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EN LA FRONTERA DEL DESEO

EN LA FRONTERA DEL DESEO

Status: En proceso
Genre:Omegaverse
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Un omega que no se doblega.
Un Enigma incapaz de amar.
Cuando el deseo rompe el control, solo una elección puede salvarlos… o destruirlos.

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17: Donde la cercanía pesa

El amanecer tiñó el claro de un gris suave. La frontera despertaba con ese silencio engañoso que precede a los días difíciles. El grupo se preparó en calma, pero la quietud no era paz: era anticipación.

Rhydian ajustó las correas de su abrigo. El cansancio se le había acumulado en los hombros, pero el cuerpo seguía respondiendo. Al alzar la vista, encontró la mirada de Severin ya sobre él. No era vigilancia. Era una presencia constante, como si el Enigma hubiera aprendido el peso exacto de su ausencia.

—¿Dormiste algo? —preguntó Rhydian en voz baja.

—Lo suficiente —respondió Severin.

No era verdad, y ambos lo sabían.

Avanzaron por un tramo de bosque bajo, donde las ramas formaban un techo irregular. El sendero se volvía estrecho en algunos puntos, obligándolos a caminar en fila. Rhydian quedó justo detrás de Severin. Cada vez que el Enigma apartaba una rama, el movimiento levantaba un aire frío que rozaba el rostro de Rhydian. La cercanía era inevitable. Y cada inevitabilidad se sentía como una elección no dicha.

Un ruido seco a la izquierda los tensó. No fue un ataque: un ciervo escapó entre los arbustos. Aun así, Severin alzó la mano para detener al grupo. El gesto fue rápido. Su antebrazo rozó el pecho de Rhydian al extenderse. El contacto fue mínimo. La descarga, no.

Severin retiró el brazo con la misma precisión con que daba órdenes.

—No te acerques tanto —dijo sin mirarlo.

—No soy yo quien se detiene sin avisar —replicó Rhydian, con una calma que ocultaba la tensión en su propia respiración.

Siguieron adelante. El aire entre ambos estaba cargado de algo que no era peligro externo. Era ese silencio que pesa cuando se sabe que un paso más cambiaría la forma de nombrarse.

Al mediodía, encontraron un arroyo estrecho. El grupo se dispersó para beber y rellenar odres. Rhydian se arrodilló en la orilla, hundiendo las manos en el agua fría. El reflejo le devolvió un rostro cansado, los ojos ámbar más oscuros de lo habitual.

—No fuerces el cuerpo —dijo Severin a su espalda—. Estás tensando de más el hombro izquierdo.

Rhydian no se giró.

—¿Ahora también me lees la postura?

—Te observo —respondió Severin—. Es parte de mi trabajo.

—A veces parece más que eso.

Severin guardó silencio. El murmullo del arroyo ocupó el espacio entre ambos. Rhydian se incorporó despacio. Al girarse, la distancia quedó reducida a un par de respiraciones. No se tocaron. No hacía falta. La cercanía tensaba el aire.

—Si me observas tanto —dijo Rhydian—, al menos admite que no es solo por estrategia.

Severin sostuvo su mirada. Por un latido, pareció que iba a negar. No lo hizo.

—No todo lo que observo es útil —admitió.

La confesión fue mínima. Bastó para que el pecho de Rhydian se apretara de una forma distinta al cansancio.

Un llamado desde el grupo los obligó a separarse: uno de los soldados había resbalado en una roca mojada. No fue grave. El momento se dispersó, pero no se disipó del todo. Volvió a ellos en pequeños gestos: Severin ajustando el paso al de Rhydian; Rhydian girando la cabeza cuando sentía la mirada gris posarse en su perfil.

Al caer la tarde, acamparon en una hondonada protegida del viento. El fuego era bajo; las sombras se alargaban en las paredes de tierra. Rhydian se sentó a estirar el hombro que Severin había notado antes. La tensión le mordía por dentro.

—Déjame ver —dijo Severin, acercándose.

—No necesito— empezó Rhydian.

Severin no lo tocó de inmediato. Señaló el ángulo incorrecto del movimiento.

—Si sigues forzando así, mañana no podrás levantar el brazo con la misma fuerza.

Rhydian suspiró, cediendo.

—Entonces dime cómo.

Severin corrigió la postura con indicaciones breves. Para mostrar el ángulo correcto, apoyó dos dedos en el hombro de Rhydian. El contacto fue funcional. Preciso. Y aun así, el pulso de Rhydian traicionó su calma.

Severin retiró la mano.

—No era necesario —dijo Rhydian en voz baja, sabiendo que mentía.

—Era útil —respondió Severin, con una neutralidad que ya no engañaba a ninguno de los dos.

El fuego crepitó. Afuera, la frontera respiraba con su indiferencia habitual.

Esa noche, al acomodarse para dormir, el espacio entre sus mantas volvió a ser mínimo. No se tocaron. No se dijeron nada. Pero cuando Rhydian se giró en la oscuridad, sintió que Severin hacía lo mismo, casi al mismo tiempo.

Dos respiraciones que no encontraban descanso.

Dos pulsos que ya no mentían tan bien.

La tensión seguía creciendo. Y ambos lo sabían.

Si quieres, el Capítulo 18 puede llevar esta tensión a un peligro real que los obliga a coordinarse cuerpo a cuerpo (una huida nocturna, un paso estrecho bajo lluvia), para que la cercanía deje de ser solo emoción y se vuelva confianza en movimiento.

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"katu azul"
buenoooooo que comience la diversión /Scream//Scream//Scream/
pryz
Estos dos son lentos
pryz
No puedo con estos dos
pryz
Repito son tontos
pryz
Ya empezamos con los celos 🤭
pryz
Tontos los dos
pryz
Estos son tontos o se hacen
pryz
Se siente en el corazón pero lo que se usa para pensar es la cabeza amigo
Rosario Simental: no me gusta leer en pausas se pierde el interés. ponganlas completas y seguiré siendo su fiel lectora. gracias
total 1 replies
pryz
Asi se habla sin pelos en la lengua
pryz
Vamos bien, no se deja
pryz
Quw manera de decir me gustas
pryz
Ok vamos bien, nada de protas tontos
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