Amar puede ser tan grande para atravesar fronteras, incluso mundos. Pero el amor será tan fuerte para vencer profesias y guerra
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Capítulo X Un Día Solo para Nosotros
El campamento despertaba con el sonido habitual de pasos, órdenes y aullidos lejanos.
Pero esa mañana, Ariana no estaba en el claro.
Ni Kael.
Por primera vez desde que habían sellado su unión, decidieron desaparecer por un día.
No como Alfa y Luna.
No como líderes.
Sino como Ariana y Kael.
—¿Estás segura? —preguntó él mientras caminaban entre los árboles, alejándose del territorio central.
Ella sonrió con esa mezcla de firmeza y dulzura que solo él lograba ver por completo.
—Si seguimos posponiéndolo, siempre habrá algo más urgente.
Kael no discutió.
Tenía razón.
La guerra latente. Las fronteras tensas. La responsabilidad constante.
Siempre había algo.
Por eso, esa mañana eligieron no escuchar a la manada.
Eligieron escucharse a ellos.
Caminaron durante horas hasta llegar a una zona del bosque que pocos visitaban. Un lago cristalino descansaba entre montañas bajas, rodeado de árboles altos que protegían el lugar como guardianes silenciosos.
El agua reflejaba el cielo con una calma perfecta.
—Aquí —murmuró Ariana.
Kael observó el paisaje.
Luego la observó a ella.
—Perfecto.
No necesitaron más palabras.
Se quitaron las botas y caminaron descalzos sobre la hierba húmeda. Ariana soltó una risa suave cuando el agua fría tocó sus pies.
Kael la miraba como si no existiera nada más en el mundo.
Y por un día…
No existía.
Ella giró hacia él.
—¿En qué piensas?
Él dio un paso más cerca.
—En que nunca te había visto tan ligera.
Ariana bajó la mirada un segundo.
—Porque siempre estoy pensando en lo que debo ser.
Kael levantó suavemente su mentón.
—Hoy no debes ser nada.
Solo quédate conmigo.
El silencio que siguió fue cargado de emoción contenida.
Ariana apoyó sus manos en el pecho de él.
—Entonces no me mires como Luna.
—Nunca te miro solo como Luna.
El beso que compartieron fue distinto a los anteriores.
No tenía urgencia.
Tenía profundidad.
Se movieron lentamente hacia la orilla, el agua rodeando sus piernas mientras sus manos exploraban con calma, con reverencia.
Kael deslizó sus dedos por la espalda de Ariana, sintiendo cómo ella se acercaba más, confiando, entregándose sin reservas.
Ella pasó sus manos por el cuello de él, por sus hombros, memorando cada línea de su cuerpo como si fuera la primera vez.
No había espectadores.
No había reglas.
Solo la naturaleza como testigo.
Cuando salieron del agua, se recostaron sobre la hierba tibia, envueltos por el sol del mediodía.
Kael la atrajo sobre él.
Sus respiraciones comenzaron a mezclarse, a volverse más intensas.
Ariana sintió cómo el deseo crecía, pero no era descontrolado.
Era decidido.
Ella besó su cuello lentamente.
—Hoy no quiero límites —susurró contra su piel.
Kael respondió atrapando sus labios con una pasión más profunda, sosteniéndola con firmeza pero con cuidado.
El mundo se redujo a sensaciones.
A la piel contra piel.
Al calor compartido.
A los susurros bajos entre besos.
Se amaron con libertad, sin prisa, dejándose llevar por el vínculo que ya no necesitaba palabras para existir.
Cada caricia era una reafirmación.
Cada beso, una elección.
El tiempo dejó de importar.
Cuando finalmente quedaron abrazados bajo el cielo abierto, el lago tranquilo frente a ellos, Ariana apoyó la cabeza en el hombro de Kael.
—Esto necesitábamos —murmuró ella.
Él besó su cabello.
—Lo necesitábamos más de lo que sabía.
Ella dibujó círculos suaves sobre su pecho.
—Prométeme que, pase lo que pase… siempre encontraremos momentos así.
Kael la abrazó con más fuerza.
—Aunque el mundo se incendie, siempre habrá un lugar donde pueda tenerte así.
El viento movió suavemente las hojas de los árboles.
El bosque guardó su secreto.
Y cuando el sol comenzó a descender, regresaron al campamento distintos.
Más conectados.
Más fuertes.
No porque fueran Alfa y Luna.
Sino porque, por un día completo, eligieron amarse sin medida…
Y recordar que antes del poder, antes de la guerra, antes del destino…
Estaban ellos.