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La Número 11 Del CEO: Nunca Fue Solo Un Contrato.

La Número 11 Del CEO: Nunca Fue Solo Un Contrato.

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / CEO / Época / Completas
Popularitas:7.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Diris Basto

Camilo Casadiego es heredero único ,de los CASADIEGO con una gran responsabilidad, Pero sin intenciones de dejar herederos, su padres intervendrán para asegurar su legado.

NovelToon tiene autorización de Diris Basto para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

gustos sencillos

Ya en casa, Soleiny pasó a la cocina. Sus suegros caminaban por el jardín mientras ella, con ayuda de las empleadas, preparaba una sopa de , un postre y otros platos.

Camilo le envió un mensaje:

“No trabajaré esta tarde. Iré a almorzar a casa y luego vamos a ver los apartamentos.”

Camilo llegó puntual. Todos compartían el almuerzo; era una escena perfecta.

—Madre —interrumpió Camilo—, Sol y yo iremos en la tarde a ver unos apartamentos.

—¿Apartamentos? —preguntó el señor Guillermo.

—Sí, papá. Sol no se siente muy cómoda con tantos lujos y quiere que vivamos de manera independiente después de casarnos.

—Hija —dijo la señora Estela—, si algo te incomoda podemos cambiarlo por ti.

—No se enoje, señora Estela, no lo tome a mal —respondió Soleiny con calma—. Hace unos días apenas podía cuidar de mí misma. Solo quiero cuidar de mi esposo. Me dedicaré a eso, así que quiero hacerlo por mis propios medios.

—Te entiendo, hija. Está bien. Puedo recomendarles unos apartamentos en Villa Florida; son muy hermosos y a buen precio.

—Mmm, mamá… Villa Florida es un conjunto de lujo. Iremos a barrios de clase media, así lo desea Sol. Ya tengo algunas recomendaciones.

—Ya veo… Bueno, solo espero que nos visiten seguido. Te diría que llevaras una empleada contigo, pero entiendo que quieres cuidar a tu esposo como en un hogar común, y eso me alegra. Veo que a mi hijo no le incomoda. Entonces disfruten la tarde. Recuerda que mañana iremos por el vestido.

—Está bien, mamá.

Un par de horas más tarde, Camilo y Sol visitaban apartamentos. Después de ver varios, aún no se decidían; todos le parecían demasiado lujosos.

En una parada encontraron una casa en un conjunto cerrado: de un solo piso, sin muebles. Al verla, Soleiny se llevó las manos al rostro, como si hubiese encontrado un tesoro. Camilo no entendía su emoción.

Era una casa sencilla: sala, cocina, dos habitaciones, servicios, un garaje, jardín delantero y un patio de tamaño medio.

—¿Con tan poco te emocionas? —dijo Camilo, algo incrédulo, acostumbrado a los gustos exigentes de otras mujeres.

—No es poco… es ideal. Mira la cocina, es perfecta, y el patio… ni hablar. ¿Ves el césped tan verde? Tendremos que comprar muebles, pero solo los necesarios… si no hay problema —dijo Sol, bajando un poco la mirada, como si pidiera demasiado.

Camilo rió.

—Está bien, seré generoso con los muebles. Ya has ahorrado bastante con la casa.

—Caballero, nos quedamos con esta —le dijo al asesor inmobiliario—. Envíe los documentos a este correo. Mandaré a alguien que se encargue del trámite.

El joven asintió y tomó la tarjeta que Camilo le entregó. Luego, Camilo tomó a Sol de la mano y salieron al auto.

—Ahora vamos por los muebles.

Sol asintió.

—¿A dónde los llevo, señor? —preguntó el chofer.

—Al centro, a las mueblerías. Sol, ¿qué prefieres, moderno o rústico?

—Rústico —respondió ella de inmediato.

—Bien, entonces iremos a muebles rústicos. Y ya que tenemos tiempo… ¿cómo te fue esta mañana? —preguntó Camilo, mirando al conductor por el espejo.

El conductor solo movió los ojos y fingió una leve tos.

—Fui sola —interrumpió Sol.

—¿Cómo? —Camilo se dirigió al chofer—. Te dije que la acompañaras —reclamó molesto.

—No es su culpa. Yo le pedí que no me acompañara. Llevar este auto a un barrio marginado puede terminar mal. Los delincuentes solo ven dinero.

El conductor se sorprendió, y Camilo también.

—¿Por qué no me dijiste que vivías en esos barrios?

—No me habrías dejado ir sola.

—Tienes razón… pero dijiste que no tenías nada de valor. Hubiera enviado a alguien.

—Realmente, Camilo, agradezco tu preocupación. Solo quería despedirme personalmente de la señora Marta. No te molestes, no iba a ponerte en riesgo a ti ni a tu chofer por recoger unas fotos viejas de mis padres.

Camilo guardó silencio. Se sintió un poco apenado. No entendía por qué ella no aprovechaba la oportunidad de vivir con más comodidades.

En fin, disfrutaré tu compañía, pensó.

La abrazó suavemente y besó su frente.

—Está bien… no quiero enojarme contigo. Mira —señaló por la ventana—, creo que llegamos.

Después de un rato compraron los muebles: de las mejores maderas. Camilo dejó todo pago, pero aclaró que avisaría cuando la casa estuviera lista y enviaría la dirección para la entrega.

Luego, la pareja fue a una heladería y regresó tarde a casa.

Al día siguiente, Camilo salió temprano rumbo a la empresa.

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