Magia, traición y un juramento silencioso marcan el inicio de una historia donde la inocencia se convierte en determinación. En un reino construido sobre mentiras, incluso las almas más puras pueden oscurecerse.
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Capítulo 18: Sangre Entre las Llamas
El edificio entero parecía estar conteniendo la respiración.
Las paredes viejas crujían.
La madera rechinaba.
El aire estaba lleno de polvo, sudor, sangre y una tensión tan pesada que casi se podía tocar.
En medio del caos, el gigante lanzó otro golpe brutal.
Luego otro.
Y otro más.
Sus puños bajaban con la intención de aplastar.
Sus pasos hacían vibrar el suelo.
Su tamaño y su fuerza deberían haber bastado para dominar cualquier combate cuerpo a cuerpo.
Pero no contra Asahi.
No esa noche.
No bajo esa luna.
🌑 Un Ritmo Inalcanzable
Asahi no retrocedía.
Tampoco se apresuraba.
Simplemente…
Se movía.
Bloqueó un golpe con el antebrazo endurecido por su magia de sangre.
Desvió otro con un giro seco del cuerpo.
Esquivó un tercero inclinándose apenas, permitiendo que el puño del gigante cortara el aire a centímetros de su rostro.
Cada movimiento suyo era exacto.
Frío.
Calculado.
Como si el combate no le exigiera pensar, sino solo recordar algo que llevaba demasiado tiempo haciendo.
El gigante rugió con frustración.
Volvió a atacar.
Más rápido.
Más violento.
Más desesperado.
Y aun así…
Asahi seguía leyéndolo con una facilidad humillante.
Como si estuviera varios pasos adelante.
Como si cada intento del hombre ya hubiera muerto antes de empezar.
🌹 Himari y la Jaula
Mientras tanto, Himari reaccionó de inmediato.
Aprovechando que la atención del gigante estaba completamente sobre la figura encapuchada, corrió hacia donde estaban las chicas encerradas.
Sus botas golpearon con fuerza el suelo de piedra mientras se deslizaba entre escombros y cuerpos caídos.
Llegó a la celda improvisada.
Miró el candado.
Frunció el ceño.
—Qué porquería.
Con un movimiento seco de su espada, rompió el candado de un solo golpe.
La puerta se abrió con un chirrido metálico.
Las chicas la miraron con ojos llenos de pánico y esperanza.
—¡Rápido! —ordenó Himari—. ¡Salgan!
Las primeras dos comenzaron a moverse de inmediato.
La tercera apenas dio un paso fuera de la celda cuando algo cambió.
Un ruido.
Pequeño.
Metálico.
Demasiado tarde para ignorarlo.
💥 La Trampa Final
Uno de los bandidos que había quedado inconsciente en el suelo se levantó apenas, con el rostro cubierto de sangre y una expresión retorcida de puro odio.
Tenía una mano temblorosa apoyada en una pequeña caja metálica conectada a varios recipientes ocultos entre la madera vieja y los rincones del lugar.
Bombas.
Himari abrió los ojos.
—¡No—!
BOOOOM
La explosión sacudió toda la estructura.
Las llamas estallaron de golpe.
La onda expansiva atravesó el aire como un martillo brutal.
Himari alcanzó a empujar a una de las chicas antes de que el impacto la golpeara de lleno.
Su espalda se estrelló con violencia contra los barrotes de la celda abierta.
¡CLANG!
El aire abandonó sus pulmones de golpe.
Un dolor agudo recorrió toda su espalda.
La vista se le nubló por un segundo.
El calor llenó el lugar al instante.
Madera incendiada.
Piedra agrietándose.
Gritos.
Caos.
Himari apretó los dientes con furia mientras se incorporaba apenas, todavía adolorida.
—Bastardo…
🩸 Castigo Instantáneo
El bandido, viendo que el fuego ya había hecho suficiente desastre, intentó correr hacia una salida lateral.
No iba a llegar.
Asahi ni siquiera volteó del todo.
Solo juntó la palma de sus manos por un instante.
Y la sangre respondió.
Un chorro rojo salió disparado a presión brutal.
No fue elegante.
No fue hermoso.
Fue rápido.
Directo.
Letal.
El ataque atravesó el espacio y alcanzó al bandido antes de que pudiera dar tres pasos completos.
Todo terminó en un solo instante.
Seco.
Definitivo.
Como si Asahi hubiera aplastado una molestia menor sin darle más importancia de la necesaria.
Luego volvió su atención al gigante.
Como si aquello ni siquiera hubiera interrumpido su concentración.
⚔️ Velocidad Inhumana
El gigante, ahora enfurecido y desesperado, comenzó a lanzar golpes más rápidos.
Mucho más rápidos.
Era evidente que estaba usando alguna clase de potenciación física o magia corporal para aumentar su velocidad y fuerza.
Sus brazos se volvieron un borrón de violencia.
Los impactos contra paredes, columnas y restos de madera arrancaban escombros por todas partes.
Pero aun así…
Asahi seguía esquivando.
A veces por centímetros.
A veces con un simple giro de hombro.
A veces desapareciendo del punto exacto donde iba a caer el ataque.
Himari, todavía de pie entre el humo y el fuego, lo vio con sus propios ojos.
Y no pudo evitar pensarlo.
¿Cómo demonios puede moverse así?
No era simplemente rapidez.
No era solo reflejo.
Era algo más.
Algo antinatural.
Algo que no encajaba con la lógica normal de un cuerpo humano.
Aquel hombre no estaba solo peleando mejor.
Parecía pelear desde otro ritmo.
Como si el mundo a su alrededor fuera más lento para él.
Y eso hizo que un escalofrío incómodo recorriera a Himari, incluso en medio del fuego.
🌹 Salvar Primero
El techo empezó a crujir más fuerte.
Pedazos de madera encendida comenzaron a caer.
La estructura estaba al borde del colapso.
Himari respiró con dificultad, ignoró el dolor en la espalda y se concentró en lo importante.
Las chicas.
—¡Muévanse! —ordenó con dureza.
Las tomó una por una, empujándolas hacia la salida más cercana.
Una lloraba.
Otra apenas podía correr.
La tercera seguía mirando hacia atrás, hacia la figura encapuchada que seguía peleando entre llamas.
—¡Ahora no! —le gritó Himari, arrastrándola prácticamente hacia la salida.
Finalmente logró sacar a todas del edificio.
El aire exterior golpeó sus rostros con frío y humo al mismo tiempo.
Las chicas cayeron al suelo tosiendo.
Himari respiró con fuerza una sola vez.
Y entonces giró la cabeza de inmediato.
Porque él seguía adentro.
🌑 El Colapso
La entrada principal ya estaba medio cubierta por llamas.
El techo comenzó a hundirse.
El fuego se extendía por cada rincón del lugar.
Himari dio un paso hacia adelante.
Luego otro.
Con la respiración agitada y el cuerpo todavía resentido por la explosión.
—¡Oye! —gritó, sin pensar demasiado.
Pero no hubo respuesta.
Solo crujidos.
Solo fuego.
Solo el sonido de la estructura muriendo.
Himari intentó entrar otra vez.
El calor la golpeó en el rostro con violencia.
Las llamas rugieron frente a ella como una barrera viva.
Tuvo que cubrirse el brazo.
Retrocedió por puro instinto.
Apretó los dientes con frustración.
—¡Maldita sea…!
Y adentro…
la pelea aún no había terminado.
🩸 El Látigo de Sangre
Entre el humo, las llamas y la caída de escombros, el gigante lanzó otro golpe desesperado.
Asahi se agachó lo justo para esquivarlo.
Y entonces, esta vez sí, decidió terminarlo.
Una línea de sangre salió disparada desde su brazo y tomó forma en el aire.
Se alargó.
Se tensó.
Y en cuestión de un instante se convirtió en algo parecido a un látigo de sangre.
Rápido.
Flexible.
Mortal.
Asahi lo lanzó.
El látigo se enroscó alrededor de la cabeza del gigante con violencia.
El hombre apenas tuvo tiempo de reaccionar.
Asahi tiró con fuerza.
Lo desestabilizó.
Lo obligó a bajar.
Y en el mismo movimiento, avanzó un paso.
Uno solo.
Lo suficiente.
Su puño se cerró.
La magia de sangre endureció su brazo hasta un nivel brutal.
Y entonces…
golpeó.
Un impacto certero.
Directo a la cabeza.
Seco.
Monstruoso.
Definitivo.
El cuerpo gigantesco se desplomó con un peso brutal entre llamas y escombros.
Ya no iba a levantarse.
🌙 Una Sombra que No Se Queda
Afuera, Himari seguía mirando con el corazón acelerado.
El fuego ya rodeaba todo.
La estructura entera comenzó a derrumbarse.
Y por un segundo…
por uno solo…
creyó que no iba a salir.
Pero entonces una silueta apareció entre el humo.
Negra.
Cubierta por la capucha.
Caminando entre las llamas como si no le pertenecieran.
Asahi no corrió.
No gritó.
No mostró apuro.
Simplemente avanzó.
Y cuando una columna encendida cayó cerca de él, desapareció hacia la oscuridad lateral del callejón antes de que la vista pudiera seguirlo con claridad.
Solo eso.
Un instante.
Un movimiento.
Y luego nada.
El fuego terminó de tragarse el edificio.
Las llamas iluminaron el rostro de Himari por un segundo.
Sus ojos dorados seguían fijos en el lugar donde lo había visto por última vez.
Su respiración era pesada.
Su espalda dolía.
Y su mente…
su mente estaba peor.
Porque ahora ya no era solo un rumor.
Ya no era solo una historia de tres chicas asustadas.
Ahora ella misma lo había visto.
Lo había sentido.
Lo había peleado cerca.
Y lo peor de todo…
Era que no podía quitarse de encima esa sensación.
La sensación insoportable de que esa sombra imposible…
le resultaba demasiado cercana.
Fin del Capítulo 18