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La Número 11 Del CEO: Nunca Fue Solo Un Contrato.

La Número 11 Del CEO: Nunca Fue Solo Un Contrato.

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / CEO / Época / Completas
Popularitas:7.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Diris Basto

Camilo Casadiego es heredero único ,de los CASADIEGO con una gran responsabilidad, Pero sin intenciones de dejar herederos, su padres intervendrán para asegurar su legado.

NovelToon tiene autorización de Diris Basto para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Sergio

Laura interrumpió los pensamientos de Guillermo desde la puerta.

—Cariño, la cena está servida. Te preparé tu plato favorito.

Guillermo se levantó lentamente del sillón del balcón y entró en la casa. El aroma de la comida llenaba el comedor, cálido y bien iluminado. La mesa estaba servida con cuidado, como cada noche.

Ambos tomaron asiento mientras la empleada terminaba de acomodar los platos. Luego se retiró en silencio, dejándolos solos.

Guillermo miró alrededor antes de comenzar a comer.

—¿Camilo no viene a cenar? —preguntó.

Laura negó suavemente con la cabeza.

—Creo que no, cariño. No contesta mis llamadas… pero no te angusties. Disfruta tu comida. Luego seguimos hablando del tema. No quiero que te enfermes.

Guillermo suspiró, pero intentó sonreír.

—Está bien… eres un tesoro. Por eso te amo tanto.

¿Qué te parece si después de cenar vamos al jardín?

Laura sonrió.

—Me parece perfecto.

Guillermo probó el primer bocado y asintió con aprobación.

—Mmm… delicioso. Cocinas de maravilla.

Después de comer, ambos se dirigieron hacia el jardín. Detrás de ellos, las empleadas comenzaron a recoger la mesa en silencio.

—Por favor, ¿puedes llevarnos algo de té azul en unos minutos al jardín? —pidió Laura.

—Sí, señora. En un momento —respondió la empleada.

Afuera, el aire era fresco y tranquilo. Caminaron hombro a hombro por el sendero de piedra. Los pompones recién abrían sus pétalos y mostraban colores suaves bajo la luz de las lámparas del jardín.

Laura tomó una de las flores entre sus manos y suspiró.

Luego miró a su esposo.

—¿Ya pensaste en algo? —preguntó con voz suave—. ¿Qué haremos con nuestro hijo?

Aunque Laura ya tenía algunas ideas en mente, prefería escuchar primero a Guillermo. Nunca quería hacerlo sentir menos importante con sus propias conclusiones.

Guillermo tardó unos segundos en responder.

—La verdad… no se me ha ocurrido nada. No entiendo a ese chico… ¿Por qué huye del compromiso?

Se quedó en silencio un momento.

—O acaso será…

Negó con la cabeza.

—No… no es posible.

Laura lo miró con curiosidad.

—¿Será qué? ¿Qué piensas?

Guillermo dudó antes de hablar.

—Bueno… de repente me surgió una duda. La verdad es que nunca he hablado con mi hijo de hombre a hombre… pero… ¿Y si Camilo tiene algún problema?

Laura frunció ligeramente el ceño.

—¿Qué tipo de problema?

Guillermo bajó la voz.

—¿Y si sufre de impotencia?

Laura abrió los ojos con sorpresa.

—¿Impotencia?

—Es que no encuentro otra explicación —continuó Guillermo—. Sus noviazgos terminan de un momento a otro. Quizás las chicas se aburren… quizás deciden separarse y prefieren guardar silencio. Eso explicaría por qué ninguna familia reclama nada.

Se quedó pensando unos segundos más.

—Aunque… también podría ser otra cosa.

Laura lo miró fijamente.

—¿Te refieres a que… tal vez…?

Guillermo asintió lentamente.

—Tal vez a Camilo no le gustan las mujeres.

Laura suspiró.

—La verdad… yo también lo he pensado. Me parece sospechoso. Además, pasa mucho tiempo con ese amigo suyo… Sergio. Aunque tiene novia desde hace años, tampoco se ha casado ni tiene hijos.

Guillermo cruzó los brazos, pensativo.

—Pero ahora que lo dices… lo de la impotencia también podría ser un problema real. La pregunta es… ¿cómo lo averiguamos?

Ambos guardaron silencio por un momento.

En ese instante, la empleada apareció con la bandeja de té. A unos metros se encontraba un pequeño kiosco con una mesa y algunos muebles de jardín. La mujer dejó la bandeja allí y se retiró discretamente.

Guillermo y Laura caminaron hasta el kiosco y tomaron asiento. Laura sirvió el té con calma.

—Creo que tengo una idea —dijo finalmente.

Guillermo la miró con atención.

—En unos días viene el doctor Rafael para mi chequeo trimestral. ¿Qué te parece si adelantamos el chequeo del personal… y de paso hacemos que Camilo también se revise?

Guillermo negó con una leve sonrisa.

—Sabes que Camilo detesta los médicos.

Laura pensó unos segundos.

—Tienes razón… se me olvidaba.

Tomó un sorbo de té.

—Entonces hablaré con el doctor Rafael sobre nuestras preocupaciones. Tal vez podamos decirle que existe alguna sospecha genética… algo que pueda convencer a Camilo de hacerse unos exámenes.

Guillermo asintió.

—Me parece bien… pero ¿qué haremos después? ¿Y si todo sale bien? ¿Y si el problema tiene solución? ¿Cómo lo convenceremos de casarse?

Suspiró.

—¿Y con quién? Recuerda que ninguna chica de la alta sociedad quiere saber nada de él. Se ha ganado una fama terrible.

Laura lo miró con seriedad.

—Hay algo más que me preocupa.

—¿Qué cosa?

—Ninguna de sus exnovias tiene pareja ahora… ¿Lo has notado?

Guillermo frunció el ceño.

—Es verdad…

—Es como si… después de estar con Camilo… les diera miedo relacionarse con otros hombres.

Guillermo se quedó en silencio.

—Un problema físico explicaría eso…

Laura asintió lentamente.

—Exacto.

Ambos intercambiaron una mirada inquieta.

—Primero averigüemos qué pasa —dijo finalmente Laura—. Luego buscaremos una solución.

Guillermo tomó su taza de té.

—Sí… primero el problema… luego la solución.

En el centro de la ciudad.

Camilo reía mientras jugaba billar en un salón elegante . Lo rodeaban varios jóvenes empresarios, todos vestidos con trajes costosos y relojes brillantes.

Parecía divertirse mucho.

Como si no tuviera ninguna preocupación en el mundo.

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