A veces los sentimientos llegan cuando menos deberían.
Una noche cualquiera, una convivencia inesperada y una conexión que nunca estuvo en los planes.
Esta no es una historia perfecta, es real, intensa y llena de decisiones que marcan para siempre.
Porque hay amores que no se buscan… simplemente pasan.
NovelToon tiene autorización de M. Valen para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 19: Cuando la duda empieza a tomar forma
El silencio no solo se escuchaba.
Se sentía.
Era ese tipo de silencio que se mete bajo la piel, que pesa más que una discusión y que no se rompe ni siquiera cuando alguien habla. Desde lo que había pasado con mis amigas, todo parecía estar suspendido en una cuerda floja, y yo caminaba sobre ella sin saber cuánto tiempo más podría mantener el equilibrio.
Alejandro estaba distinto.
No desde ese día.
Desde antes.
Yo había querido convencerme de que era cansancio, estrés, trabajo… cualquier cosa menos lo que en el fondo empezaba a sospechar: que él también estaba sintiendo que algo no cuadraba conmigo.
Esa noche, la casa estaba en calma. Mi tía y su mamá dormían. El televisor apagado. Las luces bajas. Solo nosotros dos en la habitación, compartiendo un espacio que ya no se sentía seguro.
Yo estaba sentada en la cama, con la espalda apoyada en la pared, abrazando una almohada como si eso pudiera sostenerme. Alejandro estaba de pie, de espaldas a mí, revisando algo en su celular. No hablábamos desde hacía rato.
Alejandro:
—Mel…
Mi cuerpo se tensó apenas escuché mi nombre.
Melani:
—¿Sí?
Guardó el teléfono y se giró lentamente. Me miró como si estuviera intentando descifrar algo que no terminaba de encajar.
Alejandro:
—¿Te sientes bien últimamente?
La pregunta parecía sencilla. Pero no lo era.
Melani:
—Sí… normal.
Alejandro:
—No te veo normal.
Tragué saliva.
Melani:
—Ale, de verdad, estoy bien.
Se sentó en la cama, a una distancia prudente. No me tocó. Eso ya decía demasiado.
Alejandro:
—Últimamente comes poco.
—Duermes mucho.
—Te mareas.
—Te duele la cabeza.
(pausa)
—Y estás más sensible.
Sentí un escalofrío recorrerme el cuerpo.
Melani:
—Eso no significa nada.
Alejandro:
—Puede que no.
(me sostuvo la mirada)
—O puede que sí.
Mi corazón empezó a latir más rápido.
Melani:
—¿Qué estás insinuando?
Respiró hondo, como si le costara decirlo.
Alejandro:
—¿Cuándo fue la última vez que te bajó?
El mundo se me vino encima.
Melani:
—¿Qué?
Alejandro:
—No te estoy acusando de nada.
—Solo…
(se pasó la mano por la nuca)
—es una pregunta.
Me incorporé de inmediato, a la defensiva.
Melani:
—Alejandro, eso no es algo que se pregunta así.
Alejandro:
—Lo sé.
—Pero tampoco es normal todo lo que está pasando contigo.
Sentí miedo. Miedo real.
No podía permitir que siguiera por ese camino.
Melani:
—Me bajó hace poco.
Mentí con seguridad. Demasiada.
Alejandro:
—¿Seguro?
Melani:
—Sí.
Me miró durante largos segundos. Yo no bajé la mirada. Sabía que si lo hacía, perdería.
Alejandro:
—Entonces… ¿por qué te comportas como si estuvieras cargando algo encima?
Melani:
—Porque lo estoy.
Alejandro:
—¿Qué cosa?
Respiré hondo, preparando el terreno.
Melani:
—Presión.
—Culpa.
—Miedo.
—Todo lo que pasó con tu mamá.
—Mis amigas alejándose.
—La universidad.
—Tú distante.
Eso lo descolocó.
Alejandro:
—Yo no estoy distante.
Melani:
—Sí lo estás.
Se hizo un silencio incómodo.
Alejandro:
—No es a propósito.
Melani:
—Pero duele igual.
Se acercó un poco más.
Alejandro:
—Mel…
—He pensado cosas.
Mi estómago se cerró.
Melani:
—¿Como qué?
Alejandro:
—Que quizás estás arrepentida.
—Que tal vez todo esto ya te pesa más de lo que quieres admitir.
—Que puede que estés pensando en alejarte de mí.
Eso me golpeó más de lo que esperaba.
Melani:
—¿De verdad crees eso?
Alejandro:
—No lo sé.
—Por eso pregunto.
Me acerqué a él. Despacio. Sin tocarlo todavía.
Melani:
—Ale…
—Si yo estuviera embarazada…
(sonreí apenas, nerviosa)
—¿crees que estaría así de tranquila?
Se quedó helado.
Alejandro:
—¿Tranquila?
Melani:
—Sí.
—No estaría durmiendo.
—No estaría comiendo cualquier cosa.
—No estaría yendo a pasantías como si nada.
—Estaría hecha un desastre.
Guardó silencio.
Melani:
—Y no lo estoy.
—Estoy cansada, sí.
—Pero no embarazada.
Eso era justo lo que necesitaba que creyera.
Alejandro:
—Es que…
—anoche soñé algo raro.
Melani:
—¿Qué soñaste?
Alejandro:
—Que estabas llorando en el baño.
—Que me decías que había algo que no podías decirme.
Sentí un nudo en la garganta.
Melani:
—Los sueños no siempre significan algo.
Alejandro:
—A veces sí.
Melani:
—Y a veces solo reflejan miedos.
Me acerqué más. Esta vez lo abracé. Su cuerpo respondió de inmediato, aunque seguía tenso.
Melani:
—Mírame.
Lo hice alzar la cara.
Melani:
—Si estuviera embarazada…
—¿crees que podría mentirte así?
Me sostuvo la mirada. Buscaba grietas. No las encontró.
Alejandro:
—No lo sé.
Melani:
—Confía en mí.
Cerró los ojos unos segundos.
Alejandro:
—Es solo que…
—la idea me atravesó la cabeza.
Melani:
—¿Y te asustó?
Alejandro:
—Mucho.
Melani:
—A mí también me asustaría.
Eso era verdad.
Solo que no por las mismas razones.
Alejandro:
—Pero si dices que no es eso…
Melani:
—No lo es.
Me separé apenas para mirarlo mejor.
Melani:
—Alejandro, mírame bien.
—¿Ves a alguien que esté ocultando una vida dentro?
Sonrió, nervioso.
Alejandro:
—No.
Melani:
—Entonces deja de torturarte.
Me besó la frente, como buscando calma.
Alejandro:
—Perdón.
—Supongo que estoy paranoico.
Melani:
—Lo estás.
Se recostó en la cama y me jaló con él. Me acomodé a su lado, con cuidado, controlando cada movimiento.
Alejandro:
—No quiero perderte.
Melani:
—No me estás perdiendo.
Mentí otra vez.
Se quedó en silencio, acariciándome el brazo.
Alejandro:
—Prométeme algo.
Melani:
—¿Qué cosa?
Alejandro:
—Si algún día hay algo que yo deba saber…
—me lo dirás.
Cerré los ojos.
Melani:
—Te lo prometo.
Esa fue la mentira que más me dolió decir.
Porque mientras Alejandro se quedaba tranquilo, convencido de que su sospecha había sido solo una equivocación, yo sabía que la verdad seguía creciendo dentro de mí… silenciosa, paciente, esperando el momento exacto para estallar.
Y esa noche, mientras él dormía abrazándome con la seguridad de quien cree haber despejado todas sus dudas, yo permanecí despierta, con la mirada fija en la oscuridad, entendiendo que ya no se trataba solo de ocultar un secreto…
Sino de sobrevivir al peso de sostenerlo sola.