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La Heredera Del Invierno

La Heredera Del Invierno

Status: Terminada
Genre:Romance / Escuela / Reencuentro / Completas
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: ska

Allegra Vance, una joven heredera criada entre lujos y excesos en la costa californiana, es enviada contra su voluntad a un internado aislado en las montañas del norte de Inglaterra tras protagonizar un escándalo que amenaza la reputación de su familia.

Lo que comienza como un castigo se transforma en un proceso de confrontación interna: el frío del lugar, la rigidez de las normas y el rechazo de sus compañeras actúan como catalizadores de una verdad que Allegra ha evitado durante años: el vacío dejado por la muerte de su madre y su incapacidad para construir vínculos reales.

En ese entorno hostil, donde cada gesto es observado y cada error tiene consecuencias, Allegra deberá decidir si sigue siendo una máscara brillante… o si se permite romperse para reconstruirse.

NovelToon tiene autorización de ska para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18: Cuando ya no puedes volver atrás

El problema no era que la vieran.

Era que empezaba a importar demasiado.

Allegra no se levantó temprano esta vez.

Se quedó en la cama más tiempo del habitual, mirando el techo con una sensación extraña en el pecho, como si algo hubiera cambiado de lugar durante la noche y todavía no supiera cómo acomodarlo.

Maeve ya estaba despierta, apoyada contra el respaldo de la cama.

—Estás pensando otra vez.

Allegra no se movió.

—Eso parece.

—¿Quieres dejar de hacerlo?

—Sí.

—¿Puedes?

Allegra giró la cabeza lentamente.

—No.

Maeve sonrió levemente.

—Bienvenida.

Allegra resopló.

—No es gracioso.

—Un poco sí.

Silencio.

Pero no incómodo.

Solo… honesto.

—No me gusta —añadió Allegra finalmente.

—¿Qué cosa?

Allegra se incorporó, pasando una mano por su cabello.

—Todo esto.

—Eso no es específico.

—Lo sé.

Maeve inclinó la cabeza.

—Inténtalo.

Allegra dudó.

Pero esta vez… no lo evitó.

—No me gusta que la gente crea que me conoce.

—Porque no lo hacen.

—Exacto.

—Pero alguien sí.

Silencio.

Eso fue directo.

Allegra la miró.

—No digas eso.

—¿Por qué?

—Porque lo hace peor.

Maeve la observó con más cuidado.

—¿Te da miedo?

Allegra no respondió de inmediato.

Pero tampoco lo negó.

—No —dijo finalmente.

Maeve levantó una ceja.

—Un poco.

Allegra suspiró.

—Un poco.

Silencio.

Pero más suave.

—No tienes que tener todas las respuestas —dijo Maeve.

—No me gusta no tenerlas.

—Lo sé.

Allegra se levantó.

—Voy a bajar.

—¿A evitar o a enfrentar?

Allegra tomó su bolso.

—A ver qué pasa.

Maeve sonrió.

—Eso es nuevo.

—No te emociones.

—Demasiado tarde.

El comedor estaba lleno otra vez.

Pero esta vez… Allegra no se sintió observada.

No tanto.

O tal vez…

ya no le importaba igual.

Se sirvió desayuno y caminó hacia una mesa.

Y entonces lo vio.

Rowan.

Solo.

Sin Clara.

Sin nadie.

Y eso…

eso debería haber sido irrelevante.

Pero no lo fue.

Allegra se detuvo un segundo.

Solo uno.

Luego caminó hacia él.

Decisión consciente.

No automática.

—Buenos días.

Rowan levantó la vista.

—Buenos días.

—¿Llegaste temprano?

—A veces pasa.

—A veces.

Silencio.

Pero no incómodo.

Allegra se sentó frente a él.

—No hay nadie mirando —dijo.

Rowan levantó una ceja.

—¿Eso es un problema?

—Es raro.

—Te estás acostumbrando.

—No estoy segura de querer hacerlo.

—No tienes que decidirlo hoy.

Silencio.

Pero ligero.

—Ayer… —empezó Allegra.

Rowan la miró.

—No fue tan terrible.

Allegra soltó una pequeña risa.

—Eso es una forma interesante de describirlo.

—Funcionó.

—Sobreviví.

—Eso cuenta.

Silencio.

Pero cómodo.

—No estoy acostumbrada a esto —dijo Allegra.

—Lo dijiste.

—Lo sé.

—Sigue siendo cierto.

—Sí.

Silencio.

Pero más profundo.

—No voy a desaparecer —añadió ella.

Rowan inclinó ligeramente la cabeza.

—No esperaba que lo hicieras.

—Bien.

—Pero tampoco tienes que demostrar nada todo el tiempo.

Allegra lo miró.

—Eso suena familiar.

—Tal vez lo es.

Silencio.

Pero esta vez… más estable.

—¿Clara? —preguntó Allegra de pronto.

Directo.

Sin rodeos.

Rowan no se sorprendió.

—Está bien.

—Eso no responde nada.

—No hay mucho que responder.

—Siempre hay algo.

Rowan la observó.

—Es nueva.

—Lo sé.

—Eso es todo.

Allegra sostuvo su mirada.

—¿Seguro?

—Sí.

Silencio.

Pero esta vez… no incómodo.

—Ok —dijo Allegra finalmente.

Y por primera vez…

lo dejó ahí.

Sin analizar.

Sin empujar.

Sin controlar.

Y eso…

eso sí que era nuevo.

El día avanzó sin sobresaltos.

Clases.

Pasillos.

Conversaciones.

Nada extraordinario.

Pero todo… diferente.

Allegra hablaba más.

Escuchaba más.

Respondía sin pensar tanto en cómo sonaba.

Y la gente lo notaba.

—Estás más… tranquila —dijo Maeve durante el almuerzo.

Allegra levantó la vista.

—¿Eso es bueno?

—Sí.

—Entonces no lo arruines.

Maeve sonrió.

—No lo haré.

Silencio.

Pero cómodo.

—No sé qué estoy haciendo —admitió Allegra.

Maeve la miró.

—Eso también es bueno.

—No para mí.

—Todavía.

Silencio.

Pero más ligero.

El patio estaba casi vacío al final de la tarde.

Allegra caminaba sola.

Sin prisa.

Sin urgencia.

Sin esa necesidad constante de moverse.

Se detuvo.

Respiró.

Miró el cielo gris.

—No puedo volver atrás —murmuró.

Y lo sabía.

No podía volver a ser la versión de sí misma que no sentía nada.

Que no se involucraba.

Que no dudaba.

Porque ya había cruzado algo.

Una línea invisible.

Y ahora…

tenía que seguir.

Aunque no supiera cómo.

—Eso no siempre es malo.

Allegra sonrió apenas.

—Empiezas a aparecer en momentos muy convenientes.

Rowan se acercó.

—Coincidencia.

—Claro.

Silencio.

Pero natural.

—Estaba pensando —dijo Allegra.

—Peligroso.

—Muy.

Rowan se detuvo a su lado.

—¿Y?

Allegra lo miró.

—Que no puedo volver atrás.

Rowan asintió levemente.

—No.

—¿Eso te parece bien?

—Sí.

Allegra lo observó.

—A mí me da un poco de miedo.

Silencio.

Pero no incómodo.

—Tiene sentido —dijo Rowan.

—No ayuda.

—No intento ayudar.

Allegra soltó una pequeña risa.

—Consistencia.

—Siempre.

Silencio.

Pero más suave.

—Pero tampoco es tan terrible —añadió él.

Allegra inclinó la cabeza.

—¿No?

—No.

Silencio.

Ella respiró hondo.

Más despacio.

Más consciente.

—Tal vez —dijo finalmente.

Y por primera vez…

no sonó como una defensa.

Sonó como una posibilidad.

Y eso…

eso lo cambiaba todo.

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Paulina Larrain
Me gusta, es distinto a lo demás que he leído. 🥰
Paulina Larrain
Está interesante, comienza distintas a otras
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