Florencia tuvo que sacrificarse por salvar a su hermano menor, vender su cuerpo por dinero, pero su sacrificio fue en vano.
Pero, esa noche tuvo consecuencias, y termina embarazada.
Ella lucha por salir adelante con sus hijos y su madre, sin saber que el hombre de aquella noche no puede olvidarla.
Shane Hillings estaba deprimido por su exnovia, quien le engañò de una forma cruel, estbaa tan mal que se sentía impotente como hombre, sin embargo, una noche con una mujer lo cambia todo, ahora obsesionado, solo quiere encontrarla, pero cuando piensa que ella no existe, decide olvidarla, hasta que un día la encuentra de nuevo ante él, como su empleada y con dos secretos de sangre que no puede ocultar, ¿puede el amor nacer de una noche de pasión?
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Capítulo: Amiga mentirosa
Cuando Hilda recibió la noticia de que Shane estaba preguntando por ella en la oficina, sintió que el corazón se le detenía por un segundo.
Trabajaba en la empresa McGregor, propiedad de la hermana de Shane y de su esposo. Su puesto en relaciones públicas era importante, pero nunca imaginó que él aparecería ahí, buscándola personalmente.
Durante un momento pensó que debía ser un error.
Pero su asistente insistió.
—Señora Hilda, el señor Hillings está aquí… y dijo que quiere hablar con usted.
Una sonrisa inevitable apareció en su rostro. Se levantó de su silla con un leve temblor en las manos. No podía negar que aquel anuncio la había tomado por sorpresa.
Shane Hillings. Solo escuchar su nombre hacía que su corazón latiera con más fuerza.
Caminó hasta el pequeño espejo que tenía en su oficina y revisó su reflejo con cuidado.
Acomodó un mechón de cabello detrás de su oreja, alisó discretamente la tela de su vestido y respiró profundo.
Quería verse impecable. Perfecta. Solo para él.
Había algo en la presencia de Shane que imponía respeto en cualquier lugar al que llegara.
No era solo su poder o su apellido; era la seguridad con la que caminaba, la mirada firme que parecía dominar cada habitación.
Cuando su asistente abrió la puerta y lo dejó pasar, Hilda no pudo evitar sonreír con una mezcla de orgullo y emoción.
Shane Hillings tenía una presencia magnética.
Alto, elegante, con una expresión que mezclaba frialdad y autoridad, parecía dominar el espacio incluso antes de pronunciar una palabra.
—Cariño —dijo Hilda con voz dulce—. Me alegra verte aquí.
Pero apenas la puerta se cerró detrás de ellos, todo cambió.
En un movimiento brusco, Shane se acercó y la tomó del cuello, empujándola contra el escritorio.
El golpe la sorprendió tanto que apenas tuvo tiempo de reaccionar. El aire se escapó de sus pulmones.
—¿Me mentiste, Hilda?
Su voz era fría.
Sus ojos, severos.
La presión de su mano la dejó sin aliento.
—E… espera… —logró decir con dificultad mientras su rostro se enrojecía por la falta de aire.
Shane la observó por un instante. Luego aflojó el agarre.
No iba a lastimarla. Nunca lo haría.
Pero la desesperación lo estaba consumiendo.
Para él solo existía una explicación: Hilda le había mentido.
Hilda cayó hacia adelante, apoyándose en el escritorio mientras tosía con fuerza.
Sus pulmones ardían.
Cuando logró recuperar un poco el aliento, levantó la mirada hacia él.
Estaba atónita.
Sabía que Shane podía tener arrebatos de ira. Había escuchado fragmentos de su historia, conocía parte del dolor que cargaba desde hacía años. Pero jamás lo había visto así.
—Cariño… —dijo con voz temblorosa—. ¿Por qué te comportas de forma tan cruel?
Intentó recuperar su compostura.
—Cualquier problema que tengamos… estoy segura de que podemos arreglarlo hablando.
Shane apretó los puños.
—¡Me mentiste, Hilda!
Su voz retumbó en la habitación.
—¿Cómo puedo confiar en ti?
Hilda frunció el ceño.
—¡Yo no te he mentido! —respondió con firmeza—. ¿Por qué dices eso?
Shane dio un paso hacia ella.
La desesperación se reflejaba claramente en sus ojos.
—Ella no está muerta.
Hilda sintió que algo se helaba dentro de su pecho.
—Me dijiste que había muerto —continuó él—. ¿Por qué lo hiciste?
—¿De qué estás hablando?
Shane se acercó más. Sus ojos ardían con una mezcla de furia y confusión.
—La mujer de aquella noche.
El rostro de Hilda se quedó completamente inmóvil.
Ahora entendía. Hablaba de esa mujer.
La joven desconocida que había aparecido una noche en la vida de Shane y que había cambiado algo dentro de él.
Aquella mujer que desde el primer momento le provocó una sensación que Hilda conocía muy bien: inseguridad.nCelos.
—Ella murió —dijo Hilda con frialdad—. ¿Por qué afirmas que no?
Shane guardó silencio.
Por un instante pareció perderse en sus propios pensamientos.
Recordó aquel momento. El rostro de la mujer. Sus ojos.
La forma en que lo había mirado. Era casi idéntica.
La mujer que había visto recientemente era prácticamente la misma.
Pero… ¿y si se equivocaba?
¿Y si solo era una coincidencia cruel?
La seguridad con la que Hilda hablaba lo confundía.
—¿Estás bien, Shane? —preguntó ella al verlo tan perturbado.
Se acercó con cautela y colocó sus manos sobre su rostro.
Pero Shane retrocedió de inmediato. No quería que lo tocara.
—Sí… —dijo finalmente, evitando su mirada—. Lo siento.
Se pasó una mano por el cabello.
—Debo irme.
Hilda frunció el ceño.
—¡Espera!
Caminó hacia él rápidamente.
—Iré contigo.
Pero Shane negó con la cabeza.
—No. Quiero estar solo.
Sin darle oportunidad de responder, salió de la oficina.
La puerta se cerró con un golpe sordo.
Hilda se quedó de pie en medio de la habitación, mirando el lugar por donde él había desaparecido.
Sus manos temblaban ligeramente. Pero no era miedo. Era furia.
Sus labios se curvaron lentamente en una expresión oscura. En su mente apareció la imagen de aquella mujer.
Una chispa de odio brilló en sus ojos.
«Maldita mujer, ¿no habrá aparecido?»
Sus pensamientos se volvieron venenosos.
«Mil veces maldita seas, mujer de la noche.»
Apretó los puños.
«No te atrevas a aparecerte en mi camino. O te darè una sepultura real»
😡😡😡
Ella lo hizo una sola vez, no se dedicó a eso y lo hizo por necesidad