVIII: La línea delgada del control
Pamela estaba muy convencida de su decisión de alejarlo y que Damián era tan fuerte que podría soportarlo, colgó la llamada y caminó en dirección a la habitación de Damián, hacía meses que no entraba allí, y la visión que encontró la sorprendió.
A pesar de que la empleada de limpieza mantenía el lugar impecable, se sentía extrañamente vacío y ya no quedaba prácticamente nada de la esencia de Damián: sus trofeos de atletismo, las medallas de natación, sus discos y los viejos pósteres de la adolescencia habían desaparecido por completo.
Un sentimiento muy amargo recorrió su cuerpo, y se acercó al armario para abrir las puertas de par en par, solo para encontrarse que faltaban todas sus cosas.
—¿Qué significa esto? —murmuró para sí misma, sintiendo que el aire se le escapaba de los pulmones.
Se llenó de indignación y decidió que lo llamaría nuevamente para exigirle una explicación por semejante osadía, sin embargo, el eco de la puerta principal abriéndose abajo anunció el regreso de su esposo de su viaje de negocios.
Salió de la habitación de su hijo, e hizo a un lado ese mal sentimiento pensando en que Damián jamás se alejaría de ellos.
La mañana no trajo paz a la casa de los Medina, sino que fue el inicio de un nuevo asedio, Ada se despertó muy temprano, decidida a evitar los encuentros incómodos con los miembros de su familia.
Bajó a la cocina, y para su horror, Mónica ya estaba allí sentada frente al mesón de la cocina, con una taza de café en sus manos y el rostro con aspecto de no haber dormido en toda la noche, levantó la mirada en cuanto Ada cruzó el umbral de la cocina.
—Tú y yo vamos a hablar, lo quieras o no —le soltó Mónica, con una voz cargada de veneno.
Ada se estremeció porque el recuerdo de la bofetada de la noche anterior seguía fresco en su mente, sin embargo, se obligó a no retroceder ni un paso, así que aguantó la respiración y se recordó a sí misma que ya solo faltaban dos meses para largarse para siempre de ese lugar y eso le dio la fuerza necesaria para controlar sus sentimientos.
—¿Qué pasa si no quiero hablar contigo? —le respondió Ada, con un tono de voz muy plano.
Mónica golpeó la mesa con la palma de la mano, poniéndose de pie de un salto.
—Mira, mocosa insolente… de esta casa no te vas hoy sin que tú y yo hablemos —siseó, cortándole el paso hacia la encimera.
Ada solía ser paciente, pero debido a los constantes ataques de Mónica, la ira comenzaba a hacerle perder el control, porque apenas amanecía y ni siquiera le estaba permitiendo tomarse su primera taza de café del día, y el mal humor por las pocas horas de sueño, la puso al límite.
—Quiero ver cómo me obligas a hablar contigo —la desafió Ada.
A pesar de su mejilla inflamada y adolorida por el golpe que Mónica le había propinado, ella no estaba dispuesta a demostrarle que tenía miedo.
Sin embargo, Mónica era tan maliciosa que no le importó su enojo y soltó una risa amarga ante de soltarle palabras muy venenosas.
—Eres tan insolente como tu madre… Con tal de que no te pase lo mismo que a ella.
Al escuchar el nombre de su madre, Ada se quedó lívida, y no pudo contenerse más, la sangre le hirvió en las venas, tanto que sus dedos se apretaron con tanta fuerza alrededor de la taza que tenía en la mano que sus nudillos se pusieron blancos, y estaba a segundos de aventársela al rostro de esa infame mujer.
Por suerte, un agarre firme, pero suave la detuvo justo a tiempo, Mateo que había bajado las escaleras usando su uniforme escolar, le sujetó la mano con delicadeza, bajando el brazo de su hermana para apartarla del peligro.
—Mamá hoy tengo que irme más temprano a clases—dijo Mateo mirando a Mónica con fijeza.
Mateo se interpuso sutilmente entre ambas impidiendo que escalara más la violencia, luego se giró hacia Ada con una voz tranquila.
—Hermana, es hora de irnos a clases, no podemos perder el bus.
Esa era una mentira flagrante, pero fue lo único que se le ocurrió a Mateo para evitar otro conflicto, el camino hacia la parada lo hicieron en silencio los dos hermanos, aún estaban tensos, pero a medida que se alejaban de la casa, el ambiente comenzó a aligerarse gracias a Mateo.
El chico caminaba a su lado haciéndose el mimado, arrastrando los pies y poniendo una expresión lamentable en su rostro, pero de forma teatral, esta era su forma de animarla, y finalmente lo consiguió cuando Ada rompió su máscara de indiferencia y soltó una carcajada.
Desde niño, Mateo siempre fue así, Ada recordaba, que al principio cuando lo trajeron a la casa familiar tenía cinco años y lo odiaba con la misma intensidad que al resto de esa familia de intrusos que habían invadido su espacio.
Sin embargo, el adorable niño, nunca se dio por vencido; y la buscaba en todo momento, la seguía por la casa y la miraba con esos ojos tan adorables y cargados de pura inocencia que Ada estaba segura de que incluso su propia difunta madre se habría conmovido y también lo habría amado.
—Deja el show, Mateo, que ya estamos solos, además, ya te dije que te iba a comprar la cámara profesional —dijo Ada, intentando que su voz fingiera severidad para ocultar lo mucho que le importaba hacer feliz a su hermano.
Mateo con dramatismo se llevó una mano al pecho, fingiendo estar ofendido, y la miró de reojo con una sonrisa traviesa.
—¿Ah, sí? ¿O sea que ahora un hermano no puede ser cariñoso con su hermosa hermana solo porque sí? ¡Qué herido está mi corazón!
La complicidad entre ambos era el único refugio que les quedaba, para protegerse de las arpías que esperaban en casa.
Mónica estaba muy enojada porque no pudo descargar su ira en Ada, subió a la habitación principal para discutir con Gerardo, pero para su decepción este dormía profundamente quizás debido a los analgésicos que tomó para mitigar el dolor.
—¡Qué hombre tan patético! —murmuró entre dientes, contemplándolo con absoluto desdén—Pero está muy loco si cree que voy a pasar el día cuidándolo.
Salió de la habitación dando un portazo y dirigió al cuarto de Victoria y al verla profundamente dormida sintió pesar de despertarla, pero si no la presionaba, no aprobaría el examen de admisión a la universidad y la amaba lo suficiente para no permitir que dañara su futuro.
—Levántate, cariño —le susurró, forzando un tono afectuoso mientras le daba un leve sacudón.
—Mamá… —protestó Victoria, estirándose con su habitual tono mimado y quejumbroso.
—Déjate de tonterías, Victoria, solo tienes una semana para prepararte, así que muévete, hoy mismo voy a contratar a un tutor privado para que te ponga al día porque no voy a tolerar un solo error más.
Victoria intentó cubrirse el rostro para volver a dormir, pero Mónica se lo impidió con un tirón firme de las sábanas, sepultando cualquier intento de rebeldía.
Lo mismo ocurrió en la habitación de Sebastián, cuando la puerta de su alcoba se abrió de golpe, y no fue su madre, sino su padre, el que entró a la habitación hecho una fiera.
El hombre le arrebató la cobija de un tirón y lo obligó a incorporarse, clavándole una mirada implacable, y la orden fue tajante: o se sentaba a estudiar en ese mismo instante para salvar el ingreso universitario, o al día siguiente devolvería el Toyota Corolla que le habían comprado.
Entre tanto en la secundaria, la atmósfera era muy extraña, y Ada y Mateo lo notaron de inmediato al llegar, y era como si el escándalo del día anterior jamás hubiera ocurrido.
hermosa me encantó 💕
en ningún momento ella se dejó almedendrar x esos atorrantes poca cosa , dejan mucho q desear como personas especialmente el padre