Takumi, un joven de 16 años alegre, honesto y fanático de la justicia, muere en un accidente menor, pero cuando abre los ojos… se encuentra dentro de su videojuego otome favorito. Para su sorpresa, no es la heroína, sino el omega villano, condenado a un final trágico y odiado por todos los personajes. Pero lo que Takumi no esperaba era que su destino en el juego empezara a desviarse… gracias al protagonista secundario, un alfa amable y torpe que parece destinado a sufrir, pero que termina atrayéndolo de formas inesperadas y muy cómicas.
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Capítulo 17: Situaciones absolutamente innecesarias
Takumi descubrió dos verdades importantes esa mañana.
La primera: no podía moverse libremente sin que alguien lo siguiera.
La segunda: Hikaru era terriblemente malo fingiendo que no lo estaba protegiendo.
—Capitán —dijo Takumi sin girarse—. Si das un paso más fuerte, el piso va a confesar tu posición.
Hikaru se detuvo en seco.
—…Estoy caminando normal.
—No —respondió Takumi—. Estás caminando en modo amenaza inminente.
Hikaru frunció el ceño.
—No existe tal modo.
Takumi sonrió.
Desde que se había iniciado la investigación secreta, Hikaru había intensificado su presencia. No de forma evidente —nada de guardias extra o formaciones militares—, sino apareciendo casualmente en todos los lugares donde Takumi estaba.
Demasiado casualmente.
—Hoy quiero ir al mercado —anunció Takumi durante el desayuno.
Hikaru alzó la vista del informe.
—No es recomendable.
—Quiero ir —repitió Takumi—. A comprar cosas normales.
—Su Alteza no compra cosas normales.
—Voy a hacerlo —dijo Takumi, levantándose—. Y tú vienes.
—Eso no es una invitación —respondió Hikaru—. Es una orden encubierta.
—Exacto.
El mercado estaba lleno, colorido, ruidoso. Vendedores gritaban ofertas, niños corrían entre los puestos y el aroma a comida caliente flotaba en el aire. Takumi caminaba con evidente entusiasmo, mirando todo con curiosidad genuina.
—¡Mira eso! —exclamó, señalando unas figuras talladas—. ¿Crees que se parezcan a mí?
Hikaru las observó.
—No.
—¿Por qué tan rápido?
—Porque esas son elegantes.
Takumi se llevó una mano al pecho.
—¡Qué cruel!
La vendedora rió.
—Su acompañante es muy serio —comentó—. ¿Es su hermano?
Hikaru se tensó.
—No.
Takumi respondió al mismo tiempo:
—No.
Se miraron.
—Es… —empezó Takumi.
—Su guardia —dijo Hikaru.
—Mi… amigo —corrigió Takumi sin pensar.
Silencio.
La vendedora sonrió con malicia.
—Ah… ya veo.
—¡No vea nada! —dijo Takumi rápidamente.
Hikaru se aclaró la garganta.
—Debemos continuar.
Pero el daño estaba hecho.
Más adelante, Takumi se detuvo frente a un puesto de dulces.
—Quiero eso —dijo, señalando unos pequeños bocados cubiertos de miel.
—No sabemos qué contienen —respondió Hikaru.
—Azúcar.
—Y posiblemente otras cosas.
Takumi tomó uno y lo mordió sin dudar.
—Mm… —murmuró—. Definitivamente vale la pena el riesgo.
—Su Alteza…
Takumi le acercó otro a la boca.
—Prueba.
Hikaru se quedó inmóvil.
—Eso no es apropiado.
—Es un dulce —insistió Takumi—. No una declaración política.
La gente alrededor miraba con curiosidad.
Hikaru suspiró… y aceptó.
—…Está bien —admitió tras probarlo—. Es aceptable.
Takumi sonrió triunfante.
—¡Victoria!
De regreso al palacio, ocurrió el verdadero desastre.
Takumi decidió ayudar en la cocina comunitaria que abastecía uno de los nuevos centros sociales. Se ató un delantal sin saber muy bien cómo… y terminó enredado en él.
—No puedo moverme —anunció—. Creo que el delantal me ha derrotado.
Hikaru lo observó en silencio unos segundos.
—Permítame.
Se acercó, desató el nudo… y se quedó demasiado cerca.
Demasiado.
—Gracias —dijo Takumi en voz baja.
Sus miradas se cruzaron.
Ninguno se movió de inmediato.
—Ejem.
Ambos se separaron al mismo tiempo.
—Esto —dijo Takumi rápidamente—. Esto es incómodo por razones absolutamente innecesarias.
Hikaru asintió.
—Coincido.
Una de las cocineras los observó con una sonrisa enorme.
—¿Son pareja?
—¡NO! —respondieron al unísono.
Silencio.
—Todavía no —añadió ella, guiñando un ojo.
Takumi se escondió detrás de un saco de harina.
Hikaru miró al techo.
Más tarde, ya en los pasillos del palacio, Takumi caminaba con las mejillas aún calientes.
—Esto fue un error —murmuró.
—No lo fue —respondió Hikaru—. El pueblo lo vio… normal.
Takumi lo miró.
—¿Y eso es bueno?
Hikaru lo pensó un segundo.
—Sí —dijo—. Muy bueno.
Caminaron en silencio unos pasos más.
—Capitán —dijo Takumi—. Gracias por hoy.
—¿Por qué?
—Por no detenerme… incluso cuando hago cosas innecesarias.
Hikaru esbozó una sonrisa mínima.
—Mientras sean seguras… puedo tolerarlas.
Takumi rió.
Y sin darse cuenta, ambos olvidaron por un momento:
el complot,
el destino,
y el miedo.
Lo cual, por supuesto, significaba que la calma no duraría.
Pero por ahora…
Había sido un buen día.
Sigue así 🥰🥰🥰🥰