Casarse no estaba en los planes de Renata.
Y menos si habían cambiado a el que sería su esposo.
Ahora comparte casa con un hombre que poco a poco está dejando de sentirse como un completo desconocido...
Espero les guste.. cualquier opinión se los agradecería. 🤍
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Capítulo 18
A la mañana siguiente, Renata despertó con una sensación extraña.
No era preocupación.
No era estrés.
Y definitivamente no era enojo.
Era algo mucho peor.
Estaba de buen humor.
Y sabía exactamente quién tenía la culpa.
—Renata murmuró: —Esto no me gusta.
Se levantó de la cama y fue al baño.
Intentó convencerse de que estaba exagerando.
No funcionó.
Porque cada vez que recordaba la conversación de la noche anterior...
terminaba sonriendo.
Y eso era un problema enorme.
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Cuando bajó a la cocina, el aroma a café ya llenaba el ambiente.
Gael estaba sentado frente a la mesa revisando algunos documentos.
Renata se preguntó si alguna vez descansaba.
Probablemente no.
—Gael dijo: —Buenos días.
—Renata respondió: —Buenos días.
Gael levantó la vista.
—Gael preguntó: —¿Por qué sonríes?
Renata casi deja caer la taza.
—Renata respondió: —¿Qué?
—Gael respondió: —Estás sonriendo.
—Renata dijo: —No estoy sonriendo.
—Gael respondió: —Claro que sí.
Renata decidió ignorarlo.
Porque discutir solo empeoraría las cosas.
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Durante el desayuno, ambos hablaron de temas sin importancia.
Algo que cada vez ocurría más.
Antes cualquier conversación terminaba en discusión.
Ahora simplemente hablaban.
Como dos personas normales.
Y eso seguía sorprendiéndola.
Hasta que Gael dejó el teléfono sobre la mesa.
—Gael dijo: —Esta noche tengo una cena.
Renata suspiró.
—Renata respondió: —Otra.
—Gael respondió: —Lo sé.
—Renata preguntó: —¿Y por qué me lo dices?
Gael tomó un poco de café.
—Gael respondió: —Porque vienes conmigo.
Renata cerró los ojos.
—Renata dijo: —Debí verlo venir.
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El resto de la mañana pasó rápido.
Renata intentó entretenerse leyendo.
Después viendo una película.
Después caminando por la casa.
Pero terminó aburrida.
La casa era enorme.
Y aun así no encontraba nada interesante que hacer.
Por eso decidió salir al jardín.
El clima estaba agradable.
Y por primera vez desde que llegó ahí, sintió que el lugar ya no le parecía extraño.
Escuchó unos pasos detrás de ella.
Gael.
Otra vez.
—Renata preguntó: —¿No estabas trabajando?
—Gael respondió: —Estoy descansando cinco minutos.
—Renata dijo: —Increíble. Un evento histórico.
Gael soltó una pequeña risa.
—Gael respondió: —No te acostumbres.
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Renata observó las flores que bordeaban el jardín.
—Renata preguntó: —¿Siempre viviste aquí?
—Gael respondió: —No.
—Renata preguntó: —¿Y te gusta?
Gael tardó unos segundos en responder.
—Gael dijo: —Antes no mucho.
—Renata preguntó: —¿Y ahora?
Gael la miró directamente.
—Gael respondió: —Ahora sí.
Renata sintió que el corazón le dio un salto.
Porque tuvo la sensación de que no estaba hablando de la casa.
Y eso la puso nerviosa.
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Por la tarde, Renata empezó a prepararse para la cena.
Y como siempre...
ninguna ropa parecía convencerla.
Abrió el armario.
Lo cerró.
Lo volvió a abrir.
Y volvió a cerrarlo.
—Renata murmuró: —No tengo nada.
Aunque sabía perfectamente que sí tenía.
Muchísimas cosas.
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Casi una hora después bajó las escaleras.
Gael ya estaba esperando.
Y apenas levantó la vista...
se quedó inmóvil.
Renata lo notó enseguida.
—Renata preguntó: —¿Qué?
Gael parpadeó.
—Gael respondió: —Nada.
—Renata dijo: —Mentira.
—Gael respondió: —Te ves muy bien.
Simple.
Natural.
Sin exagerar.
Y aun así consiguió ponerla nerviosa.
—Renata respondió bajito: —Gracias.
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La cena se realizó en un hotel elegante.
Uno de esos lugares donde Renata sentía que podía romper algo solo con caminar.
Por suerte, Gael permaneció a su lado todo el tiempo.
Y eso la ayudó más de lo que estaba dispuesta a admitir.
Varias personas se acercaron a saludarlo.
Algunas incluso parecían conocerlo demasiado bien.
Pero él siempre terminaba regresando junto a ella.
Como si fuera lo más normal del mundo.
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Fue entonces cuando apareció una mujer.
Alta.
Elegante.
Y demasiado segura de sí misma.
—Mujer dijo: —Gael.
Renata levantó la vista automáticamente.
La sonrisa de la mujer era impecable.
Y por alguna razón...
no le gustó.
Ni un poco.
—Gael respondió: —Hola, Sofía.
Ah.
Perfecto.
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—Sofía dijo: —Hace mucho que no nos vemos.
—Gael respondió: —Sí.
—Sofía respondió: —Sigues igual.
—Gael dijo: —Eso espero.
Sofía sonrió.
Y Renata tomó un sorbo de agua para mantenerse ocupada.
Porque algo le decía que no le estaba cayendo bien.
Y ni siquiera la conocía.
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Finalmente, Sofía miró hacia ella.
—Sofía preguntó: —¿Y ella es...?
Gael respondió inmediatamente.
Sin dudar.
—Gael dijo: —Mi esposa.
Renata parpadeó.
Y por alguna razón, escuchar esa palabra de sus labios provocó algo extraño en su pecho.
Algo cálido.
Mientras tanto, Sofía parecía bastante menos contenta con la respuesta.
Y eso hizo que Renata sonriera por dentro.
Aunque jamás lo admitiría.
Todavía no.
que pongas los nombres y después lo que dicen ejemplo.
Gael: maña irás conmigo a una cena- le dijo de forma sería mirándola a los ojos